¿Puede la Argentina sacarse de encima el peso de su propia inestabilidad y plantarse como el gran del continente? No, pero vamos con la data
Bajo costo energético, clima templado y lejanía de las zonas calientes del mapa geopolítico ponen al país en el radar de los hyperscalers. Los inversores piden una sola cosa a cambio: reglas que no cambien cada seis meses. Eso, hasta ahora, sigue siendo la deuda pendiente.
¿Otro país quiere venderse como el gran hub de los centros de datos y la inteligencia artificial? Sí, otra vez. Pero esta vez el manualito que reparten las consultoras tiene al menos tres datos que a mí, laburante de la nota tecnológica, me llaman la atención. Primero: Argentina quedó relegada en el negocio de los data centers durante años. Segundo: hoy aparece como una de las plazas más apetecibles de la región por una mezcla rara de geografía, energía barata y distancia de los conflictos armados. Tercero: los mismos que lo reconocen admiten, en off y en on, que la inestabilidad económica y jurídica sigue siendo el fantasma que espanta al inversor.
¿Qué tiene Argentina que EE.UU. y Europa ya no ofrecen?
Noelia Miranda, directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, lo dijo con una franqueza que ya quisiera cualquier funcionario: el país “quedó bastante rezagado en el mercado de los centros de datos”, pero tiene “la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo”. ¿Por qué? Por cuatro razones simples que vale la pena repetir hasta el cansancio:
- Disponibilidad de terrenos en escala, algo impensado en Silicon Valley o en Flandes, donde cada metro cuadrado es un duelo legal entre municipios.
- Clima templado, que en criollo significa menos consumo de refrigeración y, por lo tanto, facturas de luz más bajas. Para quien no maneje la sigla, la refrigeración es el sistema que evita que las máquinas que entrenan modelos de inteligencia artificial – o sea, programas que aprenden solos a partir de montañas de datos – se frían.
- Distancia geográfica de zonas de conflicto bélico. Para el inversor europeo de turno, esto no es un detalle menor: la guerra en Ucrania y las tensiones en Medio Oriente dejaron a varios mirando el mapa con la calculadora en la mano.
- Energía barata. Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon, tiró el número más fuerte de toda la nota: el megavatio en Vaca Muerta – la formación de gas y petróleo no convencional de Neuquén que hoy es el corazón energético del país – cuesta 50 dólares, contra 100 dólares en los mercados internacionales. “Estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año, poniendo un centro de datos”, remató.
¿Y entonces qué falta para que esto explote?
Plata, pero sobre todo reglas que duren. Los data centers no son una panadería: son proyectos de hasta mil millones de dólares con plazos de maduración largos. Nadie firma un cheque de esa magnitud si sospecha que el año que viene le cambian las reglas de juego o le devalúan la moneda. Miranda lo planteó sin vueltas: la misma inestabilidad que en el pasado espantó a los inversores es, de revertirse, la que puede volver competitivo al país. Es decir, el obstáculo y la oportunidad son la misma cosa. Amén.
“Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos.”Noelia Miranda, Schneider Electric
¿Qué se viene en tecnología del 2025 al 2030?
Acá la cosa se pone técnica y conviene prestar atención. Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, tiró dos proyecciones que hay que anotar:
- El 60% de los despliegues nuevos entre 2025 y 2030 estarán orientados a inteligencia artificial. Para el que recién se suma: un data center es un edificio lleno de servidores – computadoras, como les dicen los rusos a las nuestras – que procesan y guardan información; cuando se orienta a IA, en vez de alojar páginas web o mails, se dedica a entrenar modelos que consumen muchísima más energía.
- El 75% de esas cargas de trabajo van a requerir refrigeración líquida, o sea, enfriar los servidores con agua en lugar de aire. Es un cambio de paradigma que obliga a planificar obras civiles y tendido eléctrico con años de anticipación, porque después no se improvisa.
¿Hay algo concreto o todo es humo?
Algo hay. Jorge Vilariño, representante en Argentina de la empresa polaca Green Capital, contó que la baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción y anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado a inteligencia artificial. Un proyecto así, en una provincia patagónica, no es casualidad: combina terreno disponible, energía barata y un clima que pide a gritos refrigeración líquida. La pregunta del millón, como siempre, es si del anuncio se pasa al fierro. Veremos.
