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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Parado frente al mostrador: el pancho de Coquito que se sirve como hace siete décadas

En una esquina de San Isidro, a pasos de la estación, un local de veinte metros cuadrados y cuatro banquetas sostiene una fórmula que atraviesa generaciones: pancho, aderezos y licuado de banana, con la misma receta desde 1955.

Por Jimena QuirogaTurismo · · hace 27 d
Parado frente al mostrador: el pancho de Coquito que se sirve como hace siete décadas

Te imagino llegando a la estación de San Isidro con el tren todavía en los oídos. Son apenas unos metros los que separan la salida de General Manuel Belgrano 92, donde Coquito te espera con su ritual de panchos al paso. No es un sitio para sentarse a comer: son veinte metros cuadrados, cuatro banquetas pegadas a la pared y una barra al frente que cumple como mesa de apoyo. La mayoría de la gente come parada, codo a codo con el mostrador, como en los viejos bares del centro.

Una fórmula simple, un precio claro

El menú no necesita explicaciones: panchos medianos por cinco mil pesos, distintos aderezos y bebidas. No hay papas fritas, ni como guarnición ni para coronar la salchicha, una decisión que los dueños sostienen desde siempre. Lo que sí aparece es el licuado de banana, un clásico de la casa que muchos clientes piden como parte inseparable de la experiencia.

  • Panchos medianos: $5.000 cada uno.
  • Aderezos clásicos: mostaza, mayonesa, kétchup y salsa golf.
  • Opciones más recientes: mostaza con miel, alioli y sriracha.
  • Bebidas: el licuado de banana es la marca registrada.

El pan llega desde una panadería de Acassuso, elaborado con la receta y el tamaño que los propios dueños indican, y se calienta a baño maría para que el vapor lo humedezca antes de armar el pancho. La salchicha, de estilo alemán y con piel, se fabrica especialmente para el negocio y llega pasteurizada, por lo que solo recibe unos minutos de calor antes de quedar lista para el mostrador.

Cómo llegar y cuándo conviene pasar

La dirección es General Manuel Belgrano 92, San Isidro, a metros de la estación de tren. El horario es de lunes a sábado de 8 a 20.15 y domingos de 10 a 18.30. Los sábados la cuadra se vuelve peatonal y el movimiento crece: en jornadas de mucha venta salen más de mil panchos, y en la previa de Navidad, el 23 y el 24 de diciembre, la cifra puede trepar hasta los 1.700. Para pedidos grandes, Javier Rubini prefiere entregar por tandas, para que ninguno llegue frío.

Si buscás una alternativa menos conocida dentro de la misma zona, te sugiero caminar unas pocas cuadras hacia el centro de San Isidro y animarte a explorar los pequeños mostradores de comidas al paso que sobreviven en las veredas de la zona de Belgrano y la avenida Centenario, muchos sin cartel en la puerta y sostenidos por las mismas familias desde hace décadas. Son lugares que no salen en las guías, pero que conservan la misma lógica: comida simple, porción generosa y trato de toda la vida.

Una historia que empieza en 1955

El negocio nació en 1955, cuando Gustavo Grandinetti y Atilio Rubini se asociaron para abrir Coquito. Las dos familias siguen al frente, con participación de la cuarta generación, en el mismo espacio y con pocas reformas. Javier Rubini, que atiende junto con su hermano Adrián, cuenta que tuvieron la oportunidad de sumar el local vecino para ampliarse, pero eligieron conservar las dimensiones originales y mantener el formato de siempre.

Entre quienes se acercan hay vecinos que vuelven desde su infancia y también visitantes del sur y del oeste del conurbano, que conocieron la propuesta por las redes sociales y llegan especialmente un sábado. La pregunta queda picando entre el mostrador y la barra: ¿con qué bebida acompañás vos un pancho al paso?

“Tuvimos la oportunidad de sumar el local vecino, pero elegimos conservar las dimensiones originales.”Javier Rubini

La mejor época para ir es la primavera y el inicio del verano, cuando el clima permite comer parado en la vereda sin apuro y la calle se llena de gente que se acerca después de dar una vuelta por el centro. Pero si lo que buscás es sentir el pulso más intenso del lugar, entonces conviene coincidir con la peatonal del sábado o, si te animás, con la locura de la previa de Navidad, cuando los 1.700 panchos se cuentan uno por uno.

JQ

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