Cuando la noche se enciende con una pirámide: el invento argentino-marroquí-iluminador que iluminó a Nolan
Cómo un problema en el set del asedio a Troya terminó creando una nueva herramienta de iluminación que se usó en toda la película.
Me imagino la escena: polvo en el aire, el calor del desierto de día cayendo, y de golpe, cuando cae el sol, la necesidad de que parezca que toda Troya está ardiendo. No con fuego de verdad, claro, porque un set con cientos de extras y decorados de madera no se prende fuego así porque sí. El problema era ese: lograr el aspecto de las llamas iluminando 360 grados en un decorado enorme, sin prender un fósforo. Y de ese problema nació una de las soluciones técnicas más interesantes que se vieron en el rodaje de La Odisea, la nueva película de Christopher Nolan.
La primera secuencia que se filmó fue justamente el asedio nocturno a Troya, y se rodó en Aït Benhaddou, Marruecos, ese pueblo de adobe que muchos recordamos de Gladiator y de otras producciones. Ahí se levantaron reconstrucciones del Templo de Atenea y se convocó a una cantidad enorme de extras para dar la sensación de batalla. Hasta acá, todo más o menos dentro de lo previsto. Lo que nadie tenía resuelto era la luz.
La trampa del fuego real
Los focos convencionales no daban la talla. Un panel plano, por más potente que fuera, no lograba esa cosa envolvente que tiene el fuego, esa sensación de que la luz viene de todos lados y se mueve. Y usar fuego real, directamente, era inviable en un escenario de esas dimensiones: cualquier chispa fuera de control podía ser un desastre. Entonces, el director de fotografía Hoyte van Hoytema y el programador de panel Noah Shain se sentaron a pensar otra cosa.
“Me pregunté si podríamos crear una fuente de fuego impresionista que se comportase exactamente como el fuego, que tuviese más o menos la misma forma, que se pudiese mover con facilidad y que estuviese alimentada con baterías.”Hoyte van Hoytema
Nace el Pyrahedron
La respuesta fue un invento propio, bautizado Pyrahedron por la forma de pirámide que tiene. Cada cara es un triángulo equilátero de poco menos de un metro de lado, con seis circuitos hexagonales y seis LEDs del tipo COB por circuito, lo que da 36 píxeles por cara. Ensamblado como pirámide, el conjunto emite luz en tres dimensiones, algo que un panel plano no puede hacer. Y la clave: funciona a batería, así que se puede mover y ubicar donde se necesita.
- Se fabricaron en Beijing en dos versiones: las Dumb Pyra, con un patrón de fuego fijo conectadas a batería, y las Smart Pyra, que permiten alternar entre 36 aspectos distintos y controlarse desde una consola de luces.
- Ambas versiones admiten además reproducir videos de llamas reales a baja resolución, lo que refuerza la sensación de fuego verdadero.
- En el set se adherían a paredes, se atornillaban a estructuras o se apoyaban directamente en el suelo, gracias a su geometría estable y su bajo peso.
- Las mediciones de exposición daban T4 a unos tres metros con ISO 500, más que suficientes para las necesidades del rodaje.
De problema puntual a luz favorita
Lo que empezó como una solución para una sola escena terminó contagiando a toda la película. Las noches de La Odisea, todas las noches, se iluminaron con estos dispositivos. El propio van Hoytema lo resumió así: las unidades eran creíbles, se podían producir en masa y eran fáciles de transportar y de manejar. Se convirtieron en nuestra luz de preferencia para todas las escenas nocturnas. Es una de esas raras veces en que un problema de producción termina generando una herramienta nueva que, probablemente, vamos a ver en muchos rodajes que vengan.
A mí, que vengo siguiendo hace años los caprichos técnicos de Nolan, desde su obsesión por el celuloide hasta los inventos de Interstellar o Tenet, esto me parece una prueba más de algo que él repite hasta el cansancio: cuando una película necesita algo que no existe, se inventa. Y a veces, como en este caso, lo que se inventa termina siendo tan útil que se queda.
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