Mate, café o té bien caliente: cuando el vapor del cuerpo se topa con la humedad de Buenos Aires
Un especialista en bienestar explica por qué una infusión caliente puede refrescar más que un vaso con hielo si el aire está seco y corre viento. En días pegajosos y sin brisa, el truco se vuelve contra quien lo prueba. La clave, igual, pasa por no dejar de tomar agua.
El sol de las tres de la tarde se apoya con todo sobre la vereda de un bar de Palermo y, mientras afuera la térmica roza los 35 grados, en una mesa del fondo un hombre de unos cincuenta y tantos, pelo canoso y camisa de manga corta, pide un cortado bien caliente. Desde la otra punta del local, una mujer lo mira como si estuviera loco. Ella prefiere la limonada con hielo. Los dos van a terminar tomando líquido y, según explica el profesor John Tregoning, los dos van a tener razón: lo que cambia no es tanto la temperatura de la taza como el clima que rodea la mesa.
Calor que entra, sudor que sale
Según cuenta Tregoning, especialista en bienestar y uno de los investigadores que más difundió este fenómeno, cuando alguien se lleva a los labios un té, un mate cocido o un café bien servido, el cuerpo recibe dos mensajes al mismo tiempo. Por un lado, incorpora calor. Por el otro, ese estímulo térmico activa las glándulas sudoríparas y empieza a transpirar. La pregunta clave es qué pasa con ese sudor en los minutos siguientes, porque ahí se define si la infusión refrescó o terminó cocinando al consumidor desde adentro.
Para que el balance cierre a favor del alivio, el agua que aparece sobre la piel tiene que evaporarse. Cuando eso ocurre, el líquido pasa de estado líquido a vapor y, para lograrlo, toma energía calórica del cuerpo. Esa energía es, justamente, calor que se va. Si el sudor se evapora, el organismo pierde temperatura. Si se queda como una película húmeda, empapa la remera o chorrea por la frente, lo único que se pierde es agua, no frescura.
- En un ambiente seco y con brisa, el sudor se evapore rápido y la bebida caliente termina enfriando al cuerpo, aunque al primer sorbo parezca una locura.
- En un lugar húmedo y sin ventilación, el sudor no sale de la piel, se acumula, y el calor que aportó la infusión se queda pegado al cuerpo.
- La humedad ambiente es el gran interruptor de este mecanismo: cuanta más agua flotando en el aire, menos lugar hay para el vapor que viene de la piel.
- La falta de circulación, ya sea porque la ventana está cerrada o porque el ventilador está apagado, deja una burbuja de aire húmedo alrededor del cuerpo y traba la evaporación.
Mate en la cocina versus mate en el colectivo
Pienso en escenas cotidianas de esta ciudad y la diferencia se ve con bastante claridad. Tomar un mate en una cocina con la ventana abierta y algo de brisa del río puede terminar siendo más refrescante que tomarse una botella de agua helada parada en un colectivo lleno, con el vidrio empañado y la ropa ya pegada al cuerpo antes de subir. La bebida fría ofrece un alivio instantáneo, eso nadie lo niega, pero ese alivio dura lo que dura el hielo: cuando el estómago la iguala con la temperatura interna, la sensación se disuelve.
El propio Tregoning lo resume con una frase que vale la pena repetir: la prioridad siempre es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y, sobre todo, frente a las condiciones del ambiente. No es lo mismo tomar algo en un living con aire acondicionado que en una oficina pequeña donde seis personas comparten el mismo aire viciado y caliente.
“La prioridad siempre es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Antes de cerrar esta nota vuelvo a la mesa del bar de Palermo, donde el hombre del cortado ya está secándose la frente con el pañuelo y la mujer de la limonada le pide al mozo que le rellene el vaso con más hielo. Los dos toman algo, los dos están tomando líquido, los dos sobrellevan la ola de calor como pueden. Tal vez la próxima vez compartan la mesa y se pidan un mate cocido bien caliente con la ventana abierta, a ver qué pasa. O tal vez no. Lo importante es que ninguno de los dos se olvide de seguir tomando agua durante el resto de la tarde, porque en esta ciudad, en enero, la mejor bebida es siempre la que efectivamente entra al cuerpo.
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