Una taza de arándanos por día, el aliado cotidiano que el corazón empieza a agradecer a las pocas semanas
Nutricionistas y cardiólogos de universidades de Estados Unidos coinciden en que el consumo regular de esta fruta colabora con la presión arterial, el colesterol y la glucosa, y destacan que la versión congelada conserva todas sus propiedades activas.
En cualquier dietética del barrio o en el freezer de un kiosco de estación de servicio, los arándanos aparecen hoy como una presencia habitual, y lo cierto es que no se trata de una moda pasajera sino de un pequeño fruto al que la investigación empieza a pedirle más atención de la que solemos darle, porque una taza diaria puede convertirse en un gesto sencillo con efectos concretos sobre el corazón y sobre la presión arterial que tantas personas adultas ven alterada en sus chequeos de rutina, y vale la pena detenerse a entender por qué.
En una mañana cualquiera de este noviembre porteño, con un sol todavía tibio colándose por la ventana de la cocina, lo que parece apenas un puñado de bolitas azul oscuro esconde, en realidad, una cantidad importante de unas moléculas llamadas antocianinas, que son justamente las que le dan ese color característico y las que, una vez que llegan al organismo, ponen en marcha una serie de mecanismos que terminan beneficiando al sistema cardiovascular, según detallaron dos especialistas consultados por medios estadounidenses en las últimas semanas.
El camino que recorre la antocianina dentro del cuerpo
Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center, explicó que esas antocianinas estimulan la producción de óxido nítrico, una sustancia que el propio cuerpo fabrica y que tiene una función muy concreta: facilitar la relajación y la apertura de los vasos sanguíneos. Cuando las arterias se relajan, la sangre circula con menor resistencia y la presión tiende a bajar, un dato que para cualquier persona que convive con un tensiómetro en el baño no es menor, porque significa sumar un hábito cotidiano a la lista de aliados posibles.
“Las antocianinas estimulan la producción de óxido nítrico, que relaja y abre los vasos sanguíneos, y cuando las arterias están más relajadas la sangre circula con menor resistencia y la presión tiende a bajar.”Ashlee Bobrick, nutricionista dietista registrada del Ohio State University Wexner Medical Center
A ese efecto se le suma otro que mucha gente pasa por alto: la fibra. Una taza de arándanos aporta cuatro gramos de este nutriente, una cantidad que ayuda a acercarse al consumo diario recomendado sin demasiados esfuerzos. Durante la digestión, esa fibra se fermenta en el intestino y genera ácidos grasos de cadena corta que después pasan al torrente sanguíneo y participan activamente en la regulación de la presión arterial, según describió Bobrick, quien además recordó que esa misma fibra cumple un papel estabilizador sobre la glucosa y colabora en la reducción del colesterol LDL, dos variables que el cardiólogo siempre mira con atención.
Qué pasa en el interior de los vasos sanguíneos
Parveen Garg, cardiólogo de Keck Medicine de la Universidad del Sur de California, aportó otra pieza al explicar que los arándanos podrían mejorar también la función endotelial, es decir, el comportamiento de esa capa finísima de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y que regula, ni más ni menos, su elasticidad. Estudios previos habían observado resultados positivos en ese punto, y la lógica es bastante directa: cuando el endotelio trabaja bien, el control de la presión arterial resulta más eficiente y el corazón enfrenta menos sobrecarga.
En la cocina de cualquier casa, entonces, sumar una taza diaria de arándanos al desayuno o a la merienda aparece como un gesto chico con respaldo grande: antocianinas que relajan las arterias, fibra que regula la glucosa y el colesterol, y un endotelio que funciona mejor cuando más lo necesita. Claro que nadie está proponiendo reemplazar un tratamiento médico ni suspender lo que el especialista de cabecera haya indicado, porque los arándanos son un complemento dentro de una dieta equilibrada y no una solución mágica, pero sí es razonable, a la luz de lo quen estas investigaciones, empezar a mirarlos con otros ojos cada vez que aparecen en la bandeja de la verdulería o en el freezer del super, sobre todo en esos días en que el viento de noviembre se lleva el calor de la mañana y el cuerpo, sin que uno lo decida, empieza a pedir hábitos que cuiden un poco más al corazón.
