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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Siete horas en la montaña: la historia de un rescate que se podría haber evitado con un formulario y un buen par de botines

Una excursionista de 36 años terminó en camilla en el sendero al refugio Frey, en el Nahuel Huapi, y desde la Intendencia del parque salieron a recordar los cuatro pasos clave para que una salida de trekking no termine en operativo de emergencia.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 5 d
Siete horas en la montaña: la historia de un rescate que se podría haber evitado con un formulario y un buen par de botines

Eran cerca de las doce del mediodía del sábado y el sol pegaba de lleno sobre la picada que trepa hacia el refugio Frey, en el corazón del Parque Nacional Nahuel Huapi, cuando el teléfono de una mujer de 36 años, oriunda de Buenos Aires, marcó el 911. La excursionista viajaba con un grupo de familiares y amigos y había completado el Registro de Trekking al día, pero igual la montaña le pasó factura: una lesión en la pierna, en el tramo que va desde el cruce a Playa Muñoz hacia el ascenso al refugio, la dejó sin chances de seguir por sus propios medios. Lo que empezó como un llamado de socorro se transformó, durante las siguientes siete horas, en un operativo que movilizó a brigadistas, guardaparques y rescatistas en una zona donde el viento suele complicarlo todo y el reloj corre más rápido de lo que uno imagina.

Desde la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi me cuentan que en el lugar trabajaron siete brigadistas del Departamento de Incendios, Comunicaciones y Emergencias, dos guardaparques de Zona Centro y seis integrantes de la Comisión de Auxilio, incluido un paramédico. Los equipos llegaron en un camión URO y en una camioneta RAM, estabilizaron a la turista en el sitio y la bajaron en camilla varios kilómetros hasta Playa Muñoz. Desde ahí, una embarcación la llevó a la seccional, donde la esperaba una ambulancia. Cerca de las 19:30, la mujer llegó en buenas condiciones, aunque con el cuerpo marcado por el esfuerzo y la frustración de un día que había empezado como una caminata placentera y terminó con un final que nadie hubiera querido escribir.

Un rescate que no fue un hecho aislado

Lo que más me llamó la atención, y quiero compartirlo porque me parece clave para entender la dimensión del problema, es que este operativo no fue un hecho aislado en la montaña. Las autoridades del parque me confirmaron que en los días previos se habían registrado otras intervenciones por visitantes que se largaron a caminar sin contemplar suficientemente las características del recorrido. Es decir, no fue un caso excepcional sino la punta de un iceberg que se repite cada vez que arranca la temporada alta de trekking en la zona andina. Por eso, desde la Intendencia salieron a renovar las recomendaciones básicas para que una salida a la montaña no se convierta en una pesadilla.

Los cuatro pilares para salir y volver de la montaña sin sobresaltos

  • Completar el Registro de Trekking antes de partir. Ese formulario es la herramienta que permite ubicar a una persona si no regresa en el horario previsto y es, según me remarcaron en el parque, el punto de partida de cualquier rescate. Sin ese registro, los equipos de emergencia caminan a ciegas.
  • Calcular los tiempos reales de caminata, tomando en cuenta las horas de luz disponibles para el regreso y no solamente para la ida. Porque en la montaña el sol se va antes de lo que uno cree y bajar de noche por un sendero técnico puede ser tan peligroso como la propia lesión.
  • Adecuar el equipamiento al terreno: calzado con suela de agarre, ropa de abrigo impermeable y una mochila con agua y alimentos suficientes. No es cuestión de moda ni de marca, sino de entender que el clima en la cordillera cambia en minutos y que el cuerpo pide hidratación permanente.
  • Evaluar con honestidad las propias capacidades físicas antes de elegir un recorrido de dificultad alta. Porque la montaña no negocia con la soberbia y siempre, siempre, termina cobrando lo que uno no pudo dar.

Me quedo dando vueltas con una idea que me transmitieron desde el parque y que me parece importante repetir hasta el cansancio: estas medidas no evitan todos los accidentes, porque en la montaña siempre hay un margen de riesgo que no se puede eliminar del todo, pero sí reducen el tiempo de respuesta y mejoran de manera sustancial las condiciones en que los equipos de emergencia pueden actuar. Y eso, traducido al lenguaje de cualquier excursionista que haya caminado alguna vez por el Nahuel Huapi, significa la diferencia entre pasar un susto y terminar en una camilla mirando cómo se aleja el sol sobre Playa Muñoz.

Yo me quedo con la imagen de esa mujer bajando lentamente por el sendero, con el cielo empezando a teñirse de naranja y el viento fresco del lago Nahuel Huapi acariciándole la cara después de una jornada que jamás olvidará. Y me quedo también con la certeza de que la montaña, esa que nos regala paisajes que parecen pintados por la mano de alguien muy generoso, nos pide a cambio algo muy simple: respeto, planificación y la humildad de saber que somos visitantes, no dueños, de esos senderos que tanto nos llenan el alma. ¿Tenés algún recorrido de montaña pendiente? Contanos cómo te preparás antes de salir, porque cada experiencia sumada es una herramienta más para que la próxima salida termine con un asado y no con un operativo de emergencia.

TG

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