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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Lipnicki se corre del nene de Jerry Maguire: ahora es el villano que nadie quiere ver en Primetime, la película incómoda de Oppenheim

El actor que todos recordamos como el chico de Tom Cruise y Stuart Little se animó a un personaje durísimo en el debut ficcional del documentalista Lance Oppenheim. Robert Pattinson le pone la cara al periodista Chris Hansen y la película, ovacionada en Venecia, vuelve a abrir un debate incómodo sobre los operativos televisivos con pedófilos.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 14 d
Lipnicki se corre del nene de Jerry Maguire: ahora es el villano que nadie quiere ver en Primetime, la película incómoda de Oppenheim

Me acuerdo perfecto de la cara de ese nene. Lo vi en el cine cuando todavía iba al primario con mi vieja, sentado en una butaca de la calle Corrientes mientras Tom Cruise le enseñaba a decir cosas que un chico de seis años no debería tener que aprender. Después vino el ratoncito blanco, la secuela del ratoncito blanco y, de golpe, Jonathan Lipnicki desapareció del mapa grande de Hollywood. Hasta ahora. Porque el mismo pibe que nos hacía lagrimear con sus frases en Jerry Maguire hoy se para frente a la cámara, se saca la ropa y se convierte en uno de esos hombres que el periodista Chris Hansen dejaba en ridículo en vivo, ante millones de televidentes.

El contexto no es menor: la película se llama Primetime y se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, donde arrancó con una ovación de siete minutos. Es el primer largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un documentalista que hasta acá se había especializado en mirar a la sociedad de cerca, con lupa y sin anestesia. Esta vez eligió como materia prima los operativos televisivos donde supuestos menores -en realidad adultos que actuaban como carnada- eran contactados por internet y, cuando el sospechoso llegaba a la cita, se encontraba con el conductor, las cámaras y, muchas veces, la policía.

Un personaje para sacudirse la imagen de nene bueno

Lipnicki tiene hoy 35 años y un currícul adulto bastante magro en las salas: hasta la llegada de Primetime, solo dos películas con él como protagonista habían pisado los cines. Por eso, cuando le preguntaron por qué aceptó un papel así, la respuesta fue casi una confesión: Había rezado por un material oscuro, dijo, como quien reconoce que llevaba años esperando una oportunidad para dejar de ser el chico simpático de los noventa. La cita la rescato porque pinta a la perfección lo que se intuye detrás de la elección: un actor que sintió que el sistema le había encasillado la cara y que estaba dispuesto a pagar el precio de incomodar para salir de ese molde.

Y el precio fue alto. La película incluye una escena de desnudo frontal del actor, y él mismo reconoció que la experiencia lo asustó. No porque fuera la primera vez: ya lo había hecho en la obra teatral Lost Girls. Lo que cambió, según sus propias palabras, fue el contexto. No es lo mismo mostrar el cuerpo en un escenario neoyorquino, donde el público paga una entrada y sabe lo que va a ver, que hacerlo en un rodaje donde el personaje tiene la carga moral que tiene. Acá no se trata de un amante despechado ni de un militante de la causa naturista: se trata de alguien que sepresentedaba en una cita con un menor, y eso tiñe cada decisión del cuerpo en cuadro.

Un debate viejo, una película nueva

  • Los operativos originales combinaban investigación periodística, interrogatorios al aire y llegada de la policía en el momento justo.
  • Los señuelos eran adultos que se hacían pasar por menores y que habían dado su consentimiento para participar del formato.
  • Esos procedimientos reabrieron, cada vez que se conocieron, el debate sobre los límites entre conseguir rating, hacer periodismo y exponer a personas en cámara.
  • Primetime retoma esa discusión sin proponer respuestas fáciles y elige como escenario el detrás de escena de una producción como las que emitió la cadena NBC.

Pattinson como Hansen: un casting que ya llama la atención

Hay algo muy provocador en ver a Robert Pattinson, la cara más famosa del cine fantástico de los últimos veinte años, metido en la piel de un periodista que se hizo famoso por destruir a hombres en vivo. Es un paso enorme en términos de imagen, y forma parte de la misma jugada que hizo Oppenheim al convocar a Lipnicki: cruzar estrellas con material incómodo, obligar al espectador a mirar dos veces. Porque uno no espera ver a Edward Cullen investigando depredadores en una pantalla dividida, ni al nene de Stuart Little entrando a un chat con una identidad falsa. Y justamente de eso se aprovecha la película, de la incomodidad.

Personalmente, creo que el gran acierto de Primetime es no caer ni en la denuncia panfletaria ni en el morbo gratuito. Oppenheim viene del documental y se nota: la cámara está puesta donde tiene que estar, el ritmo deja respirar a los silencios y los planos largos hacen el resto. No es una película que te haga sentir bien, y tampoco creo que sea esa su intención. Es una película que te deja pensando en cómo miramos a los monstruos cuando la televisión los pone en un living y, sobre todo, en qué dice de nosotros que no podamos dejar de mirar.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

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