Quentin Tarantino, el fan arrepentido de un estreno fugaz: vio cinco veces en una semana la ópera prima de Kevin Costner
El director de "Pulp Fiction" contó que descubrió "Fandango" en 1985, cuando apenas estuvo en carteleras, y la define como una de las mejores primeras películas de la historia del cine.
Imaginate entrar solo a un cine de barrio en California, en la primavera del 85, y encontrarte con una película que nadie vio, que se proyectaba en una sala a medio llenar y que al cabo de siete días iba a desaparecer de la pantalla. Eso fue lo que le pasó a un joven Quentin Tarantino, que tenía por entonces veintidós años y estaba lejos de convertirse en el cineasta que cambió para siempre el cine de los noventa. Esa película se llamaba "Fandango", y su protagonista era un veinteañero de cara ancha y sonrisa tímida llamado Kevin Costner, en lo que terminó siendo su primer papel protagónico en la pantalla grande.
El dato lo rescató una reciente entrevista con Vanity Fair, en la que Tarantino no se guardó nada: contó que vio "Fandango" cinco veces en el cine durante la única semana que la película estuvo en cartelera, y que hoy la considera una de las mejores óperas primas de la historia. La frase, viniendo de alguien que lleva años eligiendo sus películas favoritas como quien arma una selección de fútbol, no es menor. Y lo más curioso es que la cinta recaudó apenas 91.000 dólares en su estreno original en Estados Unidos, una cifra que hoy suena casi a broma para una superproducción.
Una road movie con esmoquin mugriento
"Fandango" se sitúa en 1972 y sigue a un grupo de cinco amigos que, el día de su graduación, deciden regalarse un último viaje por el suroeste estadounidense antes de que cada uno tome su camino: la guerra de Vietnam asoma en el horizonte y la vida adulta ya está tocando la puerta. Escrita y dirigida por Kevin Reynolds, es una comedia con aire libre, rock de los setenta y mucho polvo del desierto. Reynolds, por entonces un desconocido, le puso cámara al hombro a esa troupe de veinteañeros y dejó que la ruta hablara por ellos.
El gran hallazgo de la película, según Tarantino, fue Costner. El director lo dice con una sinceridad que parece casi confesional: contó que, después de ver la película, empezó a vestirse como él, a hablar como él, y a fantasear con la idea de ponerse un esmoquin sucio y dormir, orinar, vomitar, beber y sudar dentro de un coche cruzando el desierto. "Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo", resumió, en una de esas frases que parecen una definición del cine entero.
“La señal de un actor realmente genial es que, después de ver su actuación, quieres actuar como él.”Quentin Tarantino
- Costner había hecho papeles chicos antes, pero "Fandango" fue su primer protagónico en cine y la carta de presentación que lo llevaría después a films como "Los intocables", "Bailando con lobos" y "El guardaespaldas".
- Reynolds no volvió a repetir la fórmula: el propio Tarantino lo había bautizado a principios de los noventa como el Stanley Kubrick de su generación, un elogio que la carrera posterior del director no terminó de justificar.
- Igual, Reynolds y Costner siguieron trabajando juntos: primero en el taquillazo "Robin Hood, príncipe de los ladrones" (1991), después en "Waterworld" (1995), un rodaje con varias fricciones que con el tiempo se enfriaron.
- Ya en los 2000 se reencontraron en la miniserie "Hatfields & McCoys", un proyecto que llevó a Costner a rechazar el papel principal de "Django desencadenado", el western que finalmente Tarantino le terminó dando a Jamie Foxx.
En el fondo, lo que cuenta Tarantino es una pequeña venganza del tiempo: una película que el público ignoró en su momento, que las distribuidoras dieron por muerta en una semana, terminó convirtiéndose en una de esas piezas de culto que se descubren de casualidad en un canal de cable, una madrugada de domingo, o en una reposición que nadie esperaba. El propio Tarantino fue uno de esos espectadores afortunados, y se nota que lo recuerda con la misma devoción con la que uno guarda en la memoria el recital que le cambió la forma de escuchar música.
Te lo pregunto como lo haría un amigo al que le brillan los ojos: ¿conocías "Fandango" antes de leer esta nota, o es de esas películas que aparecen de pura chiripa en una zapeando sin destino? Si todavía no la viste, te aviso que va a costar un poco encontrarla en plataformas grandes; suele refugiarse en ciclos de cine clásico y en algunas colecciones de los ochenta. Pero si te cruzás con ella en un canal de cable o en una filmoteca del barrio, no la dejes pasar: aunque solo sea por entender de dónde salió el Costner que después conquistó Hollywood, y por comprobar en carne propia por qué un chiquilín de veintidós años llamado Quentin Tarantino se obsesionó con un esmoquin mugriento en medio del desierto.
