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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Volver al gym sin romperse: la receta del kinesiólogo que prioriza la técnica por encima de la carga

Emiliano Gallegos advierte que muchas personas son sedentarias que hacen deporte y propone sumar pausas activas durante la jornada laboral. Además, recomienda alrededor de tres entrenamientos por semana y empezar con ejercicios básicos antes de subir la exigencia.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 17 d
Volver al gym sin romperse: la receta del kinesiólogo que prioriza la técnica por encima de la carga

Son las diez de la mañana en una oficina de Palermo y el sol apenas entra filtrado por la persiana. Del otro lado del escritorio, alguien que lleva ocho horas sentada decide que esta tarde vuelve al gimnasio. El kinesiólogo Emiliano Gallegos, recibido en la UBA y con consultorio en Belgrano, conoce de memoria esa escena: la motiva el verano que se viene, las ganas de recuperar el ritmo y, también, un cuerpo que lleva meses sin moverse como corresponde. Lo que él advierte, sin embargo, es que el entusiasmo sin planificación suele terminar en una lesión antes que en un resultado.

"Nos consideramos no sedentarios, pero muchas veces somos sedentarios que hacen deporte", lanza Gallegos, y la frase describe con precisión una costumbre muy instalada en las agendas porteñas: concentrar el movimiento en una hora y pasar las otras quince del día en la silla. Para el especialista, el primer paso no es elegir el plan de entrenamiento sino entender cómo se vive el resto de la jornada.

El sedentarismo escondido entre entrenamiento y entrenamiento

Para quienes trabajan ocho horas frente a la pantalla, el kinesiólogo propone algo tan simple como disruptivo: interrumpir el sedentarismo con pausas activas. No se trata de rutinas complejas ni de circuitos exprés, sino de sumar movimiento a gestos que ya están en el día. Subir por las escaleras en lugar de tomar el ascensor, aprovechar los minutos en que se prepara un café para hacer unas sentadillas, levantarse a buscar agua en lugar de pedir que la traigan. Son decisiones chicas que, sumadas, cambian la conversación que el cuerpo le da al médico.

  • Hacer primero una evaluación de los hábitos personales antes de planificar la rutina.
  • Entrenar cerca de tres veces por semana, con frecuencia sostenida.
  • Empezar con ejercicios básicos y aumentar la carga de manera progresiva.
  • Priorizar la técnica del movimiento por encima del peso que se levanta.
  • Incluir estiramientos en la vuelta a la calma al final de cada sesión.
  • Sumar pausas activas a lo largo de la jornada para reducir las horas sentadas.
“Lo más importante es la técnica del ejercicio, no la carga, para no lesionarse.”Emiliano Gallegos, kinesiólogo

Gallegos, que también asesora a clubes de barrio en protocolos de readaptación, explica que la planificación arranca con una pregunta básica: qué hace y qué dejó de hacer cada persona. Esa evaluación inicial define la frecuencia, los ejercicios y el ritmo con que se sube la exigencia. La idea, resume, es que el cuerpo se adapte antes de que se le pida más.

El verano empuja, y mucho. En los consultorios de Palermo y Belgrano la demanda de planes exprés se multiplica en noviembre y diciembre, pero el especialista insiste en que las estructuras corporales necesitan un tiempo de acomodamiento que no se negocia. Por eso recomienda iniciar con estímulos pequeños y avanzar de manera gradual: primero el patrón del movimiento, después la carga, más adelante la intensidad.

La organización de la rutina, según Gallegos, se completa con una vuelta a la calma que incluya estiramientos y con ejercicios adecuados al nivel real de quien entrena, no al que le gustaría tener. A la salida del consultorio, ya entrada la tarde, el sol cae sobre la calle y el aire trae ese calor pesado de los días de noviembre: la misma escena del principio, pero ahora con un plan.

TG

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