Te hackean la IA sin pedirte la clave: el truco está en las sesiones abiertas
Un informe internacional advierte sobre el robo de cookies y tokens que dejan la puerta abierta a cuentas de inteligencia artificial. Empresas argentinas y del Valle ya figuran entre las 482 organizaciones con credenciales filtradas.
¿Otra vez la IA en el centro de la tormenta? Sí. Pero esta vez no se trata de que la máquina diga disparates: el problema es que alguien puede sentarse en tu cuenta como si fuera la suya, sin pedirte ni la contraseña. Un informe de ESET, apoyado en datos de SOCRadar, pone el dedo en una herida que muchos equipos de seguridad ni siquiera estaban mirando: las sesiones activas de las plataformas de inteligencia artificial, esas que quedan abiertas cuando uno cierra la pestaña y se va a comer un asado.
¿Qué es un infostealer y por qué debería importarte?
La historia empieza con programas maliciosos conocidos como infostealers, softwares que se meten en una computadora con Windows o Mac y se llevan todo lo que encuentran: desde cookies hasta tokens de sesión. Para explicarnos en criollo: una cookie es ese archivo chiquito que guarda tu inicio en una página, como cuando entrás a Mercado Libre y no te pide la clave cada vez; un token de sesión es el equivalente moderno, un permiso temporal que dice "este usuario ya se autenticó, dejalo pasar". Si un atacante se hace con esos archivos, puede entrar a tu cuenta de IA sin tipear absolutamente nada.
Ahí está la trampa: cuando el servicio recibe una sesión válida, da por hecho que el usuario legítimo está del otro lado. La verificación en dos pasos, esa que te manda un código al celular, queda desactivada porque el sistema interpreta que ya pasaste ese filtro. El atacante navega cómodo, sin alertas, como un fantasma con llave propia.
¿Qué se llevaron y a quién?
- 5.434 registros expuestos en 90 días, según el relevamiento de SOCRadar.
- 1.500 direcciones de correo corporativo distintas aparecen en las bases filtradas.
- 482 empresas con cuentas de IA comprometidas, entre ellas varias de América Latina.
- El historial de conversaciones quedó al descubierto: código fuente, contratos y datos de clientes que los empleados consultaron con el chatbot.
¿Por qué las claves API también son un dolor de cabeza?
Para los que no manejan el tema: una clave API es como un que conecta tu sistema con un servicio externo, por ejemplo, cuando una pyme del Valle usa ChatGPT para automatizar respuestas y la integra con su sistema de ventas. Si esa clave se filtra, el atacante puede consumir los créditos pagos de la empresa o meterse en otros servicios asociados, como una plataforma tipo Zapier que mueve datos entre aplicaciones. Cambiar la contraseña de tu correo no sirve de nada si el token sigue vivo.
¿Qué recomiendan los que saben?
- Acortar la vida útil de las sesiones: cuanto menos duren, menos margen para el ladrón.
- Renovar los identificadores y las claves API cada cierto tiempo, como rotar las cubiertas del auto.
- Implementar inicio de sesión único para tener un solo punto de control y no un quilombo de accesos dispersos.
- Revisar ingresos desde lugares o horarios insólitos: si un usuario aparece conectado a las tres de la mañana desde otro país, ojo.
- Tratar el incidente como un compromiso del dispositivo, no solo como un cambio de contraseña.
La moraleja, para los que todavía creen que con poner asteriscos en la clave alcanza: en el mundo de la IA, el enemigo no siempre quiere tu contraseña. A veces le basta con la puerta que dejaste entreabierta. Veremos cuántas empresas locales se toman en serio el tema antes de que el próximo informe los ponga en la lista.
