Gabriel Rolón y la trampa de poner la felicidad siempre en otro tiempo
El psicólogo y escritor repasó el valor de los recuerdos y los proyectos y advirtió que, cuando la vida buena queda relegada al pasado o al futuro, el presente se vacía. Su planteo apunta a recuperar el deseo de sentirse bien acá y ahora.
El sol de la tarde cae despacio sobre el café donde Gabriel Rolón, el psicólogo y escritor que hace años acompaña con sus libros a miles de lectores argentinos, termina de acomodar sus anteojos antes de empezar a hablar. Lo que dice no es una consigna de autoayuda ni una receta rápida: es una invitación a mirar de frente algo que a muchos les cuesta, y es que solemos instalar la felicidad en un tiempo que no es el que estamos viviendo, y entonces la vivimos siempre en offside, siempre un poco más allá del presente que nos toca.
Para Rolón, el problema no está en tener recuerdos ni en soñar con lo que viene, sino en el lugar que les damos. Reconocer que hubo momentos felices, que se luchó por cosas, que se construyeron vínculos, es parte de entender la propia historia, y esa historia, dice, conserva su valor aunque ya no pueda repetirse tal cual fue. Lo que sí le preocupa es cuando esa mirada hacia atrás se vuelve un refugio del que ya no se quiere salir.
El "photoshopeo" de la memoria
El especialista describió con una imagen muy plástica lo que suele pasar con los recuerdos. "Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos", explicó, y contó que las personas tienden a recordar a sus padres fallecidos con una nobleza o una sensibilidad mayores, o a reconstruir la infancia como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. Esa edición, aclaró, no es una mentira: es una operación inconsciente que ayuda a sostener el sentido de lo vivido.
“Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.”Gabriel Rolón
La pregunta, para Rolón, es cuánto lugar ocupa esa reconstrucción. Cuando alguien se aferra demasiado a una versión idealizada del pasado, puede dejar de trabajar en la posibilidad de construir bienestar hoy, y ahí aparece lo que él llama una trampa silenciosa: confundir haber tenido una buena vida con estar viviéndola. Por eso insiste con una frase que parece simple y no lo es: "No nos bajemos de la vida antes de tiempo".
Los proyectos, sin postergar el bienestar
Lo mismo ocurre con el futuro. Rolón no cuestiona la expectativa de encontrar felicidad más adelante, ni la importancia de tener sueños, sino la postergación permanente del sentirse bien. "Intentemos algo aquí, ahora", propuso, como un llamado a no dejar para después la posibilidad de disfrutar. La idea no es abandonar los proyectos, sino no usarlos como excusa para no habitar el presente.
- Reconocer los recuerdos felices ayuda a darle sentido a la historia personal.
- La memoria tiende a editar e idealizar lo vivido, y eso no siempre refleja lo ocurrido.
- Aferrarse al pasado puede desplazar el trabajo de construir bienestar hoy.
- Tener sueños es valioso, pero postergar el disfrute puede dejar la vida en suspenso.
- Volver al presente es, para Rolón, una forma de no bajarse de la vida antes de tiempo.
Afuera, el viento mueve las hojas de los árboles y la luz empieza a irse. La conversación deja algo para llevar a casa, y es que la invitación no es a borrar lo que se fue ni a dejar de soñar, sino a cuidarse de la costumbre de vivir en otro tiempo. Si los recuerdos y los proyectos pueden ser compañía, también pueden ser un desvío, y entonces la tarea, parece decir Rolón mientras se levanta del café, es volver a pararse en el día que toca y tratar de sentirse bien acá, en este rato, con esta gente, en esta ciudad que sigue.
