Ese estornudo del perro no es un resfrío: es pura felicidad, según un adiestrador canino
El especialista Tony Silvestre explica que, en la mayoría de los casos, el sonido es una vía de escape para la presión que se acumula en las vías respiratorias durante el juego o las caricias. Aun así, hay combinaciones de síntomas que sí merecen una visita al veterinario.
Lo veo cada vez que entro a lo de mi hermana en Villa del Parque: el perro de la familia, un mestizo grandote y torpe, se acerca moviendo la cola como si le fuera la vida en ello y, antes de apoyar las patas en mis piernas, suelta un estornudo corto, casi una risa comprimida. Durante años pensé que algo le hacía mal, que estaba engripado, que era cuestión de llevarlo al veterinario una vez por semana. Hasta que un adiestrador canino de nombre Tony Silvestre me ordenó, con una frase que ya se me quedó tatuada, dejar de entrar en pánico: "Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo", sostiene, y la cita se repite en cada taller que dicta y en cada entrevista que concede a los medios especializados.
La escena se repite en miles de hogares argentinos: el perro estornuda y el dueño ya está sacando turno con el veterinario, convencido de que un resfrío se le vino encima. Es una reacción comprensible, pero en la mayoría de los casos no hace falta. La explicación, según el propio Silvestre, es fisiológica y tiene más que ver con la emoción que con la salud. Durante los momentos de alta excitación, como el juego, las caricias o la expectativa de salir a pasear, el organismo del perro acumula presión en las vías respiratorias, y el estornudo aparece como una vía de escape natural para recuperar una respiración cómoda. Lo resume con humor: "Si no estornuda, significa que no te quiere".
Cómo distinguir un estornudo de alegría de un problema de salud
Para confirmar que ese estornudo que suena a resfrío es en realidad pura comunicación emocional, conviene mirar al perro entero y no quedarse en el sonido. La mirada tranquila, la cola moviéndose sin rigidez, las orejas en posición natural y una postura relajada son señales de que todo está bien y de que lo único que pasa es que el animal está disfrutando. La medicina veterinaria coincide en marcar esa frontera, y recuerda que también pueden aparecer estornudos por causas externas menores, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de nadar o de beber apurado. El problema aparece cuando los estornudos se vuelven frecuentes y se combinan con otros síntomas, como falta de apetito, decaimiento, fatiga o respiración agitada en reposo. En esos casos, la consulta profesional no es opcional ni se discute.
- Mirada tranquila, cola suelta y orejas en posición natural: indicadores de bienestar general.
- Postura relajada, panza expuesta o interacción calma con otros perros: señales de confianza.
- Estornudos puntuales durante el juego, las caricias o la salida a pasear: usualmente emocionales.
- Estornudos repetidos sin vínculo con la emoción, sumados a falta de apetito, decaimiento o fatiga: motivo de consulta veterinaria.
El criterio práctico que propone el adiestrador es bastante sencillo de aplicar y puede sacarle un peso de encima a más de un dueño ansioso: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de actividad, y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, no hay motivo de alarma y alcanza con disfrutar la escena. Si en cambio surge de forma repetida, sin relación con el juego ni con la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento o en el apetito, conviene consultar. Conocer el lenguaje corporal del perro, dicen los especialistas, no solo evita diagnósticos erróneos sino que también mejora la convivencia diaria y vuelve más feliz al animal. Esa tarde en lo de mi hermana, cada vez que el mestizo grandote estornuda antes de apoyar las patas en mis piernas, entiendo mejor lo que quiere decirme: que me reconoce, que está feliz de verme y que, mientras no aparezcan los otros síntomas, lo único sano que tengo que hacer es devolverle la caricia.
