Los primeros 90 días con antipsicóticos: cuando el cuerpo empieza a avisar
Un estudio con casi 97.000 pacientes en Inglaterra reveló que el azúcar en sangre y el peso se disparan en el arranque del tratamiento, sobre todo en mujeres y en quienes ya tenían prediabetes. Especialistas piden controlar antes y durante ese trimestre crítico.
Imaginate la escena: una mujer de 38 años sale de la farmacia de su barrio en Lanús con un blíster de olanzapina en la mano. Es un jueves de octubre, el sol cae de costado sobre la vereda y ella todavía no sabe que las próximas doce semanas van a cambiarle el metabolismo de una manera que ni ella ni su médico habían terminado de medir. Ahora imagine eso mismo, multiplicado por casi 97.000 adultos en Inglaterra, y empieza a tomar forma el estudio que esta semana sacudió a la psiquiatría mundial.
La investigación, publicada el 14 de octubre en la revista The Lancet Psychiatry, puso la lupa sobre los antipsicóticos de segunda generación, esos fármacos que desde hace dos décadas se usan para tratar esquizofrenia, trastorno bipolar y otras psicosis, y que suelen preferirse justamente porque producen menos movimientos involuntarios que los clásicos. El hallazgo, sin embargo, vuelve a poner en el centro de la escena un efecto adverso conocido pero poco vigilado: el descalabro metabólico que arranca con la primera pastilla.
Un trimestre que pesa más que el resto del tratamiento
Los autores revisaron historias clínicas de pacientes que comenzaron a tomar olanzapina, quetiapina, risperidona o aripiprazol entre 2000 y 2023, y midieron cómo evolucionaban su glucemia y su peso antes y después del primer comprimido. Lo que encontraron fue contundente: durante los primeros 90 días, el azúcar en sangre subió aproximadamente 14 veces más rápido y el peso unas 9 veces más rápido que en el período previo al inicio de la medicación.
El dato más fuerte se llevó la olanzapina, el fármaco más recetado del grupo. En quienes la empezaron a tomar, la glucemia creció unas 50 veces más rápido y el peso unas 10 veces más rápido durante ese mismo trimestre, comparado con cómo venían las cosas antes de la primera toma. No es un detalle menor: significa que el cuerpo reacciona de manera violenta al principio, y después, con el correr de los meses, los indicadores se estabilizan en valores más altos pero sin la pendiente brutal del arranque.
Quiénes corren más riesgo en esa ventana
- Personas con prediabetes previa: el 19% desarrolló diabetes tipo 2 dentro de los dos años siguientes, contra apenas el 3% de quienes empezaron con glucemia normal.
- Mujeres: su azúcar en sangre trepó unas 24 veces más rápido en los primeros 90 días, frente a unas 10 veces en los hombres.
- Pacientes con olanzapina: el fármaco con el peor perfil metabólico del grupo, según los datos del trabajo.
- Cualquier adulto joven o mayor que arrancara tratamiento: la aceleración del azúcar y el peso se observó en todos los perfiles, aunque con distinto tamaño.
La diferencia entre arrancar con prediabetes y arrancar con la glucosa en orden es la más brutal del estudio: casi uno de cada cinco pacientes con glucemia alterada terminó diagnosticado con diabetes tipo 2 en los siguientes dos años, una cifra que los propios investigadores reconocen como alarmante y que pone en discusión cuántos de esos cuadros podrían haberse evitado con un control a tiempo.
La voz de los investigadores
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en mente, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
El propio Bazo-Alvarez, en diálogo con la prensa británica, insistió con un concepto que parece de perogrullo pero que en la clínica muchas veces se olvida: la detección temprana. Al verificar de manera temprana, los médicos pueden detectar problemas antes y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante, resumió el investigador, que pidió incorporar el control de peso y glucemia como rutina obligatoria antes de recetar y a los tres meses de iniciado cualquier antipsicótico de segunda generación.
Por qué importa en la práctica cotidiana
En el consultorio de un centro de salud del conurbano bonaerense, pedir un análisis de glucemia y un peso basal antes de iniciar un antipsicótico no siempre es tan sencillo como suena: la persona llega derivada de una guardia, el cuadro agudo apura la prescripción y el seguimiento se pierde entre turnos que demoran meses. El trabajo británico, con una muestra tan grande y un seguimiento tan largo, viene a poner números a lo que los psiquiatras ya sospechaban: que esos primeros controles que se saltean o se postergan son, justamente, los que marcan la diferencia entre un tratamiento tolerable y una diabetes que se suma al cuadro.
Vuelvo a la escena del principio, a esa mujer en Lanús con su blíster bajo el sol de octubre. Si los médicos que la atienden hubieran leído este estudio, lo más probable es que le pidieran un análisis de sangre antes de la primera toma, volvieran a controllingle la glucemia a los tres meses y, si el azúcar empezaba a trepar, conversaran con ella sobre alternativas o sumaran un plan de alimentación y actividad física. No es un cambio dramático en la práctica, pero es el tipo de intervención que, multiplicada por miles de pacientes, podría evitar buena parte de las diabetes que hoy aparecen como efecto secundario silencioso de un tratamiento que salva vidas psiquiátricas pero deteriora cuerpos.
