Adiós al Negro González Oro: el que nos hablaba cada mañana y se fue en Punta del Este
El periodista y conductor argentino murió a los 74 años en la ciudad uruguaya donde se había radicado en 2020. Repasamos una carrera de más de tres décadas, marcada por la cercanía con el público y un último ciclo dedicado a la familia.
Me cuesta escribir esta nota sin que se me venga a la cabeza la imagen de un estudio de radio todavía tibio, con el eco de una despedida que muchos oyentes guardan como si fuera un cassette de los suyos. Esta vez no hay micrófono abierto: Oscar "el Negro" González Oro murió este viernes 25 de septiembre, a los 74 años, en Punta del Este, la ciudad uruguaya a la que se había mudado en 2020 buscando un ritmo distinto después de décadas de madrugones porteños.
El hombre que durante quince años fue la voz inconfundible de El oro y el moro -el ciclo que copó las mañanas de la radio AM y lideró la audiencia durante una década- eligió terminar su etapa de conductor diario el 2 de abril de 2021, cuando llevaba 35 años seguidos frente al micrófono. En esa última emisión hubo recuerdos, mensajes de familiares, compañeros de trabajo y público, y unas palabras suyas que quedaron flotando, dedicadas a quienes lo habían acompañado: "Me han hecho muy feliz".
Una decisión pensada, con los hijos como eje
- En los días previos a su despedida de la radio, González Oro había explicado que quería disponer de más tiempo para sus hijos, su gran motor en ese tramo de la vida.
- La mudanza ya estaba cerrada: había dejado su casa de San Isidro y tramitado la residencia uruguaya.
- Entre los motivos del cambio mencionó la cuarentena, la muerte de varios amigos y el desgaste que le producía escuchar a diario los problemas de sus oyentes.
Esa decisión no implicó, sin embargo, un retiro completo de la actividad. Desde su casa en Punta del Este siguió haciendo entrevistas y, más adelante, tuvo participaciones ocasionales tanto en radio como en televisión. También mantuvo vivo el contacto con el público a través de sus redes sociales, donde compartía recuerdos y reflexiones que funcionaban como una especie de cuaderno de bitácora íntimo y, al mismo tiempo, colectivo.
“La periodista Denise Pessana recordó una cena que habían compartido un mes antes de su muerte y destacó su cultura y las anécdotas que contaba, aunque señaló que lo había visto frágil.”Denise Pessana
Su vida en Uruguay estuvo atravesada por un grupo de amigos con los que conservó una vida social activa, y por ese costado más reposado que había elegido después de tantos años de exponer la garganta y el alma cada mañana en una argentina. Me quedo pensando, mientras escribo, en que González Oro fue uno de esos comunicadores que construyó su carrera no tanto desde el escándalo, sino desde la confianza: la de sentirse escuchado por alguien que parecía saber qué le pasaba a uno antes de que uno mismo lo supiera.
Ahora que la noticia empieza a circular entre oyentes de varias generaciones, me parece inevitable preguntarnos -y me lo pregunto yo también- qué recuerdos conservamos de sus programas: si fue la risa de la mañana, una frase que se repetía en la mesa familiar o esa manera tan suya de hablarle a la gente como si la conociera de toda la vida. Lo cierto es que el Negro se fue en silencio, del otro lado del río, pero dejó encendida, todavía, la frecuencia de quienes aprendimos a desayunar con su compañía.
