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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La pileta como consultorio: cómo trabaja la hidroterapia y en qué casos se receta

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 2 h
La pileta como consultorio: cómo trabaja la hidroterapia y en qué casos se receta

Son las diez de la mañana en un centro de rehabilitación del oeste del conurbano bonaerense y el sol entra tímido por los ventanales altos. En la pileta, el agua se mueve apenas, a unos treinta grados, y una fisioterapeuta le marca el ritmo a Patricia, una paciente de Recoleta que se opera la rodilla en dos semanas. Patricia no sabe nadar y, sin embargo, avanza en el agua con una soltura que jamás encontró en el consultorio tradicional. Lo que ocurre ahí adentro tiene nombre y apellido: terapia acuática, una modalidad que gana terreno como complemento de la rehabilitación clásica.

Por qué el agua cambia la forma de rehabilitar

La terapia acuática se desarrolla en piletas de poca profundidad, siempre bajo la supervisión de un profesional -puede ser un fisioterapeuta o un terapeuta ocupacional-, y parte de una evaluación individual antes de proponer cualquier ejercicio. No hace falta saber nadar, porque las sesiones se diseñan a medida y se adaptan al estado clínico, la condición física y los objetivos de cada paciente. La clave está en cuatro propiedades del agua que modifican el modo en que el cuerpo ejecuta el movimiento: la flotabilidad, la resistencia, la presión hidrostática y la temperatura.

La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. Por eso, ejercicios que en tierra duelen o resultan imposibles se vuelven accesibles en la pileta. La resistencia del agua, en tanto, trabaja la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas: ofrece hasta setecientas veces más resistencia que el aire, según repiten los manuales de la especialidad. A eso se suma la presión hidrostática, que puede ayudar a disminuir la hinchazón de los tejidos blandos, y el agua tibia, que favorece la relajación muscular.

“Es fisioterapia con el aporte de la ingravidez. En la pileta se puede fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de pasar a los ejercicios en tierra.”Jenea Smith, fisioterapeuta de la Universidad de Missouri

Para qué cuadros de salud se indica

El listado de indicaciones es amplio y siempre se evalúa caso por caso. En líneas generales, los profesionales la recomiendan como complemento del tratamiento médico en situaciones que van desde lesiones deportivas hasta procesos neurodegenerativos.

  • Lesiones articulares de rodilla, cadera, hombro, tobillo, cuello y zona lumbar.
  • Dolor crónico y procesos inflamatorios, como artritis y osteoartritis.
  • Recuperación previa y posterior a cirugías ortopédicas, especialmente de rodilla y cadera.
  • Patologías de la columna, como hernias de disco y estenosis espinal.
  • Fibromialgia y otros cuadros de dolor generalizado.
  • Condiciones neurológicas: Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular (ACQ), donde el sostén del agua permite trabajar coordinación y marcha con menor riesgo de caídas.

En el consultorio, la sesión puede combinar ejercicios de movilidad articular, trabajo de piernas y brazos, práctica de equilibrio y marcha dentro del agua. Los programas suelen organizarse en ciclos cortos, de dos a ocho encuentros, con el objetivo de que el paciente gane confianza, reduzca el dolor y avance luego hacia una rehabilitación convencional en tierra.

Afuera, el sol ya calentó la vereda y Patricia se seca tranquila antes de volver a su casa en Recoleta. Dice que la pileta, más que un gimnasio, se le volvió una aliada: un lugar donde el cuerpo, liberado del peso de la gravedad, empieza a recordar cómo moverse sin que cada paso sea una prueba.

TG

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