Adaptation: cuando Nicolas Cage se animó a ser dos y el guion se volvió protagonista
La película de Spike Jonze y Charlie Kaufman pone a Nicolas Cage en un doble papel y convierte el traspaso de un libro a la pantalla en el corazón del relato. Una excusa perfecta para repasar la cara menos obvia de un actor que, entre dramas, comedias y cine de acción, mostró mucho más que los golpes que le conocíamos.
Imaginate llegar a un set, ponerte el casco de peluquería y descubrir que del otro lado del espejo hay otro vos esperando para entrar en escena. Algo así, pero en escala Hollywood, fue lo que se propuso Nicolas Cage cuando aceptó Adaptation, la película que Spike Jonze empezó a rodar a comienzos de los años dos mil y que llevaba años dando vueltas por la industria. La idea parecía simple y, al mismo tiempo, imposible de explicar en un ascensor: adaptar El ladrón de orquídeas, el libro que Susan Orlean publicó en mil novecientos noventa y ocho, y al mismo tiempo contar cómo se adapta ese libro. La locura recién empezaba.
Un guion que se mira a sí mismo
La gran apuesta del filme, y lo que lo volvió una rareza dentro de la historia del cine, es que el proceso de pasar un libro a la pantalla dejó de ser un trámite y se transformó en el tema central. Charlie Kaufman, el mismo guionista que venía de escribir otras joyitas autorales como Cómo ser John Malkovich y Eternal Sunshine of the Spotless Mind, se metió en su propio guion como un personaje más, bloqueado, inseguro, peleando contra los productores que le pedían algo más comercial. Esa decisión dejó a la película funcionando en dos planos: el de la historia que se cuenta y el de la historia que se cuenta cómo se cuenta.
Y en ese juego de espejos, Nicolas Cage se animó a interpretar un doble papel: el del gemelo imaginario del guionista y el del propio Kaufman, con sus neurosis y sus diálogos interminables. La elección fue tan arriesgada como celebrada, y le dio al actor la oportunidad de mostrar registros que el público masivo no le conocía, muy lejos de las corridas y explosiones a las que lo asociábamos en los noventa.
El otro Cage: el que ya venía avisando
Antes de meterse en este laberinto kaufmaniano, Cage ya había dejado señales de que su lugar en Hollywood iba mucho más allá de los blockbusters. En Leaving Las Vegas,, se llevó el Óscar por su interpretación de un guionista alcoholizado, en un papel que todavía se recuerda como una de las actuaciones más crudas y entregadas del cine americano de esa década.
- En Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), dirigida por Martin Scorsese y escrita por Paul Schrader, interpretó a un paramédico deambula por las noches neoyorquinas mientras su cuerpo y su cabeza se van desarmando.
- En El hombre del tiempo (The Weather Man, 2005), con dirección de Gore Verbinski, le puso el cuerpo a un hombre cuya vida se desmorona mientras su cara aparece en una pantalla gigante en plena calle.
- En El señor de la guerra (Lord of War, 2005), se asoció con Andrew Niccol para meterse en la piel de un traficante de armas, en un drama criminal cargado de cinismo y traje gris.
Es decir, cuando Adaptation llegó a las salas, no fue un volantazo en la carrera de Cage sino una especie de cierre lógico de todo lo que venía probando. Un actor con un cuerpo atravesado por la intensidad, con un Oscar en el living y una filmografía que ya mezclaba drama, comedia y cine de género sin pedir permiso.
Una rareta que se ganó su lugar
La película no fue un éxito de público en su momento y tardó en encontrar a sus fans, pero con el tiempo se volvió objeto de culto, de esos films que los guionistas citan y los profesores de cine pasan en clase. Que un director como Jonze, que venía de filmar el primer guion de Kaufman y de meterse en la cabeza de John Malkovich, haya aceptado rodar algo así habla del margen que Hollywood todavía le daba a las ideas raras a comienzos de los dos mil. Un margen que, visto desde hoy, parece más exiguo.
Viéndola de nuevo, lo que más llama la atención es la paciencia con la que el filme se permite ser lento, raro y un poco pretencioso sin dejar de ser, en el fondo, una historia muy humana sobre gente que intenta contar cosas y no sabe cómo. En ese cruce entre literatura, cine y biografía, Cage se luce, Jonze firma una puesta sobria y elegante, y Kaufman termina haciendo algo insólito: escribir un guion sobre la imposibilidad de escribir un guion y, encima, salir airoso.
Si tuviera que recomendar una sola película de Nicolas Cage para entender por qué este señor sigue dando que hablar, me inclino por Adaptation. No es la más taquillera de su carrera ni la más cómoda, pero es la que mejor demuestra que detrás del gesto desmesurado y las películas ruidosas había un actor dispuesto a meterse en laberintos donde otros no se animaban a entrar. ¿Y vos, cuál de sus interpretaciones te gustaría volver a ver en una sala oscura, con pochoclos y tiempo de sobra?
