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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La trinidad fílmica de Guzmán: tres películas para entender el Chile que se quebró en 1973

El documentalista chileno Patricio Guzmán convirtió el período de la Unidad Popular y el golpe que instaló a Pinochet en una obra en tres partes que sigue vigente como documento y como propuesta estética.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 30 d
La trinidad fílmica de Guzmán: tres películas para entender el Chile que se quebró en 1973

Hay una sensación muy concreta al sentarse frente a "La batalla de Chile": la de estar parado en una sala donde se discute el destino de un país. El zumbido de los pasillos del Congreso, los papeles sobre los escritorios, las voces que suben de tono mientras afuera se escuchan las primeras detonaciones. Patricio Guzmán, con su cámara al hombro, registró ese ruido como si supiera que lo que tenía enfrente se iba a convertir en una herida abierta.

La película no es una sola, sino tres. "La insurrección de la burguesía", "El golpe de estado" y "El poder popular" forman una trilogía que recorre, con paciencia de relojero, los años en que Salvador Allende intentó gobernar Chile y la intervención militar que terminó por instalarlo en la historia a Augusto Pinochet. Cada parte funciona como una pieza de un rompecabezas que, visto en conjunto, permite dimensionar la magnitud de lo que se quebró.

Dos lugares para mirar un mismo conflicto

Una de las claves de la obra es que Guzmán no se queda en un solo lugar. Entra y sale del Parlamento, donde los debates sobre nacionalizaciones, reformas y constitucionalidad marcan el pulso institucional, y se mete en las fábricas y las sedes gremiales, donde los obreros debaten cómo responder a un país que se les transforma bajo los pies. Esa doble entrada permite ver el conflicto en dos escalas: la de las grandes decisiones políticas y la de la vida cotidiana de los trabajadores.

El documental no esconde las diferencias dentro del propio campo popular. Las discusiones entre los partidos de izquierda, las tensiones entre quienes apostaban por una salida institucional y quienes impulsaban una respuesta más radical, forman parte del mismo relato que las escenas de violencia y los operativos militares que terminaron por cerrar el ciclo.

  • "La insurrección de la burguesía" (1975): el avance de los sectores opositores al gobierno de Allende, con la cámara puesta en las primeras señales de la ruptura.
  • "El golpe de estado" (1976): el registro del día del golpe y de sus horas previas, con el palacio de La Moneda como escenario central.
  • "El poder popular" (1979): las respuestas desde abajo, las asambleas, las ocupaciones de fábricas y el intento de organización autónoma de los trabajadores tras el golpe.

Un cine pensado para no parecerse a Hollywood

La propuesta de Guzmán se inscribe en lo que se conoce como Tercer Cine, una corriente surgida en distintas regiones del mundo, con fuerte raíz en Latinoamérica, que buscó separarse del modelo comercial de la industria estadounidense y de las cinematografías europeas más canónicas. En ese marco, el documental aparece como una herramienta para registrar procesos históricos y construir un cine de compromiso político. La cámara no se limita a mostrar: observa, selecciona y monta, y en ese montaje deja ver una manera de entender la historia.

Guzmán ya había probado esa fórmula en obras anteriores como "La memoria obstinada" y más tarde la profundizaría en "Nostalgia de la luz" y "El botón de nácar". Pero "La batalla de Chile" ocupa un lugar especial en su filmografía: es la película que lo volvió indispensable como documentalista y la que dejó una huella en el cine político latinoamericano.

“El documental es, antes que nada, una manera de habitar un momento histórico: pararse ahí con la cámara encendida mientras todo se decide.”Lectura posible sobre la propuesta de Guzmán

Si uno se acerca hoy a "La batalla de Chile" lo que encuentra es un documento y algo más que un documento. Es la posibilidad de mirar de cerca un proceso que cambió para siempre a Chile y que, a la distancia, sigue preguntándole al espectador qué le interesa buscar cuando se sienta a ver un documental sobre la historia. Yo confieso que terminé la trilogía con esa pregunta todavía dando vueltas, y con la sensación de que estas tres películas no solo muestran lo que pasó: lo siguen interpelando.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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