Una semana envuelta en gris: el bloqueo atmosférico que no deja asomar el sol en el AMBA
Un centro de altas presiones instalado sobre el Atlántico actúa como un muro invisible y mantiene a Buenos Aires y el conurbano bajo cielos cubiertos, lloviznas aisladas y temperaturas que rondan los 11 y 18 grados. El fenómeno se extiende, como mínimo, hasta el viernes y las jornadas más cargadas serán el miércoles y el jueves.
Son las nueve de la mañana y el cielo sobre el Once vuelve a mostrarse plomizo, como si alguien hubiera corrido una cortina de algodón sucio por encima de los edificios. Apenas se cuela un hilo de luz, suficiente como para que Marta, vecina de Balvanera, descrea del almanaque. "Estamos en octubre y parece julio, no me acuerdo de una semana tan cerrada", me dice mientras ajusta la bufanda alrededor del cuello, resigneda a volver a su casa después de dejar a su nieto en la escuela. Lo que vive Marta y lo que se repite en cada barrio del Área Metropolitana de Buenos Aires tiene nombre y apellido meteorológico: un bloqueo atmosférico, un centro de altas presiones estacionado sobre el océano Atlántico que funciona como una verdadera pared invisible y no deja pasar otras masas de aire.
Lo que se siente en la calle, ese frescor húmedo que se pega a la piel apenas se sale a la vereda, tiene su explicación en la circulación regional del viento, que persiste del este y del sudeste. Ese flujo constante arrastra humedad desde el río y la costa y alimenta la nubosidad baja, esa que se obstina en tapar el sol durante días enteros. El fenómeno, en sí mismo, no garantiza lluvias intensas, pero vuelve muy difícil que se despeje el firmado. Las precipitaciones, cuando aparecen, lo hacen en forma de lloviznas intermitentes y chaparrones modestos, sin acumulados significativos.
Un fresco que no se corresponde con la estación
Los termómetros cuentan la otra mitad de la historia. Las mínimas de esta semana se mueven entre los 11 y los 13 grados, mientras que las máximas no logran pasar los 18. La amplitud térmica, esa diferencia entre el momento más frío y el más cálido del día, es tan escasa que el cuerpo no termina de entonarse. La sensación de frío, sobre todo a la sombra o con el viento a cuestas, se vuelve protagonista, en un mes que acostumbra a regalar tardes templadas y hasta veraniegas en la ciudad. Es como si el calendario se hubiera quedado trabado dos meses atrás, algo que, para los vecinos de más de 50 años, no resulta tan insólito pero sí más prolongado de lo que la mayoría recuerda.
- Miércoles 14: la jornada más inestable, con hasta 5 milímetros de precipitación y probabilidad de lluvias por encima del 70%.
- Jueves 15: se perfila como el día de mayor actividad, con chaparrones que podrían dejar hasta 10 milímetros acumulados.
- Viento: predominio del este y sudeste, con velocidades de entre 10 y 20 km/h y ráfagas que en la zona ribereña pueden alcanzar los 40 km/h.
- Viernes 16: sin mejoría sostenida, cielo mayormente cubierto, algunas lloviznas y temperaturas entre 13 y 17 grados.
- Fin de semana: primeras señales de cambio, con menor probabilidad de lluvias, aunque todavía sin sol pleno.
- Inicio de la semana próxima: se esperan los días más estables y con mayor presencia de sol.
“La verdad es que uno ya no sabe si guardar la campera o sacar la ropa más liviana. Salgo a la mañana con paraguas, a la tarde con piloto, y a la noche otra vez con bufanda. Es un cansancio.”Marta, vecina de Balvanera
El miércoles y el jueves serán, según los pronósticos, los días bisagra de esta semana particular. La probabilidad de precipitación trepa por encima del 70 por ciento y se esperan los acumulados más importantes, aunque siempre dentro de registros modestos. En los barrios cercanos a la ribera, el viento se hace sentir con más fuerza hacia el centro de la semana, con ráfagas que pueden llegar a los 40 kilómetros por hora, suficientes como para dar vuelta un capó mal cerrado o arrancar una rama débil.
Recién con el correr de los días la situación empezaría a aflojar. El fin de semana traerá las primeras señales de cambio, con una baja en la probabilidad de lluvias, aunque todavía sin plena del sol. Las condiciones más estables y las jornadas con mayor presencia de sol se esperan, según los especialistas, para el inicio de la semana próxima. Mientras tanto, en el Once, en Boedo, en Villa Urquiza o en Lanús, el paisaje se repite: veredas mojadas, hojas arrastradas por el viento del sudeste y la misma pregunta que se hacen los vecinos cada vez que levantan la vista al cielo. ¿Cuándo vuelve a salir el sol? Por ahora, la respuesta es paciencia. Y, claro, un buen piloto a mano.
