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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Linternas: cuando el anillo verde se prende a la noche del thriller

Hal Jordan y John Stewart llegan a la pantalla con una serie que cambia la bata por la lupa: la acción de superhéroes queda subordinada a un misterio conspirativo que arranca en un pueblo perdido de Nebraska. Crítica especializada, elenco de fuste y un pulso narrativo que apuesta a sostener la tensión episodio a episodio.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 4 d
Linternas: cuando el anillo verde se prende a la noche del thriller

Imaginate por un instante la llanura inmensa de Nebraska, ese horizonte tan plano que parece dibujado con regla, cortado apenas por las luces aisladas de un pueblo llamado Rushville. Es de noche, hace frío, y dos hombres miran un anillo que de pronto empieza a proyectar un holograma en el aire. A partir de ahí, la historia deja de ser una aventura de capuchas y mallas para convertirse en otra cosa: una pesquisa a la antigua, de las que se resuelven en mesas de bar con mapas pinchados y vasos de whisky, aunque el mapa en cuestión sea el planeta entero. Eso, ni más ni menos, es lo que propone Linternas, la nueva serie que DC pone sobre la mesa y que me tuvo pegada a la pantalla de principio a fin.

La premisa es tan sencilla como efectiva: Hal Jordan, el veterano, y John Stewart, su discípulo, integran el cuerpo de Linternas Verdes y reciben una señal atípica desde el propio anillo de Hal. Lo que empieza como una intervención rutinaria se transforma rápido en una conspiración de alcance planetario, y la investigación los obliga a bajarse del pedestal heroico para ensuciarse las manos con pistas, sospechosos y callejones sin salida. La acción aparece, claro, pero subordinada al enigma: los golpes de efecto están al servicio de la trama y no al revés, algo que se agradece en un género tan dado al despliegue puramente visual.

Un thriller con capa y sin vuelo supersónico

El tono general recuerda mucho al de esas miniseries policiales norteamericanas de humor negro y atmósfera densa, donde el misterio sostiene la narración capítulo a capítulo y los personajes se definen más por lo que callan que por lo que hacen. Hal y John cargan con una relación de roces generacionales y diferencias de criterio que funciona como motor dramático constante: uno tira a la cabeza, el otro a la intuición; uno desconfía de todo, el otro todavía cree en algunas cosas. Sus acuerdos y sus chispas le dan a la serie una carga emocional que no muchas producciones de superhéroes se permiten cultivar con esta paciencia.

Los nombres detrás de las cámaras

Detrás del proyecto se juntan dos currículums pesados: Tom King, con una trayectoria extensa escribiendo los cómics más celebrados de la editorial en los últimos años, y Damon Lindelof, que ya había mostrado su mano firme con material de DC en la adaptación de Watchmen. Lo interesante es que ambos construyen la serie por fuera de las continuidades cinematográficas previas, lo que le da aire para respirar sin ataduras con otros proyectos del universo DC y tomárselo con libertad. La crítica especializada la venía ubicando entre las mejores ficciones de ciencia ficción del año, y la verdad es que cuesta discutirles el diagnóstico: la serie tiene ese raro equilibrio entre lo genérico y lo íntimo que vale mucho la pena ver.

Si tengo que ser honesta, y sin spoilear nada porque vale la pena llegar sin saber, lo que más me sedujo de Linternas es esa decisión de coraje: contar una historia de superhéroes sin pedirles a los superhéroes que se comporten como tales todo el tiempo. Hay heroicidad, claro que sí, pero del tipo silencioso, el que se mide en decisiones tomadas cuando nadie aplaude. Y eso, en un paisajismo audiovisual saturado de explosiones y rayos, se siente casi como un acto de justicia poética. La recomiendo sin dudarlo: es de esas series que uno termina y quisiera empezar de nuevo, esta vez con los ojos más atentos, a la caza de esas pistas que en la primera pasada se nos pasaron por alto.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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