Mike Amigorena acepta el guanto de L-Gante en MasterChef Celebrity y promete ponerle el cuerpo a la cocina de competencia
El actor es el último refuerzo de la nueva edición del reality gastronómico, tras la baja confirmada el 14 de septiembre de Elián Valenzuela. Cuenta que cocina hace rato para los suyos, que la pastelería es su cuenta pendiente y que ya sabe que tendrá que medirse con el reloj del jurado.
Me lo imagino a Mike Amigorena cruzando la puerta de la cocina de MasterChef Celebrity con esa mezcla de desfachatez y ternura que le viene viendo desde que lo descubrimos en la tele, allá por los años de Son de Diez o cuando se subió al escenario con su banda y nos hacía corear estribillos pegadizos. Ahora el tipo cambia el micrófono por el delantal y se prende al reality más visto de la pantalla argentina, nada menos que para ocupar el sillón que dejó vacante L-Gante, cuya salida del programa se confirmó el pasado 14 de septiembre. Lo cuentan los del formato y lo contó el propio Amigorena, que se sabe el último eslabón de una lista de famosos que ya están afilando cuchillos y prendiendo hornallas.
A mí, lo confieso, la noticia me cayó como una de esas sorpresas que tienen gusto a sobremesa familiar. Porque si uno repasa la trayectoria de Amigorena se cruza con mil oficios artisticos: actor, cantante, conductor, pero casi nunca con un chef. Y sin embargo, cuando lo escuchás hablar de lo que cocina en su casa, descubrís que el pibe lleva años prendido a la olla. Pescados, guisos, cazuelas y unas salsas que, según él, ya le salen con los ojos cerrados. Lo que pasa es que, claro, hay una distancia sideral entre tirar una cazuela para los amigos un domingo a las tres de la tarde y plantarse frente a cámaras con un reloj que marca la cuenta regresiva.
De la cocina de amigos al reloj del jurado
Y ahí aparece la primera autocrítica del actor, que no se la guarda: "Es un gran desafío para mí porque no es lo mismo cocinar con todo el tiempo del mundo para amigos que cocinar en una hora para un jurado", tiró, con esa sinceridad que le conocemos cada vez que se sienta en un living a hablar de su vida. Amigorena asume que la vara cambia, que los márgenes se achican y que la presión del reality no tiene nada que ver con el ritmo lento de una sobremesa con vino y guitarreada. Igual se muestra dispuesto a ponerle el cuerpo, como dice él, y a bancarse el vértigo de una competencia que exige precisión, timing y, sobre todo, mucho estómago para bancarse las devoluciones del jurado.
La pastelería, una cuenta pendiente
Otra de las confesiones que dejó el actor en la previa del debut tiene que ver con su punto flojo en la materia. Si de guisos y cazuelas sabe defenderse, cuando el asunto pasa por la harina, el azúcar y los tiempos de horno la historia cambia. "Estoy dispuesto a aprender pastelería, que es lo que menos hice", reconoció, casi como pidiendo clemencia antes de que arranque el primer desafío dulce. A mí eso, lejos de parecerme un problema, me parece lo más lindo de un reality de estas características: ver a un tipo que se anima a mostrarse vulnerable en una materia que no domina, en lugar de hacerse el crack que ya la tiene re clara.
Compañeros, afecto y la deuda con el paladar ajeno
Lo que también me llamó la atención de sus declaraciones es el vínculo afectivo que dice tener con varios de los que serán sus compañeros de elenco. "Quiero mucho a varios participantes, así que no queda más que ponerle el cuerpo y las ganas para entretener", dijo, en un tono que muestra que, más allá de la competencia, hay lazos previos que prometen condimentar la convivencia dentro de la burbuja del programa. Amigorena sabe que la cocina del reality es tan química entre los participantes como talento en los platos, y en eso parece llegar con un capital social a favor.
Sobre el jurado, el actor eligió el camino de la cautela y la ironía cariñosa. Todavía no sabe cómo será sentarse adelante de Christophe, Donato y compañía en la instancia de devolución, pero ya les reconoce el palmarés y avisa que va porlos. "Pero bueno, saben y habrá que conquistarlos", resumió, con esa cuota de humor que Amigorena siempre lleva prendida en el bolsillo.
Mientras esperamos el debut, a mí me queda dando vueltas una imagen: la de Mike, en su casa, con una fuente de cazuela recién salida de la hornalla y una barra de amigos alrededor, imaginando cómo se sentirá tener que replicar esa misma calidez pero en sesenta minutos, con cámaras y tres paladares exigentes mirándolo fijo. Se viene un programa para seguirlo bien de cerca, y a esta altura, más que un competidor, me parece un invitado de lujo. Ojalá nos regale un guiso a cámara, porque a mí, Amigorena cocinando en vivo, ya me ganó de entrada.
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