Hayato Date, el director que le dijo no al mundo y ganó: cómo blindó a Naruto de la presión extranjera
El realizador japonés confesó en una conferencia en la India que desde el arranque del anime hubo un operativo internacional para empujar la serie hacia el gusto de afuera. Eligió proteger la obra de Kishimoto, ignorar las quejas de Estados Unidos por las armas de filo y construir el show pensando exclusivamente en el público de su país. Hoy, con la película live action en marcha, esa decisión vuelve a ser tema de debate.
Me imagino la sala de producción de Naruto allá por 2002, con esas maquetas gigantes de la Villa Oculta de la Hoja colgando del techo y un equipo de animadores que todavía estaba ajustando los últimos cuadros del primer arco. En ese ambiente, con olor a café recalentado y el runrún permanente de los motores de los relojes de exposición, había un dato que cruzaba toda la mesa como un fantasma: el manga de Masashi Kishimoto ya era un fenómeno afuera de Japón y los ojos de la prensa internacional estaban clavados en lo que se venía. Lo que nadie esperaba era que el director, Hayato Date, iba a usar ese peso como combustible para hacer exactamente lo contrario de lo que le pedían.
Date lo contó sin vueltas en una presentación dentro del marco de Anime India, y las declaraciones, replicadas por sitios especializados, muestran a un realizador que tomó una decisión de manual: si vas a hacer una serie japonesa, pensá como japonés. La cita es elocuente. Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón, reconoció el director, y remató con una frase que define toda su filosofía de trabajo: Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera.
La regla que se puso el equipo
Antes de animar una sola toma de combate, el equipo de Date se hizo una sola pregunta y la convirtió en brújula: qué necesitaba la serie para funcionar en Japón. Todo lo demás quedó subordinado a esa respuesta. No era un capricho ni una postura artística para la foto: era una forma de defender la identidad de un manga que ya tenía miles de lectores locales y que, por su naturaleza, dependía de códigos culturales muy específicos.
- Date confirmó que medios de prensa de Estados Unidos y de otros países viajaron a la conferencia de producción y mostraron un interés inusual para la época en una serie animada japonesa.
- La serie recibió quejas formales desde el mercado estadounidense por el uso de kunai y otras armas de filo por parte de los personajes, un recurso central del universo creado por Kishimoto.
- El director eligió ignorar el reclamo: si le sacás los kunai, ya no es Naruto, explicó, y agregó que su objetivo era que el público de afuera viera la serie tal cual era, sin adaptaciones que la diluyeran.
- La estrategia fue resistir la censura del mercado más lucrativo fuera de Japón y sostener la obra como un producto cultural japonés, no como una franquicia exportable desde el vamos.
El legado y la sombra de la película live action
A más de dos décadas de su estreno, Naruto sigue siendo una de las series animadas de mayor alcance global, en la misma conversación que Dragon Ball y One Piece, y eso le da la razón a Date en retrospectiva. Pero la pregunta vuelve a instalarse con fuerza en la actualidad: la película de acción real que se encuentra en desarrollo bajo la dirección de Destin Daniel Cretton reabre el debate sobre hasta dónde se puede adaptar una obra japonesa para que funcione en cines norteamericanos sin traicionar su esencia. El equipo de producción estadounidense tendrá que tomar un camino que, en el fondo, Date ya marcó hace veinte años.
“Si quitas los kunai, ya no es Naruto.”Hayato Date, director del anime
Yo, que vengo siguiendo al ninja de la frente marcada desde aquella tarde de cable en la que me enganché con el examen Chuunin, no puedo evitar leer esta historia como una pequeña lección de coherencia. Date no se subió al caballo de la exportación fácil ni cedió a la tentación de suavizarle los bordes a una obra que, justamente, vivía de esos bordes. Apostó por la fuente, bancó las consecuencias comerciales y, con el tiempo, construyó un clásico. Cuando pienso en la adaptación que viene, me queda una sensación encontrada: celebro que se haga, pero me da cierto escozor imaginar decisiones pensadas más para un ejecutivo de Hollywood que para un lector de Kishimoto. Si la película quiere durar en la memoria como duró la serie, más le vale aplicarse la misma receta que aplicó Date: primero Japón, después el resto. Y vos, ¿creés que las adaptaciones occidentales de animes deberían respetar el material original sin cambios o es válido ajustar el contenido para cada audiencia?
