Cocinar sin harina: siete platos para resolver la semana sin caer en la monotonía
Omelettes exprés, ensaladas completas, budines para dejar listos y una moussaka que reemplaza la bechamel por yogur: opciones para variar el menú diario con huevos, carnes, pescados y muchas verduras.
Te imagino frente a la heladera, con poco tiempo y la misma pregunta de siempre: qué hago de comer que no sea lo de siempre. Si tenés harina en la cabeza como única salida, esta nota es para vos: hay un mundo de preparaciones sin una pizca de harina que resuelven almuerzos y cenas con huevos, carnes, pescados y verduras, y que se adaptan a distintos tiempos y ganas de cocinar.
Cuando el reloj apura: siete minutos y a la mesa
El omelette de espinaca y mozzarella es de esos platos que salvan cualquier jornada. Lleva apenas dos huevos y está listo en unos siete minutos: los batís, los llevás a la sartén y, cuando empiezan a cuajar, agregás las hojas frescas de espinaca. Al doblarlo, el queso queda adentro y se derrite, como tiene que ser. Sale bien servido con una ensalada chica y, si querés estirar el presupuesto, reemplazá la mozzarella por queso cremoso de buena marca, que rinde parecido y cuesta un poco menos.
Con veinte minutos, una ensalada que se luce
Si tenés un rato más, la ensalada de atún, huevo y palta, con tomate y hojas verdes, es una opción completa. Lo único que se cocina son los huevos. El aderezo, una mezcla de aceite de oliva, limón y mostaza de grano, le da carácter sin sumar pasos de horno ni de sartén. Te queda un plato fresco, rendidor y fácil de llevar al trabajo en un taper.
Para cocinar de una vez y comer toda la semana
- Muffins de huevo: choclo, tomate, verdeo, queso blanco y perejil, cocidos en moldes individuales. Se comen tibios o a temperatura ambiente, según cómo te quede la jornada.
- Budín de pescado blanco: 500 gramos de pescado con huevos, cebolla, morrón, mostaza y orégano, hecho en budinera. Acompaña bien con una ensalada y se sirve caliente o frío sin perder gracia.
- Patamuslos marinados con ajo, limón, hierbas y pimentón, cocinados en horno junto con rodajas de zucchini. Al salir, se terminan con albahaca fresca y unas gotas de limón.
- Moussaka sin bechamel: capas de berenjena asada y carne picada con tomate, con cobertura de yogur griego, huevo y queso rallado gratinado. Usa 500 gramos de carne para cuatro porciones.
El truco que comparten casi todos: controlar la humedad
En los platos con relleno, el líquido es el enemigo de la consistencia firme. En la tarta de atún sin masa, hay que escurrir muy bien el pescado y saltear la cebolla y el morrón hasta que no acumulen agua. Los huevos y el queso crema unen todo, y el queso rallado de arriba sella la superficie. El mismo cuidado aplica a los zapallitos rellenos de carne: se ahuecan, se precocinan y la pulpa se aprovecha dentro del propio relleno, que se termina con queso gratinado. El huevo como ligante y los vegetales como base son los recursos que más se repiten para variar sin complicarse.
Como recomendación menos conocida, me quedo con el budín de pescado blanco: es de esas preparaciones que pocos tienen en el radar y que resuelven una comida con onda, sin harina y casi sin esfuerzo. En cuanto a la mejor época para animarte a meter más horno y budinera, el invierno es ideal: los platos gratinados, los budines calientes y las preparaciones al horno se disfrutan mucho más cuando afuera refresca. En verano, en cambio, conviene quedarse con el omelette exprés y la ensalada de atún, que se resuelven sin encender el horno ni pasar calor.
