La presión que no avisa: por qué medirse es el primer paso para cuidar el corazón
Más de un tercio de los adultos argentinos convive con hipertensión sin saberlo. Los controles periódicos, la alimentación y el movimiento cotidiano aparecen como las herramientas más concretas para detectarla a tiempo y mantenerla a raya.
Son las nueve de la mañana y en el consultorio de María Luján, en el barrio de Caballito, la enfermera ya tiene listo el tensiómetro. Los primeros pacientes se acomodan en la silla, estiran el brazo y esperan en silencio los números que aparecerán en la pantalla. Para varios de ellos, es la primera vez en años que se toman la presión. La escena se repite, con distintos rostros, en centros de salud y consultorios privados de todo el país, y resume una deuda pendiente: la de controlar un indicador que suele pasar inadvertido hasta que el cuerpo da señales serias.
Medirse la presión de manera periódica permite conocer un dato de salud que no siempre se refleja en cómo se siente una persona. La hipertensión puede desarrollarse sin molestias evidentes en sus primeras etapas, por lo que esperar a que aparezca algún síntoma deja abierta la posibilidad de que el problema avance sin ser detectado. Como señala María Luján mientras guarda el aparato: «La gente se acuerda de la presión cuando le duele la nuca o cuando se marea, pero para entonces el cuadro ya viene instalándose hace rato».
Un estudio rápido, un dato clave
La medición es un procedimiento sencillo, no produce dolor y demanda poco tiempo. Su utilidad está en identificar la presión elevada antes de que se manifiesten complicaciones, ya que la ausencia de malestar no permite saber si los valores están bajo control. Por eso, conocer los números requiere un acto tan concreto como sentarse y dejarse medir.
- Reducir la cantidad de sal que se consume a diario.
- Sostener una alimentación equilibrada, con predominio de frutas, verduras y legumbres.
- Hacer actividad física de manera regular, incluso caminatas de treinta minutos.
- Atender el estrés crónico con espacios de descanso y buen dormir.
- Concurrir a controles médicos periódicos, aunque uno se sienta bien.
El alcance del problema en la Argentina queda plasmado en el Registro Nacional de Hipertensión Arterial: el 36,3 por ciento de los adultos mayores de 18 años vive con esta condición, es decir, cerca de 12 millones de personas. De ese total, casi cuatro de cada diez desconocen su diagnóstico, lo que convierte a la hipertensión en una enfermedad silenciosa y masiva al mismo tiempo.
La dificultad no termina cuando se detecta. Entre quienes ya reciben tratamiento, apenas alrededor del 44 por ciento mantiene sus valores controlados, un porcentaje que muestra la distancia entre saber que se tiene hipertensión y lograr sostenerla dentro de los rangos recomendados. La Organización Mundial de la Salud, en su segundo informe mundial sobre hipertensión arterial publicado en 2025, advirtió que 1.400 millones de adultos en el mundo conviven con presión elevada y que solo uno de cada cinco la tiene controlada.
Con el paso del tiempo, la hipertensión puede deteriorar las arterias y afectar órganos vitales, con consecuencias como infartos y accidentes cerebrovasculares, dos de los eventos más temidos y más frecuentes en los adultos mayores. Por eso los controles periódicos forman parte de la prevención: reconocer una condición que puede avanzar sin señales claras es la manera de evitar que se transforme en una urgencia.
Ya cerca del mediodía, María Luján cierra el consultorio con la misma tranquilidad con la que lo abrió. Afuera, el sol de la ciudad entra de lleno por la vereda y una brisa tibia mueve las hojas de los jacarandíes de la esquina. La rutina volverá mañana, con nuevos pacientes y la misma pregunta de siempre: «¿Cuándo fue la última vez que se tomó la presión?». La respuesta, en miles de hogares argentinos, sigue siendo la cuenta pendiente.
