Le metieron el cerebro de una mosca a una computadora y la hicieron jugar al Doom: ¿en qué andan estos científicos?
Una reconstrucción digital del sistema nervioso de la mosca de la fruta, con más de 166 mil neuronas, se usó para clasificar mails, mover un personaje en Doom y decidir compras de criptomonedas. Los resultados son llamativos, pero todavía lejos de la inteligencia artificial convencional.
¿A quién se le ocurre enchufarle el cerebro de una mosca a una computadora y pedirle que revise la casilla de correo? Parece el delirio de un proyecto universitario cualquiera, pero la movida la encabezaron gente de Google Research, el Janelia Research Campus, Harvard y Princeton. La idea, más allá del disparate inicial, es entender cómo procesa información un sistema nervioso real y qué se puede aprender de ahí. Spoiler: todavía falta bastante, veremos.
¿Qué es eso del MaleCNS v1.0 y por qué importa?
El MaleCNS v1.0, también llamado conectoma, es una reconstrucción digital completa del sistema nervioso de una mosca de la fruta macho adulta. Incluye cerebro y cordón nervioso, lo que permite estudiar el camino entre lo que el bicho percibe y lo que hace como respuesta. La cifra abruma: más de 166 mil neuronas, unos 125 millones de conexiones y alrededor de 11.700 tipos celulares distintos. Para dimensionarlo en criollo: es como armar un mapa callejero detallado de una ciudad entera, con cada esquina y cada pasillo señalados.
¿Sirvió al menos para clasificar los mails del trabajo?
Sí, pero con asterisco. Una de las pruebas concretas fue poner a la red de neuronas simuladas a clasificar correos electrónicos, la misma tarea que cualquier filtro de spam o el sistema de tabs de Gmail, que en criollo es el Google Mail, hacen a diario. El resultado: la simulación alcanzó cerca del 80 por ciento de la precisión de una red neuronal artificial pequeña diseñada específicamente para eso. Ojo, ese 80 es relativo: compara el rendimiento entre los dos modelos, no dice cuántos mails se acertaron sobre el total. Está lejos de la IA, o inteligencia artificial, pensada a medida para cada problema.
¿Qué tiene que ver una mosca con el Doom y las criptomonedas?
- El ingeniero Alex Wormuth conectó el modelo al Doom, el clásico videojuego de disparos en primera persona. Las imágenes de la pantalla se traducen en estímulos para las neuronas sensoriales simuladas: brillo, color, formas. Esa información circula por la red y se transforma en acciones del personaje. Cuando el protagonista recibe daño sin morir, se activan células dopaminérgicas, es decir, células que liberan dopamina, el neurotransmisor asociado a la recompensa.
- Después llevó la misma lógica a Stonkfly, un proyecto que analiza gráficos financieros para decidir operaciones con criptomonedas, las monedas digitales como Bitcoin, dentro de una cartera virtual. Las ganancias activan una señal vinculada a 15 células; las pérdidas, otra asociada a dos células con respuestas aversivas. Suena prolijo en el papel, aunque el propio ensayo aclara que no hay resultados suficientes para evaluarlo como herramienta de inversión real.
- Otros desarrolladores, en paralelo, probaron el modelo en Super Mario 64, el Beat Saber, resolución de salas de escape e incluso creación de tipografías. Todas aplicaciones experimentales que obligan a agregar simulaciones encima del conectoma base.
¿Y entonces? ¿Sirve o no sirve este cerebro de mosca digital?
Sirve para lo que fue pensado: investigar cómo funciona un sistema nervioso completo a escala. No sirve, al menos por ahora, para reemplazar ni al filtro de spam ni al bot de trading, esa clase de programa que compra y vende activos en forma automática, que cualquier persona usa en el celular. Las simulaciones son más lentas y menos precisas que las redes artificiales diseñadas para una tarea puntual. La reconstrucción se obtuvo a partir de millones de imágenes de secciones ultrafinas del sistema nervioso, fotografiadas con microscopía electrónica, una técnica que usa electrones en lugar de luz para obtener resoluciones imposibles para un microscopio común. El avance es genuino y el listado de instituciones involved respalda. Pero la pregunta de fondo sigue abierta: ¿cuánto le falta a la ciencia para que un cerebro digital, aunque sea de mosca, compita de verdad con la ingeniería a medida? Veremos.
