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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Hábitos que cuidan la memoria: qué reveló el mayor estudio regional sobre prevención de la demencia

Especialistas de once países, entre ellos Argentina, presentaron en Buenos Aires los resultados de LatAm-FINGERS, un ensayo que siguió durante dos años a más de mil personas mayores para medir cómo impacta una estrategia combinada de alimentación, movimiento, entrenamiento mental, vínculos sociales y control cardiovascular en las capacidades cognitivas.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 29 d
Hábitos que cuidan la memoria: qué reveló el mayor estudio regional sobre prevención de la demencia

Esta mañana, en una sala llena de colegas y cámaras, una investigadora tomó el micrófono en un encuentro internacional de neurología y se permitió una sonrisa antes de hablar de cifras. Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI, miró el atril, acomodó sus papeles y arrancó con una frase que sonó a confesión: durante años la ciencia persiguió la pastilla milagrosa contra la demencia y, mientras tanto, la prevención quedó relegada a un segundo plano. Hoy, dijo, ese escenario empieza a cambiar. El sol de Buenos Aires se colaba por los ventanales del salón y afuera, sobre la avenida, el viento movía las hojas de los jacarandáes que todavía conservan algo del último florecimiento.

El motivo del encuentro fue la presentación de los resultados de LatAm-FINGERS, el ensayo clínico más grande realizado hasta ahora en América latina para evaluar si una intervención combinada de hábitos saludables puede proteger la memoria y otras funciones cognitivas en personas mayores. El estudio, que se extendió durante dos años, incluyó a 1.065 participantes de entre 60 y 77 años distribuidos en once países de la región, con un diseño pensado para reflejar la diversidad cultural y social del continente.

Una estrategia que suma, no que reemplaza

La propuesta que se puso a prueba no apunta a un solo factor sino a cinco ejes que se sostienen entre sí: alimentación saludable, actividad física regular, entrenamiento cognitivo, fortalecimiento de los vínculos sociales y control de los factores de riesgo cardiovascular como hipertensión arterial, diabetes, dislipidemia y tabaquismo. La idea de fondo es que el cerebro no funciona como un órgano aislado sino como parte de un organismo al que también hay que cuidar, y que muchas de las amenazas que lo aquejan en la vejez se construyen silenciosamente durante décadas.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI

Crivelli, que vive en el barrio de Belgrano y llega cada mañana al instituto con el mismo café en la mano, insistió en que las recomendaciones no se impusieron como un paquete único sino que se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad. En algunos sitios, las propuestas alimentarias se organizaron alrededor de productos locales y de precios accesibles; en otros, las actividades de ejercicio se diseñaron pensando en los espacios públicos disponibles, desde plazas hasta centros de jubilados. Esa flexibilidad, explicó, fue tan importante como el contenido mismo de la intervención.

  • Alimentación: incorporación de patrones saludables adaptados a la oferta y los sabores de cada país, con énfasis en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y reducción de ultraprocesados.
  • Movimiento: caminatas, ejercicios aeróbicos y de fuerza programados según la edad y las posibilidades de cada participante, con metas concretas y progresivas.
  • Actividad mental: ejercicios de memoria, atención y razonamiento, sumados a actividades placenteras que impliquen aprender algo nuevo, como un idioma o un instrumento.
  • Vínculos sociales: encuentros grupales, actividades recreativas y participación en redes comunitarias para combatir el aislamiento, un factor de riesgo cada vez más reconocido.
  • Cuidado cardiovascular: control periódico de presión arterial, glucemia y colesterol, junto con acompañamiento para dejar de fumar y reducir el consumo de alcohol.

Los participantes fueron divididos en dos modalidades de acompañamiento. Uno de los grupos recibió una intervención más estructurada, con actividades organizadas y contactos frecuentes con equipos de salud; el otro contó con recomendaciones para incorporar los hábitos de manera más autónoma. Ambos grupos recibieron orientación preventiva, y la diferencia radicó fundamentalmente en la intensidad del seguimiento y en la oferta de instancias presenciales.

Mejoras concretas, con prudencia

Los resultados mostraron una mejora significativa en la cognición global entre quienes formaron parte del grupo con intervención más estructurada, en comparación con el grupo que recibió recomendaciones generales. Además, el ensayo permitió medir la viabilidad misma del programa: el 80% de los participantes tuvo una adhesión moderada o alta a las actividades propuestas, y el 84,9% completó la evaluación final, una cifra que los investigadores consideran muy alentadora para un estudio de dos años con personas mayores de sesenta.

Sin embargo, Crivelli fue tajante al señalar que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice por sí sola evitar la demencia. La demencia, recordó, es una condición multifactorial en la que inciden la genética, el ambiente, las enfermedades crónicas, el nivel educativo y otros determinantes que todavía no se comprenden del todo. Lo que sí permite afirmar la evidencia, sostuvo, es que el enfoque combinado ofrece herramientas concretas para reducir riesgos, retrasar el deterioro y mejorar la calidad de vida de quienes envejecen.

Cuando el encuentro terminó y los asistentes empezaron a levantar las carpetas, la investigadora volvió a sonreír. Afuera, el sol de la tarde todavía pegaba fuerte y el mismo viento de la mañana seguía revolviendo las hojas en la vereda. Antes de cruzar la puerta, Crivelli se detuvo un instante y le dijo a una colega que la prevención nunca fue tan importante como ahora, porque la cantidad de personas mayores en América latina crecerá de manera sostenida durante las próximas décadas y los sistemas de salud no podrán, solos, contener el avance de estas enfermedades. Esa idea, repetida a lo largo de toda la jornada, se transformó en una suerte de compromiso compartido: si la memoria se cuida mucho antes de que los primeros olvidos aparezcan, todavía queda tiempo para actuar.

TG

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