La noche interminable en la estepa: por qué esta película turca se siente como un viaje y no como un thriller
El director Nuri Bilge Ceylan convierte la búsqueda de un cadáver en las estepas de Anatolia en una experiencia hipnótica que incomoda y recompensa a partes iguales. Una rareza disponible en streaming que reescribe las reglas del suspenso.
Imaginate la escena: son casi las once de la noche y una hilera de autos con las luces amarillas va cruzando una llanura inmensa, sin árboles, sin pueblos a la vista. Adentro viajan un fiscal, un médico forense, un puñado de gendarmes y dos sospechosos que no se acuerdan dónde dejaron el cuerpo que tienen que encontrar. Es el arranque de Érase una vez en Anatolia, la película que Nuri Bilge Ceylan estrenó después de esa pequeña joya introspectiva que fue Los tres monos, y que a mí, te confieso, me dejó agotado y fascinado a la vez.
La premisa es de esas que cualquiera podría resumir en dos líneas: un asesino y su cómplice, borrachos cuando cometieron el crimen, acompañaron a la policía esa noche con la promesa de mostrar el lugar exacto donde enterraron a la víctima. El problema es que no lo recuerdan. Entonces la comitiva seInternado”: ["SeInternado”: la película arranca con una promesa: el fiscal y los gendarmes salgan a recorrer la estepa hasta que los dos sospechosos señalen el punto exacto. El médico forense los acompaña, porque hay que certificar todo en el lugar.", "El viaje se vuelve una sucesión de paradas largas, dilaciones y conversaciones que parecen intrascendentes hasta que uno se da cuenta de que está contando una historia personal, un recuerdo de la guerra, una infidelidad.", "El paisaje funciona como un personaje más: la oscuridad, el polvo, las luces lejanas de aldeas que aparecen y desaparecen.", "La búsqueda termina al amanecer, pero la auténtica pesquisa es la que cada uno hace sobre sus propias contradicciones."]}
Un cine que se mide por silencios
Un cine que se mide por silencios, no por plot twists
Ceylan arrastra desde hace una década una fama de director lento, observador, obsesivo con los detalles que el montaje tradicional descarta: una pausa antes de responder, un bostezo contenido, un vaso de té que alguien sirve sin decir nada. Acá lleva esa firma hasta el extremo. La película dura dos horas y media y el grueso de ese metraje es conversación nocturna entre hombres cansados. No hay persecuciones, no hay revelaciones, no hay un giro que te vuele la cabeza. Lo que hay, y esto es lo que a mí me parece su hallazgo más provocador, es la angustia de convivir todos los días con la muerte sin terminar de acostumbrarse.
El reconocimiento de Cannes y el lugar en la historia
El reconocimiento internacional y dónde verla
La película ganó el Gran Premio del Jurado en Cannes y hoy se la cuenta entre las obras centrales del cine turco contemporáneo. Para quien quiera comprobar de qué se trata la apuesta de Ceylan, está disponible en la plataforma Filmin.
- La acción mínima se compensa con una observación casi etnográfica de los personajes y el paisaje.
- El ritmo lento no es un capricho estético: busca que el espectador comparta el cansancio de la comitiva.
- El suspenso no viene de qué va a pasar, sino de cómo se deteriora la convivencia entre los protagonistas.
- La película se sostiene por interpretaciones contenidas, sin golpes de efecto ni música estridente.
- Requiere paciencia y disposición a entregarse al tiempo del relato; no es una opción para verla de noche con el piloto automático.
“Es de esas películas que te dejan pensando días después, no porque haya develado un misterio sino porque te obliga a mirarte mientras mirás a los personajes.”Sofía Agüero
