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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Señales del corazón que muchas mujeres dejan pasar: la advertencia de una cardióloga que recorre el pecho, los brazos y la mandíbula

El dolor en el pecho no siempre aparece primero. Una especialista británica enumera las molestias atípicas —desde el cansancio al subir escaleras hasta una indigestión a las tres de la mañana— que pueden estar hablando del corazón y que suelen confundirse con estrés, menopausia o problemas digestivos.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 25 d
Señales del corazón que muchas mujeres dejan pasar: la advertencia de una cardióloga que recorre el pecho, los brazos y la mandíbula

Son las siete de la tarde de un martes cualquiera en Barracas y María, que tiene 54 años y trabaja en un taller de costura, se apoya contra la mesada de la cocina después de haber subido tres veces seguidas la escalera del altillo buscando telas. Le falta el aire, le duele el antebrazo izquierdo y piensa que fue un día demasiado largo. No fue un día largo. Fue, probablemente, la primera vez que el corazón le pidió atención, esa tarde en que el sol de marzo todavía pega contra la persiana y el viento apenas mueve la ropa tendida en el patio.

Lo que le pasó a María —una molestia que se repite al subir escaleras, un cansancio intenso al hacer la cama, una indigestión que aparece a las tres de la mañana sin razón aparente— es exactamente el tipo de cuadro que la cardióloga Shrilla Banerjee, consultora del Hospital London Bridge, en el Reino Unido, describió esta semana como señales de alerta que muchas mujeres siguen atribuyendo al estrés, a la menopausia o a una mala cena.

Cuando el esfuerzo físico se vuelve la pista clave

Banerjee insistió en un patrón simple pero poderoso: cuando el dolor, el agotamiento o la dificultad para respirar se presentan de manera reiterada durante el esfuerzo físico, sin otra explicación evidente, conviene consultar. Y agregó un dato que rompe el manual clásico: el malestar no siempre se ubica en el pecho. Puede aparecer en la mandíbula, en el cuello, en los hombros, en la espalda o en uno o en los dos brazos, aun sin que haya una presión en el centro del tórax.

¿Por qué ocurre esto? La explicación que dio la especialista es bastante concreta: cuando el corazón recibe menos oxígeno del que necesita, transmite señales dolorosas hacia la médula espinal. Como esas vías nerviosas comparten conexiones con otras regiones del cuerpo, el cerebro termina registrando la molestia en un hombro o en un brazo. Por eso un dolor que sube desde el pecho hasta la mandíbula, o que se instala en la muñeca izquierda mientras una camina apurada, puede tener un origen cardíaco aunque no se parezca en nada al infarto que muestran las películas.

La indigestión que en realidad no es indigestión

Hay otro capítulo del problema que Banerjee describió con una historia clínica concreta, de esas que quedan flotando en la cabeza. Atendió a una paciente con episodios repetidos de eructos y malestar digestivo. Le hicieron estudios y la mujer terminó con stents colocados por una enfermedad coronaria grave, detectada mediante un angiograma. La cardióloga recomienda consultar cuando la acidez o la indigestión surgen sin relación con las comidas, o en horarios poco habituales —por ejemplo, durante la madrugada, cuando nadie está digiriendo nada— porque a veces lo que parece gastritis es el corazón pidiendo oxígeno a los gritos.

Cuándo ir directo a la guardia

La especialista marcó una línea roja que no admite dudas: hay que acudir directamente a una guardia si los sudores fríos, las náuseas, los mareos o una sensación de pánico se acompañan de dolor o molestia en el pecho. También advirtió que el dolor cardíaco no siempre se siente como una presión aplastante: puede manifestarse como punzadas o como pellizcos, formas atípicas que muchas mujeres descartan porque no coinciden con la imagen clásica del infarto.

La menopausia como factor que nubla el diagnóstico

Banerjee recordó además que la superposición con los síntomas menopáusicos suele demorar la consulta: los calores, los cambios de humor y el cansancio se mezclan con las señales cardíacas y cóctel difícil de leer. Y sumó un dato que a mí, como a muchas lectoras de entre cuarenta y sesenta, me dejó pensando: después de la menopausia aumenta el riesgo cardiovascular porque la disminución de estrógenos se vincula con cambios en la presión arterial, en el colesterol y en la acumulación de grasa abdominal. Por eso la especialista insistió con los controles periódicos de presión y colesterol, esa visita al médico que una viene postergando entre el laburo, los hijos y el turno del dentista.

Las señales que conviene tener en la cabeza

  • Dolor o molestia que se repite al hacer esfuerzo (subir escaleras, caminar rápido, cargar peso) y que cede con el reposo.
  • Malestar en mandíbula, cuello, hombros, espalda o brazos, aunque no haya dolor en el centro del pecho.
  • Acidez o indigestión que aparece de noche o lejos de las comidas, sobre todo si se repite.
  • Agotamiento desproporcionado para la actividad que se está haciendo, como sentirse exhausta al tender la cama.
  • Sudoración fría, náuseas, mareos o sensación de pánico combinados con dolor torácico: en este caso, guardia ya.
  • Dolor que se siente como pinchazos o pellizcos, no solo como presión.

Vuelvo a María, en su cocina de Barracas, con el antebrazo todavía dolorido y la decisión pendiente. Si esta nota le sirve para que mañana llame al centro de salud, pida un turno con cardiología y se haga al menos un control de presión y de colesterol, ya habrá cumplido su parte. El corazón, como dice Banerjee, no avisa siempre en el mismo idioma: a veces susurra en un brazo, a veces grita en una indigestión a las tres de la mañana, y otras veces —las menos— se calla del todo. Por eso, querida lectora, prestar atención a las molestias, registrar cuándo se repiten y qué las dispara no es exageración: es, probablemente, la forma más concreta de cuidarse en esta etapa de la vida.

TG

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