La huerta de casa se defiende con lo que hay en la alacena: recetas del INTA para un jardín sin químicos
Con la primavera, los hongos avanzan; con el verano, los insectos. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria difunde preparados caseros a base de ortiga, ajo, cáscaras de naranja y cebolla para mantener a raya las plagas sin recurrir a agroquímicos. Una guía paso a paso, con las proporciones exactas y los cuidados a tener en cuenta antes de pulverizar.
El sol de las once de la mañana entra de lleno por el ventanal del comedor y cae, generoso, sobre las macetas del patio. Ahí, en esa franja de luz que en septiembre ya empieza a sentirse tibia, es donde empieza esta historia: la de los tomates cherry que María Eugenia, desde su casa de Villa del Parque, mira con una mezcla de orgullo y de zozobra, porque sabe que con los primeros calores aparecerán, como cada año, los pulgones, las mosquitas blancas y ese manto blancuzco de los hongos que le arruina las hojas del calabacín. "El año pasado probé con un producto de la agronomía y me fue bien, pero este año quiero intentar algo más casero, algo que no me haga preocupar por los chicos que juegan en el pasto", me cuenta mientras acomoda, con la paciencia de quien le habla a sus plantas, un tutor de caña.
La primavera abre las compuertas de dos clases de problemas en cualquier jardín o huerta familiar. Por un lado, los hongos, que se disparan cuando el calor y la humedad se dan la mano, una combinación típica de los meses templados. Por el otro, ya entrado el verano, el ambiente se vuelve más seco y favorece a insectos y ácaros, que además encuentran en los frutos una mesa servida para alimentarse y multiplicarse.
Tres reglas básicas antes de empezar
Antes de mezclar el primer preparado, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) recuerda tres puntos que parecen menores pero marcan la diferencia. Primero, los recipientes tienen que ser de plástico, vidrio o cerámica: los metálicos pueden liberar elementos tóxicos para la planta. Segundo, los macerados se preparan en un lugar ventilado y sin luz solar directa, porque el sol directo arruina la fermentación. Tercero, siempre hay que colar bien el líquido antes de cargarlo en el rociador, porque un resto de hoja o de cáscara tapará la boquilla a la primera de cambios.
Las recetas que recomienda el INTA
- Purín fermentado de ortiga: un kilo de ortiga fresca, o entre 100 y 200 gramos si está seca, en diez litros de agua. Se deja fermentar a la sombra entre 7 y 12 días, revolviendo a diario hasta que desaparezcan las burbujas. Antes de aplicarlo, se diluye en la misma cantidad de agua. Controla pulgones y hongos y, como efecto extra, aporta nutrientes al suelo. Conviene manipular la ortiga con guantes.
- Macerado concentrado de ajo con alcohol: una cabeza entera de ajo licuada, medio litro de agua y medio litro de alcohol. Se deja siete días en la heladera, se filtra y, al momento de usar, se diluyen 100 mililitros por litro de agua, con un poco de jabón blanco neutro como adherente para que la mezcla se pegue a la hoja. Actúa contra ácaros, pulgones, mosca blanca, orugas y hongos.
- Cáscara de naranja: se hierve la cáscara de una naranja en medio litro de agua durante diez minutos. Una vez fría, se cuela y se pulveriza sobre las plantas afectadas por pulgones y cochinillas.
- Cebolla en reposo: dos o tres cebollas medianas se dejan en agua hirviente hasta 48 horas. El líquido, colado, sirve para pulverizar contra pulgones y hongos.
- Infusión de ruda y salvia: en proporciones iguales, se prepara como un té común. No necesita fermentación y se aplica directamente para controlar pulgones.
En todos los casos, conviene aplicar los preparados a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando el sol no pega de lleno y las hojas no se queman. Y un dato que a veces se pasa por alto: estos preparados no vienen a reemplazar a los productos químicos cuando la plaga ya está avanzada. Funcionan, sobre todo, como prevención y en los primeros estadios del problema, cuando todavía se puede actuar antes de que el daño se vuelva significativo.
Vuelvo al patio de Villa del Parque, donde María Eugenia anota las proporciones en un cuaderno que ya tiene varias páginas manchadas de barro y de pulpa de tomate. "Me gusta la idea de usar lo que tengo en la cocina, lo que siempre tiré y resulta que servía", dice, mientras pela un ajo con la misma dedicación con la que minutos atrás acomodaba sus macetas. Del otro lado del ventanal, el sol de la primavera sigue entrando, y con él, la certeza de que la huerta de casa, otra vez, va a tener quien la defienda.
“Me gusta la idea de usar lo que tengo en la cocina, lo que siempre tiré y resulta que servía.”María Eugenia, vecina de Villa del Parque
