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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Arándanos o uvas: la pulseada por el azúcar en sangre y por qué la fibra decide quién gana

Una misma porción de fruta puede alterar la glucosa de manera muy distinta según su composición. Especialistas consultadas explican qué las diferencia y cómo conviene comerlas para evitar picos.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 43 min
Arándanos o uvas: la pulseada por el azúcar en sangre y por qué la fibra decide quién gana

Son las nueve de la mañana en un kiosco deOnce y la fila ya se estira hasta la vereda. Una mujer pide un kilo de uvas; otra, al lado, se inclina por la bandeja de arándanos. Ambas frutas están en la misma góndola, comparten origen y aspecto saludable, pero cuando llegan al torrente sanguíneo se comportan de manera muy diferente. La diferencia, según explican las nutricionistas que siguen de cerca este debate, está en un ingrediente muchas veces subestimado: la fibra. Es ella la que frena el vaciamiento del estómago, la que ralentiza la digestión de los carbohidratos y la que termina suavizando el famoso pico de glucosa que preocupa a tanta gente. Por eso dos frutas con azúcar natural pueden terminar en picos opuestos en el glucómetro.

Los números que separan a una fruta de la otra

Una taza de arándanos aporta alrededor de 84 calorías, 22 gramos de carbohidratos, 15 gramos de azúcar y 4 gramos de fibra. Esa proporción explica que su consumo no genere el mismo aumento de glucosa que un jugo de fruta, donde la fibra prácticamente desaparece y el azúcar se absorbe con gran rapidez, como si uno tomara un atajo hacia el torrente sanguíneo.

En la vereda de enfrente, la misma taza de uvas contiene aproximadamente 125 calorías, 29 gramos de carbohidratos, 25 gramos de azúcar y apenas 1,4 gramos de fibra. Con menos fibra y más carga de azúcar, la elevación de glucosa tiende a ser más pronunciada y veloz, lo cual no las convierte en un alimento prohibido pero sí en una fruta que pide mayor cuidado con la porción.

Lo que dicen las especialistas

“Los arándanos pueden elevar la glucosa porque tienen carbohidratos y azúcar natural, pero su fibra modera ese efecto. No se trata de magia: es matemática intestinal.”Caroline Thomason Bunn, nutricionista y educadora en diabetes
“La mayor parte de la evidencia sobre las uvas proviene de productos derivados como jugos y extractos. Los efectos sobre el consumo habitual de fruta fresca todavía no están del todo establecidos, así que conviene no extrapolar.”Vandana Sheth, nutricionista

Compuestos que merecen un párrafo aparte

Ambas frutas suman compuestos de interés más allá de la glucosa. Los arándanos contienen antocianinas, pigmentos antioxidantes vinculados a menor inflamación y a mejoras en la hemoglobina A1C en personas con diabetes. Las uvas rojas y moradas también aportan antocianinas, y en sus cáscaras se esconde el famoso resveratrol. Aun así, buena parte de las investigaciones se hicieron con derivados de la uva, y los resultados sobre glucosa en ayunas y hemoglobina A1C no son concluyentes, una aclaración que las profesionales repiten cada vez que se cruzan con promesas medicinales alrededor de una fruta.

La clave está en lo que las rodea

Lo que sí está claro, coinciden las especialistas, es que el contexto de la comida importa tanto como la fruta en sí. La fibra sola no hace milagros cuando la porción se desborda y la fruta aparece sola en el desayuno. Aquí entran a jugar sus socios habituales, esos alimentos que cambian completamente la curva de glucosa:

  • Arándanos con yogur griego: la proteína del lácteo ralentiza la digestión y aplana el pico.
  • Arándanos con semillas de chía o frutos secos: suman fibra y grasas insaturadas que prolongan la saciedad.
  • Uvas con queso o un puñado de nueces: las proteínas y grasas del acompañamiento compensan la menor fibra de la fruta.
  • En lo posible, elegir siempre la fruta entera antes que jugo, donde se pierde casi toda la fibra.
  • Cuidar el tamaño de la porción: una taza como referencia, no un racimo generoso a cualquier hora.

En el kiosco de la esquina, mientras tanto, la mujer de las uvas paga y se va con su bolsa. La de los arándanos se queda mirando la bandeja, duda un segundo y pide un cuarto de queso untable para llevar. Quizás sin saberlo acaba de armar, sin pensarlo demasiado, el combo que recomiendan las especialistas para que ninguna fruta se le suba a la cabeza. La próxima vez que alguien le pregunte si puede comer uvas o arándanos sin culpa, ya tiene una respuesta bastante concreta: no es la fruta la que decide sola, es la compañía que se le pone en el plato.

TG

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