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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Raccoon City vuelve a abrir sus puertas: Zach Cregger reescribe Resident Evil sin copiar la fórmula

La nueva película rescata el espíritu de los videojuegos de Capcom con una historia original, criaturas mutadas y el clásico recorrido por pasillos oscuros, granjas y alcantarillas. Bryan es el nuevo protagonista de un survival horror pensado para quienes crecieron buscando municiones en cada esquina.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 24 d
Raccoon City vuelve a abrir sus puertas: Zach Cregger reescribe Resident Evil sin copiar la fórmula

Imaginen la imagen que tantas veces vimos en pantalla: una linterna que corta la oscuridad de un pasillo, el ruido metálico de un cargador vaciándose y la certeza de que del otro lado de la puerta hay algo que no queremos enfrentar. Esa sensación, la del sobreviviente que avanza con lo justo mientras el mundo se desmorona, es la que vuelve a poner sobre la mesa la nueva película de Resident Evil, dirigida por Zach Cregger y pensada como una historia original e independiente dentro del universo que Capcom inauguró en 1996 con aquella mansión llena de zombis donde quedaron atrapados Chris Redfield y Jill Valentine.

El protagonista de esta vuelta de tuerca se llama Bryan, y su recorrido por Raccoon City funciona como un manual ilustrado de todo lo que la saga supo construir durante casi tres décadas. No es una adaptación de un juego puntual ni un remake de las cintas anteriores: es un relato nuevo que toma los recursos clásicos del survival horror y los ordena dentro de una trama con identidad propia. Quienes jugaron reconocerán cada gesto, pero quien nunca tocó un mando va a poder seguir la película sin sentirse afuera, porque el director se encarga de explicar las reglas del mundo a medida que Bryan las va descubriendo.

Un recorrido que parece un nivel jugable

La acción se despliega por calles nevadas, alcantarillas, una granja y un hospital, los escenarios que cualquier fanático asociaría con la franquicia. Raccoon City ocupa un lugar central en la mitología de Resident Evil porque allí funciona el laboratorio de Umbrella, la farmacéutica responsable de los experimentos biológicos que desataron el brote. En la película, ese peso recae en dos científicos de la compañía interpretados por Paul Walter Hauser y Zach Cherry, que buscan frenar el desastre que ellos mismos ayudaron a provocar.

Bryan avanza con lo que puede: una pistola, una escopeta y un rifle de asalto que consigue a lo largo del camino. Pero tener un arma no alcanza. En la granja, por ejemplo, necesita juntar cartuchos para poder usar la escopeta, un detalle que los jugadores conocen bien y que acá se traduce en una escena de tensión pura. También se topa con accesos bloqueados y cerraduras que exigen ingenio, esos obstáculos que en los videojuegos funcionan como pequeños rompecabezas para condicionar el avance. La linterna, casi un personaje más, lo acompaña por la nieve y por las sombras del hospital, con el riesgo extra de que su luz delate su posición ante ciertos enemigos, exactamente como ocurre en las entregas interactivas.

Criaturas que parecen sacadas de un jefe final

Las amenazas que aparecen en el camino tampoco se quedan atrás. En un granero, un perro persigue a Bryan y abre su cabeza para mostrar tentáculos, una deformación que mezcla lo animal con lo mutado y que remite directamente al imaginario de los juegos. En el ascensor del hospital, otra criatura lo ataca con vómito ácido, y más adelante aparece un monstruo compuesto por fragmentos de cuerpos que suma nuevos restos a través de sus tentáculos y crece a medida que se alimenta. Son bestias que funcionan como jefes de fase, obstáculos con peso propio que obligan al protagonista a pensar antes de disparar.

Si me permiten la opinión, lo que más me gusta de lo que propone Cregger es justamente lo que no hace: no intenta copiar escena por escena ningún juego ni remakear las películas de Paul W. S. Anderson o el reboot de Johannes Roberts. En lugar de eso, toma el ADN de la franquicia, esa mezcla de tensión, escasez y exploración, y lo pone a funcionar dentro de una historia nueva que se sostiene sola. Para los que crecimos buscando hierbas verdes y balas en los cajones de la mansión, volver a Raccoon City con esta sensibilidad se siente como reencontrarse con un viejo amigo que, contra todo pronóstico, todavía sabe cómo darnos un buen susto. Y a los que llegan por primera vez, les va a dejar un mapa claro de por qué esta saga lleva casi treinta años haciéndonos cerrar las puertas con doble llave.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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