Saltar al contenido
Viernes, 16 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

La chica que saltaba a través del tiempo vuelve a Madrid y Barcelona para soplar veinte velitas en la pantalla grande

Mamoru Hosoda regresa a los Cines Verdi con su película más querida, en una sesión única que forma parte del ciclo Anime Day y que promete reencontrar a una generación entera con la chica que aprendía a madurar saltando de día en día.

Por Sofía AgüeroCultura y espectáculos · · hace 17 d
La chica que saltaba a través del tiempo vuelve a Madrid y Barcelona para soplar veinte velitas en la pantalla grande

Digan lo que digan, hay cines que huelen a pochoclo caliente y a butaca de pana, y hay otros que huelen a descubrimiento, a esa cosa eléctrica que se siente cuando las luces se apagan y uno sabe que va a ver algo distinto. A los Cines Verdi de Madrid y Barcelona les toca esto último, y por eso el viernes 2 de octubre de 2026, a las 22:30, van a abrir sus puertas para una sola función de La chica que saltaba a través del tiempo, la película animada de Mamoru Hosoda que este año cumple veinte años desde su estreno en Japón, allá por 2006.

La proyección, que llega de la mano de Selecta Visión, se enmarca dentro del Anime Day, el ciclo de animación japonesa que estas salas vienen desarrollando desde 2026 y que ya se convirtió en una cita ineludible para los amantes del género. La función será en idioma original con subtítulos, una decisión que a esta altura ya sabemos cómo valoran los fans, porque permite reencontrarse con las voces originales de los personajes y con esa musicalización que tantas veces tarareamos sin darnos cuenta. Las entradas ya están a la venta a través de la web de los cines, así que conviene no dormirse, porque una sesión única en pantalla grande, en estos tiempos que corren, tiene todos los boletos para colgarse el cartel de entradas agotadas.

Una historia que mezcla ciencia ficción con la edad más difícil de todas

Lo que vuelve a las salas no es cualquier cosa. La película, animada por el estudio Madhouse, toma como punto de partida una idea tan sencilla como devastadora: una chica de secundaria descubre que tiene la capacidad de retroceder en el tiempo y repetir cualquier momento de su vida cotidiana. Al principio, como cualquier adolescente que de golpe se encuentra con superpoderes, la protagonista los usa pararesolver pequeñas frustraciones del día a día, ese examen que salió mal, esa respuesta que se quedó atragantada, esa vergüenza que pesa como una mochila. La película juega con eso, con la fantasía de poder volver atrás y cambiar lo que nos duele.

Pero Hosoda, que es un director que sabe muy bien dónde pisar, no se queda en la superficie del juego. La película introduce un límite claro: los saltos temporales no son infinitos. Y ahí, cuando la protagonista se topa con esa pared, el relato pega un volantazo y empieza a hablar de otra cosa, de lo que realmente nos importa cuando somos jóvenes, que es cómo nuestras decisiones afectan a los demás. Los viajes en el tiempo dejan de ser un capricho y se convierten en una herramienta para ayudar a quienes la rodean, aunque eso la obligue a tomar decisiones cada vez más difíciles. Ahí es donde la historia se vuelve adulta, donde el romance, la amistad y la responsabilidad se cruzan en el mismo ring, y donde crecer duele de verdad.

Veinte años no es nada, sobre todo si los celebrás en pantalla grande

Lo cierto es que para quienes tuvimos la suerte de cruzarnos con esta película en algún momento de nuestras vidas, ya sea en un DVD prestado, en una madrugada de streaming o en una función de festival, reencontrarla en pantalla grande tiene algo de ceremonia, de cumpleaños emotivo al que no queremos faltar. Hosoda llegó a esta película después de años de trabajo en la industria, formándose en series tan queridas como Digimon, One Piece y Samurai Champloo, y se nota. La chica que saltaba a través del tiempo es, en muchos sentidos, la obra en la que el director consolida su voz propia, esa manera tan suya de mezclar la ciencia ficción más arriesgada con las emociones más cotidianas y reconocibles.

Personalmente, confieso que las películas que hablan sobre el tiempo y sobre lo que haríamos distinto si pudiéramos volver atrás siempre me dejaron pensando durante días. Esta tiene ese don, el de quedarse dando vueltas en la cabeza mucho después de que se apagaron las luces, con esa sensación agridulce que tienen los grandes relatos juveniles, esos que nos recuerdan que crecer es un proceso lleno de idas y vueltas, literalmente. Si están en Madrid o en Barcelona, yo no me lo pierdo, y si no, queda el consuelo de saber que el cine, cada tanto, todavía nos regala este tipo de reencuentros.

SA
Sofía AgüeroCultura y espectáculos

Te puede interesar