Tu próxima IA, la que te limpia la cocina, arranca con una señora india filmando con el celular en la cabeza
Divya corta verduras, limpia y graba. Lo que parece un video doméstico es, en realidad, comida cruda para algoritmos. El laburo paga poco, lleva el doble de tiempo y muchas veces no se aprueba. Pero le cambió la economía chica. Bienvenidos al data center más insólito del mundo: la cocina de una casa.
¿Te imaginabas que el futuro de la robótica iba a pasar por una mina con un teléfono atado en la frente, pelando papas en la India? Tranqui, no es el prólogo de una serie de Netflix: es la realidad más literal que existe. Y pinta de cuerpo entero cómo se entrena a la Inteligencia Artificial (IA), esa sigla que en el Valle de Punilla ya escuchamos hasta en el quiosco, cuando alguien nombra al chatbot que le escribió el currículum. Acá la posta es esta: para que un robot aprenda a moverte los muebles o a pasarte el trapo, alguien tiene que mostrarle cómo se hace. En video. Y bien lento.
La protagonista se llama Divya, vive en el distrito de Karur, al sur de India, y se gana unos pesos filmando las tareas que cualquier ama de casa (o cualquier estudiante que se mudo a un depto, vaya) hace todos los dias. Cortar verduras, limpiar la mesada, acomodar trastos. La diferencia: lo registra con un celular sujeto con un arnés a la cabeza. La cámara capta todo desde sus ojos, como si fueras vos mirando. Después manda el material y listo: otro eslabón más para entrenar a la famosa IA.
¿Y para qué sirve filmar a alguien cortando una zanahoria?
Acá viene la parte técnica, sin chamuyo. Esos videos se usan para entrenar lo que en la jerga se llama visión por computadora, o sea, sistemas que procesan imágenes y detectan patrones. No es la IA vieja, la de los robots industriales que repiten siempre el mismo movimiento como si fueran zombies en una línea de montaje. Estos robots nuevos, los que prometen meterse en tu casa, tienen que adaptarse: la taza está corrida, el piso está mojado, hay un perro en el medio. Para eso necesitan ver miles y miles de horas de humanos resolviendo problemas reales, no simulaciones. Literal, aprenden viéndote cocinar.
- Filmar tareas cotidianas con un celular en la cabeza, durante varias horas por dia.
- Enviar los videos a una empresa que los usa como dataset, o sea, material de entrenamiento para algoritmos.
- Esperar que un equipo de revisión apruebe una porción del material grabado.
- Cobrar un pago por las horas aprobadas, no por las horas filmadas.
¿Cuánto se cobra y cuánto tarda, posta?
Acá es donde la cosa se pone menos glamorosa. Divya cuenta que cuando filma unas cuatro horas, le aprueban entre dos y dos horas y media. O sea, casi la mitad se va al tacho. Y como si fuera poco, la tarea en sí lleva más tiempo del normal. ¿Por qué? Porque filmar bien no es lo mismo que hacer. Ella misma lo explica: “Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video”. Es el precio extra de tener que mostrar cada gesto como si fuera una clase de cocina para alguien que no entiende nada.
Lo que cobra no lo detallan las cifras del material, y ojo con eso: cuando un periodista te tira un número sin fuente, desconfiá. Lo que sí queda claro es que para ella el ingreso fue un antes y un después. Antes, para cargar saldo en el teléfono tenía que pedirle plata al marido. Ahora se lo paga sola y hace compras por su cuenta. Es plata chica, pero es plata propia, que en cualquier punto del mapa, sea el Valle de Punilla o Karur, pesa distinto.
¿Entonces la IA necesita gente como Divya, o la IA nos necesita a todos?
Y esta es la pregunta que me llevo a casa. Cada vez que escuchamos que la IA va a revolucionar todo, que viene por los empleos, que el futuro será de los algoritmos, alguien está filmando con un celular en la cabeza en una cocina de la India para que el sistema aprenda a distinguir una papa de una cebolla. El modelo de negocio es simple y a la vez inquietante: tu casa, tus manos, tu tiempo se convierten en dataset. La próxima vez que alguien te diga que el robot ya sabe hacer todo solo, acordate de Divya, del arnés y de las cuatro horas de filmación que terminaron en dos horas aprobadas. Veremos si el día que esos robots lleguen a Buenos Aires, alguien les explica también lo que es un bondi en hora pico.
