Lizzie Borden, el hacha y el debut más frío de la saga Monstruo: qué dejó el estreno de la nueva antología de Netflix
La miniserie con Ella Beatty se ubica primera en 60 países, pero arranca con la marca más baja de visualizaciones entre las cuatro entregas de Ryan Murphy e Ian Brennan. Radiografía de una historia basada en hechos reales que divide a la crítica.
Hay una imagen que la serie propone casi como una promesa: una casa cerrada, una mañana calurosa en Fall River y el silencio espeso que suele rodear a los casos que nadie quiere explicar del todo. Esa puerta, esa luz filtrada por las cortinas y ese olor a madera vieja son el punto de partida de Monstruo: La historia de Lizzie Borden, la nueva entrega de la antología que Netflix y Ryan Murphy vienen construyendo desde hace varios años y que esta vez vuelve a poner a una mujer en el centro de la escena, aunque el morbo colectivo siga arrastrándose como desde el siglo XIX.
La protagonista es Ella Beatty, que toma el relevo de Evan Peters, de Cooper Koch y de Charlie Hunnam para ponerse en la piel de Lizzie Borden, la mujer estadounidense sospechada de asesinar a su padre y a su madrastra con un hacha a fines del verano de 1892. La propuesta se cuenta en ocho episodios y se apoya, como las demás entregas de la franquicia, en una estructura de miniserie: arco cerrado, caso puntual y un trabajo actoral que carga con el peso de convertir un expediente judicial en relato popular.
Una saga que ya tiene historia propia
Antes de esta Lizzie hubo un Jeffrey Dahmer que sacudió a la plataforma en 2022 y abrió un camino que la propia Netflix no esperaba. Aquel debut fue un terremoto: 22 millones de visualizaciones en su primera ventana y un debate cultural que se extendió durante meses. Después llegaron los hermanos Menéndez en 2024, con 12,3 millones, y Ed Gein, con 12,2 millones, dos entregas que consolidaron la fórmula pero que ya no generaron el mismo terremoto inicial. La saga dejó de ser una sorpresa y empezó a ser una costumbre, y eso, para cualquier producto serial, cambia las reglas del juego.
Estreno con números chicos pero mapa grande
El debut de Monstruo: La historia de Lizzie Borden reunió 12,1 millones de visualizaciones en su primera ventana, según los datos que la propia Netflix difunde en sus reportes de audiencia. Es, como se ve en la lista de arriba, la cifra de estreno más baja de las cuatro entregas de la antología, apenas por debajo de los 12,2 de Ed Gein y los 12,3 de los Menéndez, y muy lejos de los 22 millones que había conseguido Dahmer en su momento. La diferencia con las dos anteriores es marginal, pero el símbolo es claro: la franquicia ya no logra esos picos explosivos de sus primeros pasos.
Ahora bien, esos 12,1 millones no se reparten de manera uniforme. La serie se ubicó primera en 60 países durante su semana de estreno, un dato que habla de un fenómeno global más que de un éxito local y que, para una producción que combina drama de época, true crime y reconstrucción histórica, tiene su mérito. La paradoja es simpática: nunca fue tan vista en tantos lugares a la vez y, al mismo tiempo, nunca fue tan poco vista en relación con sus entregas anteriores. Las dos cosas son ciertas y conviven sin pelearse.
La crítica, del otro lado del mostrador
Si las visualizaciones cuentan una historia, la crítica cuenta otra. En Rotten Tomatoes la miniserie reúne apenas un 42% de valoraciones positivas, un número que la deja como la segunda entrega peor recibida de la saga, solo por delante, si cabe, de lo que cosechó Ed Gein en ese mismo aggregator. Ese 42% funciona como un termómetro del descreimiento: la historia de Lizzie Borden ya fue contada muchas veces, el true crime está saturado y a esta altura resulta muy difícil ofrecer un ángulo que justifique otras ocho horas de autopsia emocional sobre un caso cerrado.
Dicho esto, me animo a confesar algo: más allá de los números, la propuesta sigue teniendo algo que me atrapa como espectador. La saga Monstruo se sostiene por una voluntad clínica de mirar casos donde la monstruosidad no es solo del asesino, sino también de la época que lo fabricó, y esta Lizzie Borden, con su fama de loca del hacha y su condición de mujer sospechada en una sociedad que ya la había condenado antes del veredicto, encaja perfecto en esa idea. Habrá que ver si el correr de las semanas la empuja hacia arriba o si termina siendo, como parece, el debut más frío de una franquicia que ya empezó a mostrar sus límites.
Ficha rápida para decidir qué ver
Si te gusta el true crime con reconstrucción de época, esta entrega puede funcionar como una buena compañía de verano: arranca con suspenso, tiene una protagonista con peso propio y se ve en una o dos tardes. Si en cambio buscás el impacto cultural de la primera Dahmer, probablemente la encuentres tibia. Y a vos, lector, te dejo la pregunta que ya nos ronda desde el arranque: cuando elegís una serie basada en hechos reales, qué pesa más, los números de audiencia o la opinión de la crítica.
