La Feria del Libro de Neuquén cierra su recorrido con opciones para todos los bolsillos y todas las edades
La edición 2026 se despide este fin de semana en dos globas con libreros de todo el país, títulos desde 2.000 pesos y una agenda que combina lecturas, música y propuestas para compartir en familia
Son las primeras horas de la tarde en el predio de la feria y el sol patagónico cae sin contemplaciones sobre las dos globas que desde hace diez días concentran a libreros llegados de distintos puntos del país. La gente camina despacio, con bolsa en mano, hojeando un libro bajo el brazo mientras busca la sombra del stand más cercano. Es la postal que se repite este fin de semana, el último de la Feria Internacional del Libro Neuquén 2026, y también la imagen con la que esta crónica quiere empezar a contar lo que queda para quienes todavía no se acercaron.
Porque lo que ofrece esta edición es, ante todo, un paseo con escala: no hace falta ser un lector avezado ni venir con una lista de títulos bajo el brazo. La feria se puede recorrer como quien va a una plaza, dejando que el azar vaya acomodando las paradas, y ese es justamente el convite que hacen sus organizadores a vecinos y visitantes de la región.
Una oferta que va desde los 2.000 pesos hasta los 70.000
El dato que más suele condicionar una salida de estas características es el presupuesto, y en la feria neuquina la amplitud de precios llama la atención. Hay publicaciones que arrancan en los 2.000 pesos, lo que vuelve la propuesta accesible para bolsillos modestos o para los clásico regalo escolar de fin de ciclo. En el otro extremo del mostrador aparecen volúmenes más exclusivos, encuadernados o de tirada limitada, que pueden superar los 70.000 pesos. Esa franja tan ancha se explica, en buena medida, por la diversidad de los propios libreros: conviven puestos con novedades de consumo masivo y otros con catálogos de editoriales independientes que difícilmente se consigan en las grandes cadenas.
En ese abanico, las publicaciones para chicos ocupan un lugar central. Los estantes de literatura infantil se despliegan con propuestas para las primeras lecturas, libros álbum para los más pequeños y novelas para lectores que ya se animan a algo más largo. A su alrededor se organizan los títulos de autores patagónicos, una de las apuestas fuertes de esta edición: obras que, por su distribución, no siempre llegan a las mesas de las librerías de Buenos Aires o de las capitales provinciales más grandes, y que aquí encuentran un público ávido de reconocer su propio paisaje y sus propias voces narrativas.
Para quienes prefieran una visita más focalizada, una forma razonable de encarar el recorrido es partir del tipo de libro que se busca y dejarse, después, llevar por lo que vaya apareciendo. La organización en dos globas permite ir alternando: un rato en la de novedades y publicaciones infantiles, un rato en la de autores regionales, y una pausa en los espacios comunes donde están previstas las actividades paralelas.
Lecturas en vivo, música y juegos para armar la salida en familia
Porque la feria no se agota en la compra del libro. La programación de este tramo final incluye charlas con escritores, presentaciones y lecturas en vivo a lo largo de toda la jornada. A esa grilla se suman espectáculos musicales y experiencias inmersivas, una fórmula que apunta a sumar públicos que quizá no llegarían solos por una cuestión de libros. Para los chicos, en tanto, hay juegos educativos distribuidos por el predio, una invitación a que la visita sea también una salida en familia y no únicamente un trámite cultural de los adultos.
A todo eso se le suma la oferta gastronómica, que completa la jornada con un perfil de paseo de tarde completa: se puede empezar buscando un título, seguir con una lectura, hacer una pausa para comer algo y terminar participando de alguna de las actividades que se programan sobre el cierre del día. Es, en definitiva, un plan con muchas puertas de entrada, y esa es probablemente la mejor manera de aprovechar lo que queda de esta edición.
Cuando el sol empieza a bajar y las globas empiezan a quedarse con menos gente, la imagen vuelve a repetirse: familias enteras saliendo con bolsas, lectores solitarios sentados en los bancos hojeando lo que acaban de comprar, chicos corriendo entre stand y stand con un libro nuevo apretado contra el pecho. Es, en cierto modo, la escena con la que esta feria se va a despedir, y también la que mejor resume el espíritu de una propuesta pensada para que nadie se quede afuera. Para quienes todavía dudan, el resto del fin de semana es la última oportunidad de ser parte.
