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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Veinte mil aliados diminutos: la cruzada de la UBA para combatir el dengue con peces nativos en los barrios porteños

Un equipo de la Facultad de Agronomía reparte de manera gratuita dos especies de "madrecitas de agua" que devoran larvas del mosquito transmisor. Ya llegaron a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias y prometen una herramienta de bajo costo y larga duración.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 50 d
Veinte mil aliados diminutos: la cruzada de la UBA para combatir el dengue con peces nativos en los barrios porteños

Hay algo que me sigue asombrando cada vez que lo cuento, y por eso volví a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires una mañana de sol pleno, con ese viento tibio de principios de primavera que se cuela por la avenida San Martín: dos peces chicos, casi insignificantes a la vista, se convirtieron en una de las apuestas más serias que tiene la ciencia argentina para frenar al Aedes aegypti, el mosquito que transmite el dengue. La Cátedra de Acuicultura de la FAUBA viene repartiéndolos de manera gratuita desde 2022 y, según los datos que me confiaron, ya entregó más de veinte mil ejemplares a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias de toda la región.

Las especies elegidas no son caprichosas. Se trata de Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas vulgarmente como "madrecitas de agua", peces dulceacuícolas nativos de nuestra pampa que apenas miden unos centímetros y que, según me explicó con mucha calma Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, tienen una capacidad asombrosa: cada ejemplar adulto puede consumir hasta cien larvas de mosquito por día.

Un método pensado para los reservorios donde todo falla

Lo que me terminó de convencer de la potencia de esta estrategia es su sentido común. Las campañas tradicionales piden que vaciemos baldes, macetas y floreros, pero ¿qué hacemos con las piletas de lona mal armadas, los bebederos de animales en los patios de tierra o las fuentes de plaza que nadie puede desagotar? Ahí es donde estos peceitos hacen su trabajo, porque están adaptados a vivir en ambientes chicos, sucios y variables, justo donde el larvicida químico llega con dificultad o resulta poco práctico.

“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales

La otra cara del proyecto es Ana Paula Baldonedo, coordinadora de la iniciativa, quien me recibió en el laboratorio con esa amabilidad de quien está acostumbrada a que la llamen por cualquier duda. Ella me confirmó que cualquier persona puede pedir los peces para "sembrar" en reservorios de difícil acceso, una forma muy gráfica de decir que se los libera en el agua y se deja que la naturaleza haga el resto.

  • Solicitud directa: vecinos, escuelas y organizaciones se comunican con la Cátedra y reciben los peces sin costo.
  • Entrega y liberación: los ejemplares se siembran en piletas, bebederos, estanques y otros reservorios de difícil vaciado.
  • Alimentación autónoma: cada pez adulto consume hasta 100 larvas de mosquito por día.
  • Bajo costo y larga duración: el control biológico se sostiene en el tiempo sin nuevas aplicaciones.
  • Articulación territorial: el programa trabaja junto a la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO) y en el marco de UBANEX.
  • Reconocimiento oficial: la iniciativa fue declarada de interés ambiental en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que más me quedó dando vueltas, mientras caminaba de regreso por los pasillos de la facultad, es la dimensión humana del asunto. Detrás de cada pedido hay un nombre de pila y un barrio. López me contaba, por ejemplo, el caso de Carolina, de La Paternal, que mantiene los peces en un bebedero de su huerta familiar, o el de la escuela de Parque Patricios que armó una pequeña estación de cría con los chicos. Son historias chiquitas que, sumadas, explican los veinte mil ejemplares distribuidos entre 2024 y 2025.

Una herramienta más, no un reemplazo

López fue muy claro en este punto y quiero ser fiel a sus palabras: el control biológico con peces no viene a sustituir el descacharrado ni la fumigación, sino a complementar el manejo integrado del mosquito. "Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo", me resumió, con ese tono tranquilo de quien lleva años explicando lo mismo en cada reunión barrial.

El contexto sanitario le da a este tipo de proyectos una urgencia que no podemos ignorar. La temporada 2023-2024 cerró con más de 580.000 casos confirmados de dengue en la Argentina y 419 muertes, la cifra más alta registrada hasta ahora en el país. Frente a ese escenario, la idea de sumar aliados vivos y nativos a la lucha cotidiana contra el mosquito deja de ser una curiosidad académica y pasa a ser, en los hechos, una política de salud posible.

Cuando me fui de Agronomía, el sol ya pegaba fuerte sobre los canteros y el viento había parado. Me quedé pensando que a veces las soluciones más contundentes vienen en envases chicos: un par de centímetros de aleta y escama que, sin hacer ruido, trabajan gratis las veinticuatro horas para cuidarnos. Si en su casa tienen un reservorio de agua que no pueden vaciar, ya saben: la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA los espera, y los peces también.

TG

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