Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Portada › Vida ›
Vida /

Tres movimientos de bajo impacto para no perder fuerza ni equilibrio después de los 60

La rutina de la entrenadora Denise Austin propone trabajar piernas, brazos y abdomen con una silla y una superficie elevada. Se hace en casa, sin equipamiento, y apunta a sostener las funciones físicas del día a día antes de que empiecen a fallar.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 39 d
Tres movimientos de bajo impacto para no perder fuerza ni equilibrio después de los 60

La mañana entra por la ventana de la cocina y, antes de que la pava empiece a silbar, el cuerpo ya pasó por una pequeña prueba: levantarse de la silla sin hacer trampa con los brazos, mantener el equilibrio mientras uno cruza el pasillo, agacharse a recoger algo del suelo y volver a incorporarse. Son gestos que parecen automáticos hasta que dejan de serlo. A partir de los 60, la pérdida gradual de fuerza muscular, movilidad y estabilidad suele hacerse visible justo en esas acciones cotidianas, cuando empezar a sentarse o levantarse empieza a costar más de la cuenta. Por eso la entrenadora estadounidense Denise Austin, con décadas de trayectoria en fitness, propone una rutina breve y sin equipamiento que se puede hacer en casa, frente a una silla o sobre una superficie elevada, para preservar la autonomía antes de que se resienta.

Los tres movimientos que propone la rutina

  • Toques de glúteo frente a la silla: parado con los pies al ancho de las caderas, se baja como para sentarse con la espalda recta y los brazos extendidos al frente, se toca apenas el asiento y se vuelve a subir. Trabaja piernas y glúteos, la base de la estabilidad corporal. Se puede graduar desde apoyarse del todo hasta rozar el asiento apenas.
  • Flexiones elevadas sobre una mesa, un banco o el brazo de un sofá: las manos se apoyan al ancho de los hombros, se flexionan los codos para acercar el pecho y se vuelve a estirar los brazos con el abdomen activo. Refuerza pecho, hombros y brazos, y mejora la capacidad de empuje para impulsarse desde una silla o recuperar el equilibrio.
  • Vacío abdominal y abdominales en V sentado en una silla: el torso se reclina unos 45 grados, los pies se despegan del piso con las rodillas flexionadas y se llevan las rodillas al pecho mientras el tronco avanza. Luego se estiran las piernas y se vuelve a inclinar el tronco. Se recomiendan 20 repeticiones y, al final, sostener la posición 20 segundos.

La clave de la propuesta es que replica, con, los gestos que el cuerpo repite varias veces por día. Sentarse y pararse, empujar para levantarse de un sillón o estabilizar el tronco al caminar tienen su espejo en estos ejercicios. Cuando se trabaja la fuerza y el equilibrio en ese mismo plano, el beneficio se traslada de manera directa a la autonomía y a la prevención de caídas, uno de los grandes focos de cuidado en la medicina geriátrica.

En el barrio de Belgrano, Marta, de 67 años, resume la idea sin rodeos: “Yo no voy al gimnasio ni pienso ir. Pero si cada mañana me tomo diez minutos para hacer estas cosas frente a la silla de la cocina, sé que me estoy cuidando sola”. Su frase condensa el espíritu de la rutina: práctica, hogareña y pensada para sostenerse en el tiempo, no para abandonarse a las dos semanas.

Por qué importa empezar antes de que el cuerpo avise

La pérdida de fuerza y equilibrio rara vez llega de golpe. Lo hace en silencio, en esos detalles que se normalizan: tomarse del borde de la mesa para pararse, esquivar escaleras, evitar agacharse. Esperar a que el cuerpo dé señales claras suele significar empezar cuando ya cuesta revertirlas. Por eso los especialistas insisten en trabajar la fuerza de piernas, el empuje de brazos y la estabilidad del core como una inversión cotidiana, casi tan básica como dormir bien o comer a horario. La rutina de Austin se inscribe en esa lógica: pocos minutos, sin pesas, sin gimnasio y con la misma silla que uno usa para tomar mate.

Vuelvo a la escena de la cocina: la pava que empieza a silbar, el cuerpo que se levanta solo, el paso firme hasta la mesada. Son imágenes pequeñas, casi íntimas, que describen lo que está en juego cuando se habla de envejecer con autonomía. La promesa de estos tres movimientos es modesta y por eso mismo poderosa: sostener, en la propia casa y con lo que ya hay en ella, las funciones que permiten seguir viviendo sin pedir ayuda para lo de todos los días.

TG

Te puede interesar