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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Tomás Holder mostró sus dos cuerpos y dejó una advertencia que duele

El ex Gran Hermano expuso las fotos de sus 125 kilos y de su paso por Ibiza para hablar de salud mental, de la presión estética en las redes y de lo que nadie muestra: el precio físico y emocional que hay detrás de cada transformación extrema.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 34 d
Tomás Holder mostró sus dos cuerpos y dejó una advertencia que duele

La imagen es elocuente y, a la vez, incómoda. Tomás Holder publicó dos fotos que parecen sacadas de dos personas distintas: en una se lo ve con 125 kilos, encerrado en su departamento de Buenos Aires, en mayo del año pasado; en la otra aparece en una playa de Ibiza este julio, con una definición muscular que parece de revista. Y sin embargo, lejos de celebrar ese contraste, el joven lo que hizo fue advertir que ninguno de los dos cuerpos representa un estado saludable. Ninguno.

Los 125 kilos que nadie quería ver

Yo a esa primera foto la conozco bien, porque la mostró él mismo y porque circuló por todos lados: Holder con el torso caído, la mirada perdida, la panza marcada por meses de encierro. El propio Tomás recordó que había dejado el gimnasio siete meses antes de mayo de 2025, que se aisló en su casa, que se pasaba hasta doce horas por día jugando a la PlayStation y que mantenía una alimentación basada pura y exclusivamente en comida chatarra. “No encontraba rumbo, no encontraba soluciones”, resumió, y no es difícil leer en esa frase algo más que un problema de peso: hay un pibe de veintipico de años que no sabía para dónde ir.

Esa foto, según contó, la tuvo guardada mucho tiempo por vergüenza. La subió ahora, justamente, para sacarle ese peso de encima y para decir algo que en su mundo, el de las redes y el reality, no se dice seguido: que las transformaciones tienen un punto de partida que casi nunca es glamoroso.

El cuerpo de Ibiza que tampoco era un triunfo

La segunda postal es la del verano europeo: Holder en una playa de Ibiza, abdomen marcado, brazos definidos, comentarios elogiosos de desconocidos en boliches y paseos. Pero él mismo se encargó de bajarle el precio. “Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico”, escribió, en una frase que desarma por completo la estética fitness que suelen vender las redes.

Y acá viene lo más interesante, lo que a mí me parece que vale la pena marcar: para llegar a esa imagen, Tomás contó que hizo cinco meses de control estricto de alimentación, que durante ese proceso empezó a sentir culpa cada vez que comía algo fuera del plan y que la balanza se transformó en una suerte de juez cotidiano. Comer una hamburguesa, una de esas cosas simples que a los veinte años son un placer y no un dilema, pasó a ser un conflicto. Eso no es salud, eso es otra cosa, y él lo dijo con todas las letras.

La advertencia final y un cambio extra

La conclusión a la que llegó Holder es de las que a mí me dejan pensando un rato: ni los 125 kilos sostenidos a base de ultraprocesados y aislamiento, ni el físico de Ibiza con apoyo químico son modelos a seguir. Sobre el segundo, fue taxativo y dijo que ese tipo de resultados no son sostenibles en el tiempo. Y sobre el primero, directamente pidió que se cuide la salud y, sobre todo, la salud mental, que es donde dijo estar todo el origen de su desborde.

Como si fuera poco, en medio de la charla Tomás confirmó que a comienzos de marzo se hizo un implante capilar para corregir las entradas que antes disimulaba con el corte de pelo. Negó retoques en el rostro y le achacó los cambios en sus facciones a la dieta y a la barba que empezó a usar. Detalles al margen, pero que completan la postal de alguien que está rearmando su imagen por completo, aunque sea por dentro como por fuera.

“Cuiden su salud y sobre todo su salud mental.”Tomás Holder

A mí, lo confieso, este tipo de posteos me generan algo que no es fácil de explicar. Porque estamos tan acostumbrados a ver cuerpos fitness como trofeo y cuerpos excedidos como fracaso que cuando alguien se planta en el medio y dice “las dos puntas son un problema”, el mensaje termina siendo casi revolucionario. Holder es un pibe que construyó su imagen pública dentro de Gran Hermano, que vive de likes y de comentarios, y sin embargo se dio el permiso de mostrar su peor foto y de admitir que su mejor foto tampoco era un logro. Eso, en el ecosistema de las redes argentinas, vale bastante. Y deja flotando una pregunta incómoda para todos: cuántos de los cuerpos que admiramos cada día en Instagram son reales, cuántos son sostenibles y cuántos, en el fondo, están sostenidos con la misma vara química y la misma salud mental que él reconoció tener en Ibiza.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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