La mora de los hogares duplica el promedio del sistema y las tasas personales no aflojan
La irregularidad de la cartera de familias llegó al 12,8% en junio, muy por encima del 7,6% general. El crédito corporativo se abarató, pero el personal conserva casi tres cuartos del pico de 2025. Los bancos multiplican refinanciaciones para ordenar la deuda.
La mora de las familias argentinas se sostiene en niveles elevados y se separa con claridad del promedio del sistema financiero. De acuerdo con datos del Banco Central, el índice de irregularidad entre los hogares alcanzó el 12,8% de la cartera de préstamos al sector privado en junio, más del doble del 7,6% que registró el conjunto de los créditos (Banco Central de la República Argentina). En términos simples, casi uno de cada ocho pesos prestados a una familia está hoy en situación irregular.
Vamos a los números: ese 7,6% general marcó una ligera baja respecto del 7,7% de mayo y cortó una racha alcista que llevaba diecinueve meses consecutivos, una señal de pausa que, no obstante, deja la mora todavía alta. La foto por sector, en cambio, muestra una brecha persistente: la cartera corporativa mejora más rápido que la de las personas, y la diferencia se explica, sobre todo, por el comportamiento de las tasas de interés.
Empresas abaratan, personas no
El costo del dinero no se movió igual para todos. Según el material analizado, las tasas de interés aplicables a empresas cayeron a aproximadamente una quinta parte del nivel registrado en el pico de incertidumbre, mientras que las tasas para préstamos personales se mantienen en torno a las tres cuartas partes de aquel máximo de 2025. El crédito corporativo se abarató de manera significativa en los últimos meses; el crédito al consumo, en cambio, no acompañó esa dinámica. Para el lector de 40 a 60 años que toma un personal para pagar el arreglo del auto o refinanciar la tarjeta, la traducción es concreta: la cuota sigue pesando.
A esa rigidez se suma la carga impositiva. De acuerdo con datos del Banco Central, los impuestos y tasas —provinciales, municipales e IVA— representan cerca del 25% del costo financiero total promedio de un crédito. Es decir, una cuarta parte de lo que paga un deudor no es interés puro, sino presión fiscal que encarece el acceso al dinero y dificulta regularizar deudas ya contraídas.
Refinanciaciones, la salida de los bancos
- Extensión de plazos para reducir el monto mensual que paga el deudor.
- En algunos casos, oferta de tasas más bajas como anzuelo para volver a regularizar la situación.
- Descarto, desde el Banco Central, de asistencia externa al sistema y de cambios en las reglas de clasificación de deudores.
La estrategia de las entidades es clara: prefieren estirar los plazos y, cuando conviene, bajar la tasa nominal para que las familias vuelvan a cumplir con sus cuotas antes que ejecutar garantías ocastigar la cartera. El Central señaló que la refinanciación es el camino más efectivo para reducir la mora, una definición técnica que, traducida, significa que el sistema prefiere re perfilar antes que depurar.
Para el deudor individual, el cuadro sigue siendo ajustado: las cuotas absorben una porción relevante del ingreso mensual y cualquier imprevisto —un problema de salud, una reparación inesperada, una caída de ventas si es autónomo—puede empujarlo a la mora. Frente a ese riesgo, la herramienta más concreta que ofrecen hoy los bancos es la refinanciación, aunque llega con un costo financiero total que, según el Banco Central, sigue incorporando cerca de 25% de impuestos y tasas.
El dato a mirar el mes que viene es la mora de familias de julio. Si la dinámica de refinanciaciones logra mover el indicador desde el 12,8% actual, podría empezar a cerrarse la brecha con la cartera corporativa. Si, en cambio, las tasas personales no bajan y la presión fiscal sobre el costo financiero total se mantiene, la irregularidad entre hogares tiene espacio para seguir sosteniéndose en niveles altos, aun cuando el promedio general muestre mejoras graduales.
