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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Wes Craven, el director que encendió un mechero imaginario para quebrar a Drew Barrymore en la primera escena de Scream

Un recuerdo atroz, un susurro durante el rodaje y una apuesta publicitaria que cambió para siempre las reglas del slasher: la historia oculta detrás de los doce minutos más influyentes del cine de terror moderno.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 4 d
Wes Craven, el director que encendió un mechero imaginario para quebrar a Drew Barrymore en la primera escena de Scream

Hay una imagen que me persigue desde que vi Scream por primera vez, allá lejos en los noventa, y que vuelve cada vez que alguien me habla del arranque más famoso del género: la cocina de Casey Becker, el teléfono que suena, la voz del asesino del otro lado de la línea y, sobre todo, ese llanto de Drew Barrymore que se siente como si se le escapara del cuerpo entero. Ahora, tantos años después, descubro que no era llanto actuado. Era llanto de verdad, arrancado por una crueldad muy anterior al guion, y conseguido con uno de los trucos de dirección más sutiles que se recuerden en Hollywood.

Una noche, una noticia y un mechero imaginario

La historia la rescata Julie Plec, que por entonces era asistente de Craven en el rodaje. La noche previa a filmar la escena inaugural, Barrymore había leído una nota sobre un dueño que quemó vivo a su perro. La nota la sacudió, no pudo sacársela de la cabeza y al día siguiente se la comentó al director. Craven, que ya venía de películas como Pesadilla en Elm Street y La colina tiene ojos, olió la posibilidad de inmediato: durante toda la secuencia, mientras la cámara la buscaba, le susurraba una y otra vez la frase Estoy encendiendo el mechero para que la imagen volviera, para que el recuerdo la atravesara y el dolor fuera real. Lo que se escuchaba desde fuera del set, según Plec, era casi insoportable: Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando.

“Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: '¿Pero qué coño está pasando ahí dentro?'. Y era Wes, que la estaba animando.”Julie Plec, asistente de dirección en el rodaje

La otra capa del golpe: marketing y Psicosis

Pero el truco del mechero no explica por sí solo por qué esa escena cambió el cine de terror. La otra capa fue casi tan importante como la lágrima y tuvo un nombre: campaña de prensa. Barrymore aparecía como la cara absoluta de Scream en afiches, tráileres y publicidad. El público daba por hecho que era la protagonista y que, por lo tanto, estaba a salvo. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films, lo resume con una sonrisa que uno imagina traviesa: Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir. La idea dialogaba, sin disimulo, con Hitchcock y la muerte de Janet Leigh en Psicosis, solo que esta vez los primeros doce minutos, no en el tercero. Y Craven, que ya había entendido desde El grito y muy atrás cómo se mide el miedo del público, volvió a pisar el mismo punto sensible.

  • Wes Craven le susurraba Estoy encendiendo el mechero a Drew Barrymore durante la filmación para revivir el recuerdo de una noticia sobre crueldad animal.
  • Barrymore era la cara visible de toda la campaña promocional de Scream, lo que hacía creer al espectador que era la protagonista intocable.
  • La estrategia retomaba el golpe narrativo de Hitchcock en Psicosis, pero comprimido en los primeros doce minutos de película.
  • Treinta años después, la escena sigue siendo objeto de estudio como ejemplo de cómo se construyen tensión y sorpresa en un slasher.

Lo confieso: cada vez que vuelvo a poner Scream y suena ese primer teléfono, miro esa cocina con otros ojos. Ya no veo solo a Casey Becker contestando, veo a una actriz a la que le están devolviendo una imagen que quería olvidar y a un director que entendió, como pocos, que el terror más filoso nace cuando la emoción del que actúa y la del que mira terminan por superponerse. Por eso me parece justo decir, en primera persona, que Craven no fue solo el padre de Freddy Krueger: fue también eldirector que encendió un mechero imaginario para quebrar a su protagonista y, de paso, quebrar treinta años de reglas del género. Yo no lo sabía hasta ahora, y la verdad es que la película me da un poco más de miedo. Espero que a vos también.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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