Tres clásicos y un catálogo entero: Filmin abre las puertas a Dreyer, Kubrick y Coppola
La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino funcionan como puerta de entrada a una selección que también pasa por Buster Keaton, Fritz Lang e Ida Lupino, con dramas, sátiras, ciencia ficción y cine negro.
Hay tardes en las que uno se sienta frente al catálogo de una plataforma de streaming con la sensación de estar entrando a un viejo videoclub de los de antes, de esos que olían a cinta y tenían las cajas ordenadas por director, y la nueva selección de Filmin me provocó exactamente eso: la invitación a perder una hora eligiendo entre clásicos en lugar de buscar la última novedad. Esta vez, la excusa llegó con un recorte que cruza tres obras enormes, La pasión de Juana de Arco, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y El padrino, y un periplo que además se detiene en Buster Keaton, Fritz Lang e Ida Lupino. La promesa es clara: ordenar la elección por género, por realizador o por elenco y, de paso, repasar formas muy distintas de contar historias en el cine.
Un juicio, un botón rojo y una familia que se mueve en las sombras
El catálogo invita a empezar por donde uno quiera, pero la primera parada que a mí me atrapó fue La pasión de Juana de Arco, de 1928. Es una de esas películas que uno vio hace años en una materia de la facultad y que vuelve a aparecer cada tanto, como una obligación pendiente. Carl Theodor Dreyer la firma con una austeridad que hoy sigue pareciendo moderna: el relato biográfico de Juana se cruza con el cine de juicios y la atención a los rostros de Maria Falconetti, Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y Antonin Artaud ocupa el centro de la propuesta visual. Quien se anime a revisitarla va a encontrar planos enteros sostenidos sobre la culpa, el miedo y la fe, sin que la cámara necesite explicar nada.
A varios kilómetros de ese blanco y negro silencioso, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de 1964, cambia el registro pero conserva el temblor. La sátira de Stanley Kubrick pone el humor como escudo para hablar del pánico nuclear y de la posibilidad de que las decisiones humanas terminen apretando el botón equivocado. Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn se reparten un reparto que funciona como un reloj: cada engranaje, desde el general desquiciado hasta el presidente rodeado de teléfonos, contribuye a una comedia negra que, vista en 2026, sigue dando un poco de vértigo.
El padrino completa el trío con otra vuelta de tuerca. La primera entrega dirigida por Francis Ford Coppola en 1972 es una de esas cintas que uno vio en una sesión de domingo a la tarde y que, por más veces que vuelva, nunca termina de soltarse. Al Pacino, Marlon Brando, Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton encabezan un reparto que trabaja los contrastes de luz, el peso de las sombras y una representación estilizada de la violencia, con una reflexión de fondo sobre el sueño americano que sigue funcionando como espejo deformado de cualquier época.
Más allá del trío: Keaton, Lang e Ida Lupino
Lo interesante del recorte es que no se queda en los tres cabezas de serie. El recorrido por realizadores también se detiene en Buster Keaton, con una comedia que incorpora elementos fantásticos y que sirve para recordar por qué el cine mudo sigue haciendo reír a carcajadas, y en Fritz Lang, con una propuesta de ciencia ficción vinculada al expresionismo alemán, es decir, la clase de película que demuestra que la pregunta por el futuro lleva décadas instalada en la pantalla.
En el terreno del suspenso aparece Ida Lupino, con una película de 71 minutos que concentra la tensión dentro de un auto. Son apenas algo más de sesenta minutos, pero alcanza para entender por qué se la recuerda como una de las pioneras detrás de cámara en Hollywood y por qué su mirada sigue resultando incómoda, ajustada, sin un plano de más.
- Empezar por el silencio: La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer (1928), como prólogo en blanco y negro.
- Subir la temperatura con la sátira nuclear: ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick (1964), con su elenco coral.
- Bajar a la mafia con El padrino, de Francis Ford Coppola (1972), para cerrar la noche con sombras largas.
- Sumar a Buster Keaton si el cuerpo pide comedia física, y a Fritz Lang si la curiosidad va hacia la ciencia ficción expresionista.
- Terminar con los 71 minutos de tensión en un auto firmados por Ida Lupino, como epílogo.
Si me preguntan a mí, lo más sano que puede hacer un cinéfilo argentino esta semana es aceptar la invitación y armar una de esas maratones que empiezan con un café y terminan a las tres de la mañana con la sensación de haber recorrido varias décadas en una noche. La selección de Filmin no inventa nada, simplemente pone en fila obras que ya estaban ahí, esperando su turno, y uno termina agradeciendo que alguien las junte y las presente con la seriedad que merecen. Clásico elegido para volver a ver, en mi caso, va a ser La pasión de Juana de Arco: cada tanto hace falta volver a mirarla de cerca y recordar que el cine, a veces, solo necesita un rostro bien iluminado para contarlo todo.
