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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando lo que se ve o se cree se vuelve un problema: la importancia de pedir una consulta a tiempo

Ver cosas que otros no ven, sentir que el cuerpo cambia de tamaño o sostener ideas firmes que afectan los vínculos son motivos suficientes para pedir una evaluación médica. Especialistas explican por qué esas experiencias no deben minimizarse y cómo se encara el estudio clínico.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 10 d
Cuando lo que se ve o se cree se vuelve un problema: la importancia de pedir una consulta a tiempo

El sol de la tarde cae sobre el consultorio mientras una mujer de Floresta, a la que vamos a llamar Marcela, le cuenta al médico que desde hace algunas semanas ve sombras en las paredes de su pieza, sobre todo cuando se acuesta a dormir. Está convencida de que no son reales, pero no puede evitar que le generen intranquilidad. A su lado, un hombre de San Telmo describe una sensación distinta: le parece que la mesa del living se estira y se achica, como si la habitación respirara. Ninguno de los dos tiene un diagnóstico todavía. Ambos, sin embargo, comparten una misma decisión: la de consultar.

Para los profesionales de la salud mental y de la neurología, esa decisión es la más importante. No hace falta saber qué está pasando para pedir una evaluación médica. Los cambios repentinos en la visión, las distorsiones persistentes del tamaño de los objetos o las sensaciones físicas sin explicación son motivos de consulta, coinciden los especialistas. También lo son las creencias firmes sobre la salud o las personas cercanas que provocan malestar intenso y afectan los vínculos cotidianos.

No es lo mismo distorsionar que alucinar o delirar

Para orientar esa evaluación, importa distinguir experiencias que suelen confundirse. Una distorsión modifica la percepción de algo que existe, como sentir que una habitación cambió de tamaño. Una alucinación supone percibir algo sin un estímulo externo que lo produzca. Un delirio, en cambio, es una creencia fija que se mantiene pese a las pruebas en contrario. Esa diferencia, que parece técnica, es central: no todas las experiencias se estudian de la misma manera ni conducen al mismo tipo de atención.

Ver figuras que nadie más ve no indica, por sí solo, una enfermedad psiquiátrica. En el síndrome de Charles Bonnet, personas con pérdida importante de visión pueden percibir imágenes complejas y, al mismo tiempo, reconocer que no son reales. La evaluación contempla exámenes neurológicos y cognitivos y, en presentaciones atípicas, estudios de neuroimagen para descartar otras causas. Lo mismo ocurre con las alteraciones del tamaño aparente del cuerpo o del entorno. El llamado síndrome de Alicia en el País de las Maravillas puede modificar la percepción visual, corporal y temporal, y suele estar asociado a cuadros como la migraña o, en menores, a encefalitis.

  • Una distorsión modifica algo que está presente: por ejemplo, sentir que una habitación se encogió.
  • Una alucinación es percibir algo que no tiene estímulo externo: voces, sombras, figuras.
  • Un delirio es una creencia fija que se sostiene aunque haya pruebas en contra.
  • Los celos delirantes no equivalen a los desacuerdos habituales de pareja: requieren evaluación profesional.
  • Sentir organismos sobre la piel o debajo de ella exige descartar antes una infestación real u otras causas médicas.

Otras manifestaciones comprometen las creencias sobre uno mismo o los demás. Pueden incluir la convicción de no existir, de haberse transformado en un animal o de que una persona cercana fue reemplazada por un impostor. Estas experiencias requieren atención profesional y, según remarcan los especialistas, no deben interpretarse como conductas voluntarias. Del mismo modo, cuando alguien siente que tiene organismos sobre la piel o debajo de ella, la evaluación debe descartar una infestación real, déficits vitamínicos, trastornos tiroideos, infecciones y consumo de sustancias antes de considerar un diagnóstico psiquiátrico primario. El tratamiento, en todos los casos, depende de lo que el estudio clínico encuentre.

Afuera, el viento mueve las hojas de los jacarandás y la luz de la tarde se va apagando. Marcela y el hombre de San Telmo vuelven a sus casas con turnos programados y con la tranquilidad de haber dado el primer paso. No tenían un diagnóstico al llegar, pero sí tenían algo que suele ser más difícil: la decisión de preguntar. Porque, como insisten los profesionales, en estos temas la consulta a tiempo no es un exageración, es un cuidado.

TG

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