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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Milán bajó el telón con una pasarela que viajó del brillo setentoso a la sastrería de los noventa

Prada, Fendi, Gucci, Dolce & Gabbana y Armani mostraron sus apuestas para la temporada primavera-verano 2027 en una semana que combinó experimentación, sensualidad y guiños históricos, además de debuts y despedidas entre los equipos creativos.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 6 d
Milán bajó el telón con una pasarela que viajó del brillo setentoso a la sastrería de los noventa

El sol cae a plomo sobre el quadrilatero de la moda milanesa y las pasarelas parecen querer devolverlo en destellos. La Semana de la Moda de Milán cerró su edición dedicada a las colecciones primavera-verano 2027 con un recorrido que fue de la experimentación más sobria al maximalismo más estridente, pasando por el brillo y la sensualidad como denominadores comunes. Las grandes casas italianas volvieron a poner sobre la mesa un mapa amplio de referencias, donde conviven los años setenta, los noventa y el espíritu rupturista de los dos mil.

La semana la abrió Prada, que volvió a situar a la falda como verdadera protagonista del guardarropa. Bajo la conducción de Miuccia Prada y de Raf Simons, la dupla creativa que ya se consolidó como una de las más observadas del calendario internacional, la maison propuso siluetas que iban del plisado más clásico al rectángulo más austero, con grandes aberturas que dejaron ver piernas y movimientos. Los estampados se animaron en florales de gran escala, lazos que se escapaban de los hombros y apliques con aspecto de joya, mientras las lentejuelas aparecieron en distintas intensidades para confirmar que el verano que viene se va a llevar con luz propia.

Lencería, leopardos y bolas de espejos

Fendi bajó la persiana y subió la temperatura. La casa romana puso la sensualidad en primer plano con una colección que trabajó transparencias, encajes y prendas inspiradas en la lencería, en un rescate explícito de la estética de los años setenta. El equipo creativo sumó además un guiño muy sentido: la propuesta rindió homenaje a Raffaella Carrà, figura icónica de la cultura popular italiana, como modo de anclar la colección en una memoria compartida que va más allá de la moda.

  • Marni, con Meryll Rogge al frente, apostó a las combinaciones inesperadas: parkas con sandalias, lunares con rayas y suéteres amplios sobre pantalones de cuero, en una lógica de contraste que ya se volvió sello de la diseñadora belga.
  • Roberto Cavalli regresó al espíritu de los dos mil con estampados animales, denim de tiro bajo y transparencias pensadas para brillar bajo el sol.
  • Gucci presentó su segunda colección con Demna como director creativo, en una puesta que simuló una boutique de lujo y mezcló abrigos de piel sintética, sastrería entallada, referencias ecuestres y faldas con corte noventero.
  • Dolce & Gabbana viajó al corazón de Sicilia para reconstruir los guardarropas de las grandes familias de la isla, con encajes, leopardo, bordados y joyas pensadas como herencia.
  • Armani cerró la semana con Silvana Armani a cargo de la colección, que mantuvo la elegancia sobria de la casa y le sumó cristales, lentejuelas y metalizados; sobre la pasarela desfilaron vestidos fluidos en blanco y negro y siluetas ligeras que centellearon bajo una bola de espejos.

Debuts, despedidas y la pregunta que queda en el aire

Lo que pasó fuera de la pasarela también dejó tela para cortar. Glenn Martens presentó su última colección para Diesel tras cinco años al frente de la marca, en una despedida que se leyó como cierre de un ciclo creativo que reubicó a la firma italiana en la conversación global. En paralelo, Simone Rizzo y Loris Messina debutaron en Moschino con una propuesta que recuperó el humor y la irreverencia históricamente asociados a la casa, en un intento claro por devolverle a la marca algo de su ADN más provocador.

Si algo dejó claro esta edición de la Semana de la Moda de Milán es que la próxima primavera-verano se va a leer en clave de contrastes: faldas que se abren paso entre los pantalones, lentejuelas que conviven con denim gastado, lencería que sale a la calle y sastrería que se ajusta al cuerpo. Las grandes casas italianas ofrecieron un menú amplio, con referencias que van de los setenta a los dos mil, y dejaron a la industria y a las calles con la misma pregunta que se repite al cierre de cada edición: con cuál de todas estas propuestas se animará la gente a vestirse cuando llegue el calor.

TG

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