Rastrear al puma en la nieve: tres días de safari silencioso por la estepa que parte de Perito Moreno
Desde la villa santacruceña sobre la ruta 40 salen excursiones de varios días para seguir las huellas del felino más grande de la Patagonia. Te cuento cómo es la experiencia, qué señales leen los guías y cuánto sale un viaje que ya es un clásico de la fotografía de naturaleza.
Imaginate arrancando el día antes de que amanezca, con un café rápido en un pueblo chico de Santa Cruz, y subiendo a una camioneta con dirección al corazón de la estepa. Eso es lo que te espera si viajás a Perito Moreno entre junio y agosto: la posibilidad de sumarte a un safari de pumas en plena Patagonia austral, con la nieve como aliada y la ruta 40 como puerta de entrada.
Por qué Perito Moreno es la base del safari
La localidad está en el cruce de la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43, en el departamento Lago Buenos Aires, y funciona como cabecera de las excursiones de tres días que recorren campos privados y zonas del Parque Patagonia Argentina. Las salidas arrancan de madrugada y se meten en cañadones, quebradas y bardas que rodean al parque, donde la fauna todavía se mueve con libertad.
El invierno santacruceño no es para improvisar: la nieve puede llegar hasta las rodillas, el asfalto se cubre de hielo y las temperaturas caen bien debajo de cero. Pero ese mismo paisaje hostil es el que vuelve posible el rastreo, porque la huella del puma queda impresa con una nitidez que en verano es imposible de conseguir. La marca es redondeada, con la almohadilla en forma de pentágono y sin señales de uñas, ya que el felino las retrae al caminar; además, la pata delantera es más grande que la trasera, un detalle clave para los guías.
Las cuatro señales que leen los guías para encontrarlo
- La agitación de guanacos y choiques, que se ponen nerviosos cuando detectan al predador cerca.
- Las huellas en la nieve, que se siguen a paso lento y con binoculares desde posiciones elevadas.
- El vuelo de caranchos o cóndores que convergen sobre un punto, señal típica de una carroña reciente.
- Los restos de presas, generalmente guanacos o liebres, tapados con tierra o vegetación por el propio puma para volver más tarde.
Cuando alguna de esas pistas aparece, el grupo se detiene y trabaja desde lugares altos para no delatar presencia. El avistaje no está garantizado, pero el proceso de búsqueda tiene su propio ritmo: silencioso, paciente, de observación, parecido a una cacería sin armas.
Qué sabés del puma y qué vas a ver en el camino
El macho adulto pesa entre 55 y 80 kilos y la hembra, entre 30 y 60. No ruge como los grandes felinos africanos: se comunica con ronroneos, gruñidos y silbidos. Puede saltar hasta cinco metros en vertical y superar los diez en horizontal. En la Patagonia su dieta se basa en guanacos, choiques y liebres, y cumple el rol de depredador tope, regulando las poblaciones de herbívoros. Es solitario, territorial y de hábitos sobre todo crepusculares y nocturnos, por eso las salidas arrancan al alba y se extienden hasta el atardecer.
En el recorrido, además del puma, aparecen guanacos, zorros colorado y gris, piche patagónico y zorrino, y en el cielo se cruzan cóndores andinos, choiques y, en ciertos humedales, hasta flamencos. En el área se registran más de 120 especies de aves, un plus enorme para los amantes de la fotografía.
Cuánto sale y cómo armarlo sin sobresaltos
Como referencia, una excursión de tres días con guía especializado, traslados desde Perito Moreno y pensión completa suele moverse en el orden de los 1.500 a 2.000 dólares por persona, dependiendo del operador y la cantidad de integrantes del grupo. Para llegar, la forma más cómoda es volar hasta El Calafate o Esquel y completar el tramo final por tierra: desde El Calafate son unas cinco horas por la ruta 40 hacia el sur, con paisajes que ya valen el viaje.
Si lo que buscás es algo más tranquilo y con menos turistas, te recomiendo el trekking de baja dificultad por los senderos del Parque Patagonia Argentina, que se puede hacer en el día desde la misma villa. La caminata recorre el cañadón del Río Pinturas con vistas espectaculares y avistaje de aves, ideal para sumar al safari o para quienes no quieren meterse de lleno en la búsqueda del puma.
La mejor época para ir es el invierno patagónico, entre fines de junio y principios de septiembre. No solo por la nieve que favorece el rastreo, sino porque las jornadas son cortas y los amaneceres, con cielo limpio y poca humedad, dan la luz perfecta para fotografía. Llevá ropa térmica, guantes de recambio, botas de trekking impermeables y mucho abrigo: en la estepa el viento helado puede cortar la respiración.
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