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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el agobio aprieta, una pausa a tiempo puede devolver el aire a la jornada

Caminar unos minutos, mirar alrededor o cerrar los ojos son recursos simples para recuperar la concentración. Especialistas consultados advierten que no reemplazan al sueño ni al acompañamiento profesional cuando el malestar se vuelve persistente.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 26 d
Cuando el agobio aprieta, una pausa a tiempo puede devolver el aire a la jornada

La mañana llega cargada de reuniones y la pantalla parpadea sin tregua. El café ya quedó lejos y, sin embargo, la cabeza insiste en volver al mismo pensamiento: el plazo que vence, el mensaje sin responder, el ruido de afuera. Es en ese preciso instante cuando, según coinciden especialistas, una pausa breve puede operar como una pequeña ventana de aire dentro de una jornada que parece no aflojar. No se trata de una receta única ni de un minuto contado: alcanza con apartarse del celular, quedarse en silencio o cambiar de ambiente el tiempo necesario para que el cuerpo y la mente registren que, por un rato, la exigencia se suspende.

Anclar la atención en lo que rodea

Para quienes quedan atrapados en ideas que dan vueltas, orientar los sentidos hacia el entorno funciona como un ancla concreta. La técnica conocida como 5-4-3-2-1 invita a reconocer, en ese orden, cinco elementos visibles, cuatro sensaciones de contacto, tres sonidos del ambiente, dos aromas y un sabor. Antes de empezar, una respiración pausada, sin forzar la entrada de aire, ayuda a predisponerse. Sari Chait, psicóloga clínica, explicó que concentrarse en esos estímulos puede dar cierta distancia respecto de las preocupaciones, aunque aclaró que no elimina su causa. Es, en sus palabras, un modo de correrse un paso del malestar para poder seguir.

Lo que dice la evidencia sobre caminar

Cuando hay posibilidad de salir, una caminata corta también puede interrumpir el ciclo de la fatiga. Una investigación evaluó a trabajadores que pasearon por un parque durante quince minutos en el horario del almuerzo, a lo largo de diez días laborales consecutivos. En esas jornadas, los participantes reportaron menos cansancio y mayor concentración por la tarde. Quienes, en cambio, realizaron ejercicios de relajación también mostraron mejoras respecto de sus pausas habituales. Los resultados no garantizan un efecto inmediato ni idéntico para todos, pero sugieren que moverse, en cualquier formato, aporta un margen de recuperación.

  • Estirar las piernas o hacer movimientos de movilidad dentro de la oficina o en casa.
  • Poner una canción y bailar unos minutos, solo o acompañado.
  • Realizar una llamada o intercambiar mensajes con alguien de confianza para cortar la atención sobre el malestar.
  • Cerrar los ojos entre diez y quince minutos en un lugar tranquilo, según propuso la neurocientífica Heidi Hanna, quien recordó que ese intervalo debe ajustarse a las necesidades personales y no reemplaza al sueño adecuado.
  • Aplicar la técnica 5-4-3-2-1 para anclar la atención en los sentidos cuando la cabeza no para.

En el barrio de Belgrano, donde los árboles filtran el sol de la tarde, Mariana, contadora y madre de dos, suele probar alguna de estas variantes cuando siente que el día se le escapa de las manos. A veces alcanza con asomarse al balcón y escuchar el rumor de la calle; otras, en cambio, opta por llamar a su hermana para reírse un rato. No lo presenta como una solución, sino como un modo de no quedar pegada al agobio. Esa idea, simple y algo terrenal,resume lo que las especialistas consultadas sugieren: las pausas no borran lo que preocupa, pero permiten volver a la tarea con algo más de aire.

Cuándo conviene buscar ayuda profesional

El límite de estas prácticas aparece cuando el malestar continúa, aumenta o empieza a dificultar la vida cotidiana. La terapeuta Tyana Tavakol recomendó considerar una consulta profesional si los intentos personales no alcanzan para recuperar el sueño, sostener el trabajo o cuidar los vínculos. También advirtió que, en contextos atravesados por violencia, inestabilidad o pérdidas recientes, las pausas por sí solas no sustituyen al acompañamiento de un equipo de salud. Pedir ayuda, en esos casos, no es un paso extra sino parte del mismo cuidado.

“Las pausas pueden ofrecer un respiro, pero no reemplazan al sueño adecuado ni al acompañamiento profesional cuando el malestar se vuelve persistente.”Teresa Gordillo, sección Sociedad
TG

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