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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La esquina donde Mafalda sigue hablando: San Telmo abre su domingo en torno a la nena de Quino

Turistas y vecinos se concentran en Chile y Defensa para retratar a la escultura del personaje de Quino, en una recorrida que se cruza con la feria dominical y con artesanías que llevan su cara y, a veces, frases que el dibujante jamás firmó.

Por Teresa GordilloSociedad · · hace 13 d
La esquina donde Mafalda sigue hablando: San Telmo abre su domingo en torno a la nena de Quino

El sol cae sobre Defensa como si supiera que es domingo y hay que recibir a la gente que llega hasta San Telmo con una sola intención en la cabeza: sacarse una foto con Mafalda. En la esquina de Chile y Defensa, donde el empedrado se acomoda en una pequeña plaza, la estatua del personaje creado por Joaquín Salvador Lavado, Quino, sostiene su gesto característico de brazos cruzados y mirada de pocos amigos frente a un mundo que, en las páginas que el dibujante publicó entre 1964 y 1973, nunca le terminó de cerrar. Allí, en ese punto del Paseo de la Historieta, vecinos del barrio y turistas de paso se turnan para retratarse, mientras un empleado del local de enfrente, Jorge desde hace veinte años, mira la escena con la familiaridad de quien ya perdió la cuenta de cuántos flashes vio pasar frente a su vereda: "Viene gente de todos lados, inclusive de Brasil y de Europa; preguntan por Mafalda como si fuera una vecina más del barrio", cuenta mientras acomoda una bandeja de medialunas en el mostrador.

La jornada que se arma alrededor de la escultura tiene una dinámica propia, y conviene entenderla antes de lanzarse a la caminata. La esquina funciona como punto de referencia: es adonde se llega para conseguir la postal buscada y, después, desde donde se despliega el resto del paseo por la feria dominical. Sobre Defensa, los puestos ofrecen objetos con la imagen de Mafalda en distintos materiales y formatos. Hay cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas, entre otras piezas que acompañan el recorrido de turistas y vecinos que avanzan por la calle con la cámara todavía caliente.

La foto lleva su tiempo, y la fila es parte del domingo

Sacarse la foto junto a Mafalda no es una gestión automática: requiere paciencia. La escultura reúne a visitantes que esperan su turno para posar junto al personaje, por lo que conviene contemplar ese impasse al organizar la caminata. La fila forma parte del movimiento alrededor de la estatua, aunque no hay un tiempo de espera informado de manera oficial. En la práctica, alcanza con llegar con algo de holgura, sentarse un rato en el banco cercano y mirar la plaza mientras el viento mueve las hojas de los jacarandás antes de sumarse a la cola con la mejor predisposición.

El personaje se multiplica por el barrio

La presencia del personaje no termina en Chile y Defensa. Los comercios cercanos instalaron otras estatuas que completan el recorrido y le agregan sorpresas al paseo. Así, la caminata ofrece distintas ocasiones para encontrar la figura de Mafalda mientras se avanza por la zona, además de la parada principal ya mencionada, con un plus que muchos visitantes descubren sobre la marcha: el universo del autor se despliega también en esas esculturas que aparecen en veredas y zaguanes del barrio.

Al mirar los recuerdos que se ofrecen en los puestos, conviene prestar atención a lo que está escrito. Entre los productos oficiales circulan otros que le adjudican al personaje frases que Quino no escribió. Reconocer su cara en un objeto no significa que el mensaje provenga de las historietas originales. La recomendación, en criollo, es simple: si la frase suena demasiado citable o demasiado redonda, sospechar.

El elenco que fue creciendo alrededor de Mafalda

Ese encuentro callejero permite reencontrarse con una obra cuyo elenco fue creciendo con Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad. Para el dibujante Tute, uno de los rasgos distintivos del personaje es la complejidad de esas personalidades y la incorporación de los asuntos del mundo a las tiras. El autor, consultado en otras oportunidades sobre el legado de Quino, suele repetir que Mafalda no hablaba sola: discutía con una familia de chicos tan distintos entre sí como discutibles, casi los que cualquier lector reconoce en su propio entorno.

  • Punto de partida: la esquina de Chile y Defensa, donde está la escultura de Mafalda dentro del Paseo de la Historieta.
  • Fila para la foto: sin tiempo de espera oficial, conviene llegar con holgura y paciencia antes de sumarse.
  • Feria sobre Defensa: cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen del personaje.
  • Otras esculturas: varios comercios cercanos tienen figuras adicionales para sumar al recorrido.
  • Atención con las frases: hay objetos que le ponen a Mafalda textos que Quino no escribió en sus tiras.

Con la esquina como referencia y la feria como marco, la propuesta reúne fotografía, historieta y artesanías en un mismo recorrido por San Telmo. Antes de irse, con la cámara ya guardada y el sol todavía tibio sobre los adoquines, uno mira hacia atrás y vuelve a ver a Mafalda en su banco, con los brazos cruzados, como diciendo, otra vez, lo que dice desde hace más de medio siglo: que el mundo es un lugar serio, pero que se lo puede mirar con una sonrisa de pocos amigos.

TG

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