El ModMA propone leer la ropa como si fuera un documento histórico
La muestra "Vestir mundos", curada por Franco Chimento y Raúl Flores junto a Fundación IDA, recorre seis décadas de diseño argentino donde la crisis, la sostenibilidad y las identidades culturales dejaron huella en los textiles.
Una remera desteñida, un tapado intervenido con plástico quemado o un guardapolvo rehecho por cooperativas obreras pueden contar la historia de un país tanto como un decreto o una foto de archivo, y esa es exactamente la operación que propone "Vestir mundos", la nueva exposición que abrió sus puertas el 10 de septiembre en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y que se podrá visitar hasta el 1 de julio de 2027, organizada en conjunto con Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), donde el recorrido por seis núcleos temáticos invita a mirar la indumentaria como un registro vivo de las crisis, los debates ambientales y las identidades culturales de la Argentina de fines del siglo XX hasta hoy.
La curaduría, a cargo de Franco Chimento y Raúl Flores, eligió como hilo conductor una idea que atraviesa toda la muestra y que Chimento resume en pocas palabras: "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", una frase que funciona como llave de entrada para entender por qué cada una de las prendas expuestas parece haber nacido en diálogo directo con un momento concreto de la historia reciente del país.
Crisis, fusión textil y guardapolvos resignificados
Los primeros núcleos de la exhibición repasan las respuestas creativas que dieron los diseñadores frente a las crisis socioeconómicas de fines de los años noventa y comienzos de los dos mil, un período donde la escasez de recursos se convirtió casi en una materia prima: la firma Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, experimentó con fusiones textiles, con el quemado de plásticos y con materiales descartados para redefinir de arriba abajo la noción misma de sofisticación, y esa búsqueda se cruza en la sala con la colección "Pongamos el trabajo de moda para siempre", realizada en 2004 junto a la Cooperativa La Juanita, donde el clásico guardapolvo blanco dejó de ser uniforme y pasó a funcionar como símbolo de trabajo autogestionado.
Sostenibilidad, tradición andina y búsquedas en biotecnología
- El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano para proponer una moda circular que nace del propio desecho.
- Juliana García Bello trabaja con ropa heredada y manteles donados, transformando recuerdos familiares en piezas listas para volver a usar.
- Therapy Recycle and Exorcise, con base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni de temporadas.
- MANTO, creada por Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea.
- La salteña Roxana Liendro traslada técnicas de orfebrería, como el repujado y el cincelado, sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
- Las búsquedas más recientes que integra la exposición apuntan a la biotecnología y a la producción circular, de la mano de la diseñadora Romina Cardillo, que experimenta con materiales de origen biológico.
Con esta propuesta, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires vuelve a apostar por un cruce entre patrimonio, diseño y memoria reciente, y lo hace con una hipótesis fuerte: que cada prenda exhibida puede leerse como un documento de época, capaz de testimoniar crisis económicas, tensiones ambientales y disputas culturales con la misma fuerza que cualquier archivo escrito.
