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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una mañana empieza a cuidarse la noche anterior: sueño, fibra y movimiento como aliados cotidianos

Pequeñas decisiones al irse a la cama y al levantarse pueden mejorar el descanso, la digestión y el estado de ánimo. Especialistas consultados por medios internacionales coinciden en que no hace falta cambiar todo de golpe, sino ajustar la rutina a los propios tiempos.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 12 d
Una mañana empieza a cuidarse la noche anterior: sueño, fibra y movimiento como aliados cotidianos

Son las seis y media de la mañana en un barrio cualquiera de Buenos Aires y la alarma vuelve a sonar antes de lo que el cuerpo quisiera. Mientras la pava empieza a calentar el agua y el sol apenas se asoma por la persiana, aparece la duda de siempre: ¿se puede empezar el día de otra manera, sin que todo se vuelva una carrera contra el reloj? La respuesta, según coinciden varios especialistas, no pasa por agregar tareas imposibles a la agenda, sino por reorganizar las que ya están. Y la primera decisión, curiosamente, se toma la noche anterior.

Dormir bien no es un lujo, es una necesidad medida

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, más conocidos por su sigla CDC, son claros con los números: los adultos de 18 a 60 años necesitan al menos siete horas de sueño por noche, y entre los 61 y los 64 años la recomendación sube hasta un rango de siete a nueve horas. Parece un detalle, pero acortar esos minutos de manera sostenida tiene consecuencias que se arrastran al día siguiente, desde el humor hasta la concentración. Por eso, antes de que suene el despertador, ya se juega buena parte de cómo va a transcurrir la mañana.

Preparar la ropa, dejar lista la vianda o programar el café la noche previa son gestos simples que reducen la carga de decisiones al levantarse. La nutricionista Serena Pratt, citada por el portal Eating Well, suele sugerir a sus pacientes tomarse unos minutos antes de mirar el celular, respirar hondo y reencontrarse con el entorno, una práctica que la propia Organización Mundial de la Salud incluye entre sus herramientas de bienestar. Como le dijo a este medio una vecina de Belgrano llamada Laura, de 52 años, "a mí me cambió la vida no mirar el teléfono los primeros diez minutos; antes ya estaba con la cabeza en la oficina".

Fibra, movimiento y pausas: el resto del día se construye con lo que se hace temprano

El segundo pilar es la mesa. La avena, las frutas con cáscara, las semillas y los cereales integrales son aliados accesibles para sumar fibra desde el desayuno. Pratt explicó que este nutriente ayuda a mantener la barrera intestinal y una microbiota saludable, aunque aclaró que conviene aumentar la cantidad de manera progresiva, porque un salto brusco puede provocar gases o distensión. Para quienes no toleran la avena o el salvado, las legumbres, las verduras y los frutos secos permiten completar el aporte a lo largo del día, sin necesidad de forzarse en una sola comida.

El tercer componente es el movimiento, y ahí el médico Scott Nass, también entrevistado por Eating Well, hace una sugerencia tan concreta como realista: después del desayuno, una caminata corta por la cuadra o unos minutos para estirarse alcanzan para interrumpir el tiempo sentado y activar la circulación. No se trata de salir a correr, sino de mover el cuerpo. La OMS respalda esa idea: reemplazar parte del sedentarismo por actividad, aunque sea ligera, ya reporta beneficios. Para los adultos, la pauta es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o su equivalente en intensidad vigorosa, distribuidos como cada persona pueda, no necesariamente a las siete de la mañana.

  • Respetar al menos siete horas de sueño por noche, según la franja etaria.
  • Preparar la ropa, el desayuno o las tareas pendientes la noche anterior para reducir el estrés matutino.
  • Dedicar unos minutos a respirar y recuperar la calma antes de revisar el celular o empezar a trabajar.
  • Incorporar fibra en el desayuno con avena, frutas con cáscara, semillas o cereales integrales, y aumentar su consumo de forma gradual.
  • Interrumpir el tiempo sentado con caminatas cortas, estiramientos o pausas activas cada cierto rato.
  • Recordar que estas prácticas no reemplazan la consulta médica ni los tratamientos indicados por profesionales.

Volvamos a la cocina de las seis y media, donde la pava ya silbó y la luz de la mañana entra de a poco por la ventana. No hay recetas mágicas ni rutinas exportables: lo que funciona es ajustar estos consejos al propio ritmo, a las posibilidades reales de cada hogar y, sobre todo, a las indicaciones de los profesionales de la salud que acompañan a cada persona. Cuidarse, en definitiva, no es una carrera de una mañana, sino una suma de decisiones chicas que empiezan cuando se apaga la luz la noche anterior.

TG

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