Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Adiós al Negro Rada: se apagó la voz que le puso swing al candombe rioplatense

El músico uruguayo Rubén Rada murió a los 83 años tras casi un mes de internación por una neumonía. Su velatorio abrirá sus puertas en el Palacio Legislativo de Montevideo y ya se multiplican los mensajes de despedida de Fito Páez, Natalia Oreiro, Gustavo Santaolalla y una larga lista de artistas argentinos y uruguayos que lo sintieron parte de su propia historia.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 50 d
Adiós al Negro Rada: se apagó la voz que le puso swing al candombe rioplatense

Me imagino la escena sin esfuerzo: la luz de la tarde entrando por los ventanales del Palacio Legislativo montevideano, gente haciendo fila en la vereda con la garganta todavía apretada y un murmullo de bombos que alguien, inevitablemente, va a empezar a tocar en cualquier esquina del barrio Sur. Así se va a despedir a Rubén Rada, el Negro, el que durante más de seis décadas le puso cuerpo, risa y swing a la música popular del Río de la Plata. El músico uruguayo falleció este miércoles a los 83 años, después de casi un mes de internación a causa de una neumonía que finalmente pudo más que su energía arrolladora.

Una carrera que arrancó en los sesenta y no paró más

Nacido en Montevideo, Rada debutó a principios de los años sesenta y se fue construyendo a fuerza de talento como una de las voces más reconocibles del candombe y de la canción rioplatense. De aquellos años vienen himnos que ya nadie puede separar de la historia de la música de la región, como Tengo un candombe para Gardel, Cha-cha, muchacha y Ayer, te vi. Pero si hay una canción que lo define entero, esa es Botija de mi país, que escribió junto a Eduardo Mateo y que con el correr del tiempo se convirtió en una pieza emblemática de la cultura uruguaya, casi un segundo himno para varias generaciones que la cantan sin pensarlo.

En la Argentina su huella se nota en cada rincón: en los escenarios de Buenos Aires que pisó una y otra vez, en los músicos que lo citan como referencia inevitable y en esa forma tan suya de mezclar el humor con el ritmo, la poesía con el baile, la raíz africana del candombe con el pop más sofisticado. Rada no fue solo un cantante: fue un compositor, un baterista formidable, un showman capaz de convertir cualquier entrevista en un pequeño espectáculo.

“La familia Rada es la familia Páez. Hoy se nos fue el gran caudillo del amor y la música. De la risa, el swing y la alegría.”Fito Páez, al conocer la noticia

Las despedidas que se multiplican del otro lado del charco

Fito Páez, que lo recuerda desde la adolescencia en un local porteño cerca de Corrientes y Callao y que relata ese primer encuentro en su libro Infancia y Juventud, resumió en pocas palabras lo que sintieron muchos: la idea de que con Rada se va un pedazo de la propia familia. La uruguaya Natalia Oreiro, que eligió la letra de Botija de mi país para dedicársela públicamente, lo definió como lo más grande del Uruguay como artista, como persona y como amigo. Gustavo Santaolalla, productor y ganador de varios premios Oscar por la música de las películas de Alejandro González Iñárritu, lo despidió como artista extraordinario, de múltiples talentos, y sostuvo que su voz y su bella persona quedan para siempre con nosotros.

La lista de mensajes se estiró durante toda la jornada e incluyó a Valeria Lynch, Los Auténticos Decadentes, Charly García y Nito Mestre, entre otros, que resaltaron su música, su calidez humana y el lugar que supo ocupar durante más de seis décadas en la escena regional. No hubo división generacional ni estilística: desde el rock hasta el pop, desde el tango hasta el candombe, todos se sintieron convocados a la hora de despedirlo.

Voy a ser honesta: para mí Rada siempre fue esa música que suena de fondo cuando se junta la familia un domingo, ese ritmo que aparece sin que nadie lo convoque y que termina con todos bailando en el living, aunque sea fuera de tono. Por eso su muerte no se siente lejana ni ajena: se siente como si se hubiera ido alguien de la mesa, alguien con el que uno creció sin necesidad de conocerlo personalmente. Gracias por tanto, Negro: que el candombe te reciba del otro lado con la alegría que vos supiste repartir acá durante más de sesenta años.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

Te puede interesar