A menos de una hora de Buenos Aires, dos refugios entre viñedos para probar y quedarse un rato
Finca Gamboa, sobre la Panamericana, y Estancia Vigil, en Los Cardales, abren la puerta al turismo del vino sin salir de la provincia de Buenos Aires. Recorridos por la bodega, almuerzos con maridaje, caminatas entre las vides y una cava bajo tierra forman parte de una oferta que crece al ritmo de la vendimia.
Te imagino llegando por la Ruta 9, con la ventanilla baja y esa sensación de que la ciudad ya quedó lejos aunque en realidad apenas cruzaste un peaje. A la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, en dirección hacia el norte, te espera Finca Gamboa, una de las dos propuestas que Campana tiene reservadas para quienes quieren una escapada corta ligada al vino, la gastronomía y el aire de campo. La otra está un poco más adentro, en Los Cardales, y lleva la firma del enólogo Alejandro Vigil.
Finca Gamboa: bodega con terraza, picnic y vendimia nocturna
Lo primero que conviene saber es cómo llegar: el establecimiento se ubica sobre la Ruta 9, a la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, en el partido de Campana. Desde el centro de Buenos Aires, el viaje ronda la hora y algo más, dependiendo del tránsito en el acceso norte.
Allí funciona un proyecto encabezado por Eduardo Tuite, que trabaja con uvas del propio predio y también con partidas que llegan de otras zonas vitivinícolas del país. La visita puede empezar con un recorrido por la bodega, donde se elabora con un sistema por gravedad y la capacidad supera los 25.000 litros. Después del paso por la sala de elaboración, la bajada a la cava bajo tierra y el espacio de 350 metros cuadrados dedicado al vino son dos de los momentos que más llaman la atención.
Para almorzar, el restaurante Casa Gamboa ofrece el Menú Terruño, una secuencia de platos que se sirve con los vinos de la casa. Como referencia, los menúes degustación en establecimientos de este tipo suelen moverse en un rango que arranca cerca de los 20.000 pesos por persona, aunque conviene confirmar valores actualizados por canales oficiales antes de reservar.
- Caminatas guiadas por las vides y opciones de picnic entre las plantaciones.
- Degustaciones y visitas comentadas por personal de la bodega.
- Cursos de viticultura y experiencias de temporada, como la vendimia y la recolección nocturna de uvas.
- Una glorieta ubicada en el corazón del viñedo, ideal para detenerse y mirar.
- Paisaje cercano a la Reserva Natural Otamendi y al Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, con álamos, lagunas y vegetación nativa completando el entorno.
Estancia Vigil: el proyecto porteño de Alejandro Vigil
Si te inclinás por la otra alternativa, la dirección es Los Cardales, también dentro del partido de Campana. Ahí funciona Estancia Vigil, un complejo de gastronomía y enoturismo creado por Alejandro Vigil, el mismo enólogo detrás de Casa Vigil en Chachingo, Mendoza.
El lugar replica en Buenos Aires la lógica de una bodega mendocina, con construcciones de piedra que evocan antiguas viviendas de inmigrantes europeos, senderos rodeados de canales de agua, álamos y viñedos todavía jóvenes. La idea es que el visitante pueda comer, tomar un vino y, al mismo tiempo, entender de dónde sale ese líquido que tiene en la copa. El punto fuerte es la gastronomía, pero el recorrido por los viñedos funciona como hilo conductor.
Cómo elegir y cuándo conviene ir
A la hora de decidir, la clave pasa por el tipo de experiencia que estés buscando. Si te interesa entender el proceso productivo, recorrer una bodega con foudres y bajar a una cava, Finca Gamboa es la opción más completa. Si preferís un plan con énfasis en la mesa y en recorrer un viñedo joven con la estética de las estancias, Estancia Vigil es una buena elección. Incluso, si te animás, podés combinar ambas en una misma jornada, ya que se encuentran a poca distancia entre sí.
Como alternativa menos conocida dentro de la zona, vale la pena preguntar en cada establecimiento por actividades complementarias que no siempre figuran en las páginas oficiales: catas a ciegas, maridajes con productos regionales o recorridas temáticas conducidas por el equipo de sommeliería.
En cuanto a la mejor época para ir, el calendario manda: entre fines de enero y marzo se concentra la vendimia, y la mayoría de las bodegas del país suelen organizar actividades especiales ligadas a la cosecha. En esa ventana, Finca Gamboa ofrece la experiencia de recolección nocturna de uvas, una de las propuestas más atractivas del calendario. Fuera de temporada alta, el otoño y la primavera suelen ser los momentos más amenos para caminar entre las vides y sentarse a almorzar mirando el paisaje.
Antes de salir, te recomiendo confirmar horarios, precios y disponibilidad de las experiencias en los canales oficiales de cada lugar. El caudal del río Lujan crece con las crecidas y, en días de mucha lluvia, conviene chequear el estado de los accesos. Reservar con algunos días de anticipación, sobre todo para el almuerzo, marca la diferencia entre una visita tranquila y una mesa que se consigue sobre la hora.
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