Dead Man's Wire: el thriller de Gus Van Sant que se refugia en el streaming
Bill Skarsgård encarna a Tony Kiritsis, el hombre que secuestró al hijo de un banquero para contar su historia en la tele. Después de un paso fugaz por las salas, la película llega a Movistar Plus para encontrar al público que se le escapó en la taquilla.
Hay una imagen que se me quedó pegada apenas arranqué a leer sobre esta película: la de un hombre entrando a la sucursal de un banco con un aparato colgado del dedo como si fuera un anillo raro, y del otro lado del cable, la promesa de apretar un botón que iba a convertir una disputa por un terreno en una tragedia nacional. Esa postal inicial ya define todo lo que viene después en Dead Man's Wire, el film de Gus Van Sant que acaba de desembarcar en Movistar Plus después de un paso por las salas más bien tibio: tres millones ochocientos mil dólares de recaudación, un presupuesto que se por debajo de los quince millones y la sensación de que la historia merecía otra chance.
La historia es real y tiene la textura delirante de las cosas que solo pasan en Estados Unidos. Tony Kiritsis era un tipo común que había pedido un préstamo para comprar un terreno y, cuando se lo negaron, se convenció de que el banco quería quedarse con la propiedad para hacer negocio. En lugar de aceptarlo, fue a la sede de la entidad, tomó como rehén al hijo del dueño con un dispositivo casero pero potencialmente letal y formuló dos pedidos muy puntuales: una indemnización económica y la posibilidad de hablar en la televisión nacional para contar lo que le había pasado. Esa mezcla de reclamo concreto y necesidad de micrófono es el corazón de la película y, también, la razón por la que el caso sigue resultando tan inquietante más de medio siglo después.
Un director que vuelve a su zona de comfort
Gus Van Sant es un nombre que a esta altura ya no necesita demasiada presentación para cualquiera que siga el cine independiente norteamericano. Antes de Dead Man's Wire, el director venía de films como Good Will Hunting, Milk y la osada promesa tríptico que incluyó Gerry y Last Days, además del corrosivo Todo por un sueño. Lo que vuelve a aparecer acá es su vieja obsesión por personajes outsiders que se estrellan contra las reglas del sistema y terminan buscando salidas desesperadas, muchas veces fuera de los márgenes. Kiritsis encaja como anillo al dedo en esa galería: es un hombre que no encaja en ningún casillero, ni en el de víctima, ni en el de villano, ni en el de héroe.
El peso de la historia recae en Bill Skarsgård, el actor sueco que se hizo conocido por Pennywise en It y que acá demuestra, una vez más, que puede moverse con igual soltura en el terror y en el drama. Su Kiritsis es contenido, rígido en la superficie, pero con una tensión que va creciendo de a poco, como la mecha de un artefacto. La película construye con él una atmósfera de thriller clásico, con esas tomas largas que estiran los minutos y dejan al espectador contando las respiraciones, y un montaje que recuerda a las coberturas mediáticas de los años setenta, cuando la tele y la policía se mezclaban en la vereda.
La música del cierre y la pregunta que queda
Hay un detalle que me parece clave y que define bastante el tono del film: el cierre viene acompañado por un tema de Gil Scott-Heron, músico asociado a la canción política y a la denuncia del sistema. No es un adorno: es una manera de cargar de sentido el desenlace sin necesidad de explicarlo con un gran letrero luminoso. Dead Man's Wire no termina de resolver sus propias contradicciones, y creo que eso, lejos de ser un defecto, es parte de lo que la vuelve interesante: deja flotando la pregunta sobre hasta dónde puede llegar alguien que decide protestar solo contra estructuras que claramente lo superan.
“La película no resuelve sus contradicciones del todo, pero propone una lectura sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan.”Lectura editorial
Y acá aparece, me parece, la gran pregunta para pensar mientras uno la mira acurrucado en el sillón: si esta clase de cine, la del thriller de género con intención claramente autoral, tiene más futuro en las plataformas que en las salas. Yo tengo mi opinión, y la voy a tirar con la honestidad que me caracteriza: creo que sí, que hoy un film así encuentra en el streaming un público más cercano a su pulso, gente que está dispuesta a sentarse, bajar el volumen del living y dejarse llevar por una historia que pide tiempo y atención. La sala, con su inmediatez y sus pochoclos, a veces le juega en contra a un cuento tan intimista como este. Dead Man's Wire, en Movistar Plus, tiene la oportunidad de encontrar a la audiencia que la taquilla le negó, y se la recomienda de corazón a quien todavía conserve la paciencia para dejarse llevar por un thriller lento, raro y, por eso mismo, necesario.
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